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El lenguaje corporal de los gatos
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El lenguaje corporal de los gatos

Texto: Patricia Lozano

Quien posee un gato sabe que, con un mínimo de paciencia y algo de observación, puede llegar a comprender a un animal al que los adjetivos de solitario, egoísta y poco comunicativo no le hacen justicia.

Aunque sólo sea por supervivencia, la vida con el hombre ha obligado a estos felinos a desarrollar un lenguaje basado fundamentalmente en la comunicación posturo-verbal y, si bien es verdad que los humanos anteponemos la expresión verbal, con un poco de interés es posible llegar a entenderlos, a estar más cerca de ellos e incluso a poder identificar con antelación cualquier problema.

Al margen de los sonidos que todos conocemos, los gatos se comunican con nosotros por medio de un lenguaje corporal altamente desarrollado. En su modo de actuar influyen las particularidades genéticas pero también la forma en la que hayan sido educados. No podemos esperar el mismo comportamiento de un animal que ha recibido cariño y calor por parte de su dueño que de otro que no ha tenido las atenciones necesarias. Además, no hay dos gatos iguales y cada uno desarrollará su propia personalidad y su propio lenguaje con su amo dependiendo de la compenetración que exista entre los dos. Sin embargo, hay algunos indicadores que pueden sernos de gran ayuda. La postura, la colocación de las orejas, el movimiento de la cola, la posición de los bigotes y la forma de las pupilas nos dan mucha información sobre lo que está sintiendo un gato.

Incluso a la hora de elegir a nuestra nueva mascota, el lenguaje corporal de los recién nacidos puede sernos de gran utilidad. El cachorro más deprimido de la camada seguramente enternecerá a cualquiera, pero su elección podría ocasionar el tener que cuidar de un animal con problemas de salud o de comportamiento. Por su parte, el individuo que se muestre más agresivo tendrá un carácter inestable al llegar a la edad adulta. Y, mientras que los tímidos y miedosos necesitarán más tiempo para ser domesticados, aquellos que se aproximan a las personas sin miedo y se dejan acariciar no mostrarán excesivos problemas de adaptación. El gatito sano es juguetón, vigoroso y regordete. Una vez en su nueva casa, el dueño es el responsable de reconducir el comportamiento instintivo del animal por medio de determinadas señales que tendrán un significado específico entre ellos.

Durante la época de celo los gatos también se comunican. Las hembras, además de emitir unos característicos maullidos, buscarán las caricias sin cesar y mientras algunas se conforman con restregarse la espalda otras son presa de un auténtico delirio pudiendo llegar incluso a olvidarse de su limpieza. Los machos que viven en un piso aprovecharán cualquier oportunidad para escaparse y depositarán por todas partes una orina de olor acre y perdurable. Si no encuentran a una hembra no dudarán en perseguir a otros machos y, cuando consiguen dar con ella, pueden llegar a enzarzarse en sangrientos combates por conseguir su favor hasta el punto de tratar de castrar a sus rivales a dentelladas.

Durante el embarazo, si estamos atentos, podremos saber cuándo se va a producir el parto pues en la última semana de gestación la gata da muestras de nerviosismo y ronda por toda la casa buscando un nido.

Un día antes de dar a luz la hembra acudirá varias veces a su nido, se mostrará inquieta y puede que agresiva sin dejar que la toquen, pero en el mismo momento del parto su comportamiento es muy discreto y en muchas ocasiones se produce sin que el dueño llegue a enterarse.

SUTIL PERO EXPRESIVO

Los gatos nos hablan con todo su cuerpo aunque la cara y la cola son las partes más expresivas.

Es muy fácil reconocer a un gato contento pues estará completamente relajado y con los ojos entreabiertos.

El animal que se encuentra a gusto se estira y extiende despacio sus garras para luego recogerlas. El gesto de masajear con sus patas es otra señal de que está satisfecho, un hábito que se remonta a los primeros días de su alimentación en los que debía presionar las mamas de su madre para estimular el flujo de leche. También es sencillo saber cuándo un gato se presenta agresivo. En este caso existen distintas señales en función de sus intenciones.

Puede echarse sobre el lomo y mostrar sus colmillos y garras a modo de aviso o bien adoptar la característica postura de medio lado con el pelaje erizado cuando entiende que hay un intruso en su territorio. Si está asustado o se prepara para atacar podremos ver la típica forma de herradura, con el lomo arqueado y la cara levantada, además del pelo tieso. Sin embargo, durante la caza sigilosa en el momento en que prepara su asalto a la presa tendrá los músculos tensos y balanceará su cola manteniéndola pegada al cuerpo. Por su parte, un gato sumiso se acurrucará con el pelaje liso y mantendrá la cola, cuya punta puede balancearse golpeando el suelo, pegada al cuerpo.

La postura de la cabeza también indica varias cosas. Los gatos confiados suben la cabeza para mostrarse valientes pero los que no tienen suficiente confianza con una persona o son sumisos, la agacharán. Si ofrecen su cabeza es para que se les acaricie pero también es un intento de marcar con su olor. Al frotarse contra alguien, el gato trata de conocer el temperamento de esa persona y de saber si es amistosa o no pero cuando lo hace con su cuerpo o con los lados de la cara está señalando su territorio mientras que si se restriega con su frente o su nariz es una verdadera muestra de afecto.

ATENCIÓN A LAS OREJAS

La posición de las orejas, extremadamente móviles, es fundamental a la hora de analizar lo que siente un felino.

Con más de veinte músculos que las controlan, pueden girar 180 grados, moverse hacia arriba y hacia abajo, colocarse en punta o achatarse hacia los costados o hacia atrás. Un gato feliz tendrá sus orejas hacia arriba y en constante movimiento; las girará en la dirección de cada sonido que escucha. Los mininos asustados o a la defensiva aplanan sus orejas hacia el costado como signo de sumisión aunque los que están peleando también pueden mostrar este comportamiento para evitar heridas. Un gato enojado pondrá sus orejas hacia delante formando un ángulo. Los bigotes también son móviles y ayudan a determinar el estado de ánimo del felino. En un gato relajado estarán levemente hacia un lado mientras que cuando esté feliz o sienta curiosidad los tendrá extendidos. A medida que se muestre más interesado en algo se extienden hacia delante hasta superar el hocico. Si tiene miedo, está irritado o enfermo, los bigotes se echan hacia atrás a lo largo de sus mejillas. Cuando un gato nos mira fijamente con sus grandes ojos es para que sepamos que nos está observando pero cuando a ellos se les mira así pueden llegar a entenderlo como una agresión. Es curioso que, ante gente desconocida, el minino suele acercarse a quienes permanecen indiferentes y no a aquellos que les miran y les llaman. Los ojos medio cerrados indican que el animal está dispuesto a irse a dormir o que está disfrutando. Los ojos abiertos denotan que está contento o que siente curiosidad por algo. Unas pupilas contraídas son señal de tensión y agresión mientras que dilatadas expresan sorpresa, miedo o defensa. Sin embargo, la apertura de las pupilas depende de la luz por lo que no se puede interpretar el humor de esta mascota sólo por los ojos sino en combinación con el resto de indicadores de su cara. Así, observando los ojos, las orejas y los bigotes podremos saber si el gato está contento pues tendrá los ojos casi cerrados y las orejas hacia delante; cuando se muestre atento a su amo veremos los ojos muy abiertos y las orejas hacia delante; si está asustado mostrará las pupilas dilatadas y recogerá hacia atrás las orejas; al curiosear tendrá las pupilas dilatas y las orejas hacia delante; al irritarse echará hacia atrás las orejas, contraerá las pupilas y llevará los bigotes hacia delante, mientras que si quiere mostrarse agresivo dilatará las pupilas y abrirá bien la boca para enseñar los dientes.

LA COLA, EL MEJOR DICCIONARIO

La cola es también una gran transmisora de información pues su movimiento indica mucho de lo que siente su propietario. Puede agitarse de lado a lado, de arriba abajo, con gracia y majestuosidad, rápida o lentamente o como un látigo. Cuando un gato muestre su cola hacia arriba estará diciendo que se siente feliz y, por el contrario, cuanto más baja esté, más bajo será su estado de ánimo. Mucha atención si el minino agita su cola de lado a lado pues es su forma de demostrar enojo que será mayor cuanto más la mueva. Pero no todo movimiento es negativo: un gato sentado mirando algo y moviendo la cola lentamente es un gato concentrado mientras que un movimiento gentil de la punta denota placer en un animal relajado aunque también puede señalar anticipación en un felino que está a punto de caer sobre su presa. Una cola recta, vertical y rígida con la punta hacia un lado es también un signo de curiosidad o interés, algo ha captado la atención del gato. Rígida, vertical y con la punta también derecha denota intensa felicidad pero cuando la cola está rígida y la punta se mueve es que el gato está algo irritado. Un minino a la defensiva tendrá la cola arqueada e inflada. Por su parte, una cola sumisa se parece mucho a una enojada en su movimiento de un lado a otro pero se posicionará más baja.

Lo que es evidente es que el gato, como toda mascota, necesita que su dueño le dedique tiempo más aún si quiere llegar a conocerlo y a entenderse con él. Los mininos reclaman cariño y lo dan si lo reciben aunque es fundamental respetar su personalidad y, para ello, nada mejor que entender su interesante y complejo lenguaje, todo un reto para quien se inicie en el cuidado de estos animales.

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