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El gato común

El gato común

Texto: Nati Sierra

El gato doméstico proviene del gato montés africano llamado Felix libyca, aunque muchos de nuestros especialistas en gatos creen que se han incluido algunos genes del gato de la jungla africano, el Felix chaux. La mezcla de aquel felino con el gato montés europeo Felix silvestre nos daría lugar a lo que hoy conocemos como el Gato Común Europeo. Por su parte, los conquistadores llevarían al Nuevo Continente a este felino que daría como resultado al americano de pelo corto.

Orígenes prehistóricos
Acercarse a los orígenes de esta raza es ahondar en algo conocido a lo que lleva sin añadirse información alguna durante bastante tiempo. Según la bibliografía consultada, los orígenes de esta raza se remontan a más de 140 millones de años, cuando aparecen en nuestro planeta los primeros mamíferos en la era mesozoica en el período llamado Triásico.

Una de las teorías de la evolución nos sugiere que las especies zoológicas que sobreviven se han transformado gradualmente en nuestro planeta. La vida empezó en el mar para luego pasar a la tierra. Entre los animales vertebrados se originaron los peces y los anfibios, hoy representados por las ranas, los sapos y las salamandras. Éstos compartían el planeta con los dinosaurios, que eran grandes depredadores de estos pequeños animales, esta es la razón por la que estos mamíferos fueron los primeros en desarrollar su actividad nocturna para así poder sobrevivir a estos grandes depredadores. La evolución de estos seres comienza a aparecer en diversas líneas. La que más nos interesa es la representada por el creodonto, un animal carnívoro de muy baja estatura, patas con los dedos separados y cerebro muy pequeño. Sus dientes eran distintos a los de los carnívoros actuales y sus oídos carecían de audición, al contrario que los carnívoros actuales, que poseen una gran capacidad auditiva. Los cráneos de los últimos creodontos, antes de su extinción, tenían una longitud de 30 centímetros; aquellos que aparecieron en los primeros tiempos sólo llegaban a los diez centímetros. De esta forma vemos cómo va evolucionando este mamífero carnívoro, tronco de donde evolucionaron los gatos y los perros.

La domesticación del gato
Como antes mencionábamos, el gato doméstico proviene del gato Felis libyca, que es una especie de gato salvaje. Las teorías más extendidas nos aseguran que comenzaron su domesticación en el antiguo Egipto, aunque podrían haber sido domesticados en cualquier otro lugar, pero no existe vestigio. La prueba egipcia más antigua aunque no muy concluyente data de unos 2.500 años antes de Cristo, a partir de las pinturas e inscripciones que nos muestran una domesticación muy primitiva y muchas pruebas de que los egipcios convivían con gatos.

Muchos tiempos de gloria vivieron estos felinos en la afamada sociedad egipcia, pues nunca después el gato fue tan admirado y alabado a la vez. Llegaron incluso a elevarlo a la categoría de dios; en concreto, la diosa Bast estaba representada con la figura de un gato. A esta diosa también se la denominaba la Dama de la Verdad, ya que los egipcios consideraban que la mirada penetrante del gato le aportaba poderes para saber la verdad y ver el más allá. A su vez, Bast también era vista como la diosa del amor y de la luna. Obviamente, el gato estaba muy relacionado con ambos conceptos: con el amor debido a la fecundidad natural de estos animales y con la luna por su diversidad en la forma de las pupilas, que se creía que crecían y disminuían dependiendo de las fases lunares.

La diosa Bast, también llamada Pasht o Oubasted, primero tenía la cabeza de un león aunque finalmente sólo era representada con la de un gato; asimismo, en la mayoría de las figuras que hoy día encontramos permanece de pie, con la cabeza en una posición de alerta y portando un sistro en una mano y un cascabel en la otra. Ambos objetos nos indican que les servían para proteger a la camada de gatitos que estaban sentados a sus pies.

Egipto era una de las tierras de producción de grano más prósperas de nuestro mundo antiguo, por lo que construyó un gran número de graneros para poder almacenar todo el grano de sus muchas buenas cosechas de cara a los años venideros. La población de gatos desempeñaba un importante papel en aquella economía, máxime teniendo en cuenta que fueron los encargados de la caza de aves granívoras y de mantener limpios de roedores aquellos graneros.

El gato doméstico en la Edad Media
Sin embargo, la Edad Media europea, donde dominaban funestas supersticiones, fue una época crítica para los gatos. Su atribuida relación con las brujas —cuya existencia no se ponía en duda— y con ciertos ritos diabólicos les hizo ser perseguidos, maltratados, exterminados y sometidos a las más crueles torturas. A su vez, las persecuciones y el despotismo de las autoridades contra los seres humanos se extendió a sus gatos domésticos, máxime si éstos eran de color negro. Respecto a su relación con las brujas, se decía que era muy habitual que ellas tuviesen un gato negro como acompañante, pero también se aseguraba que ellas podían transformarse en un gato.

Un ejemplo del desprecio que se sentía por estos animales queda reflejado en el festival de San Juan, que tenía lugar en Inglaterra, Alemania y Francia en las plazas públicas, donde se tiraban al fuego sacos llenos de gatos vivos que morían abrasados brutalmente bajo las llamas. La población de gatos bajó tanto en toda Europa que se produjo un aumento muy considerable de ratas y ello fue la causa de resentirse los alimentos en los graneros y despensas así como de una gran plaga en Londres, la peste bubónica, enfermedad transmitida por los roedores. De este modo se tuvo que volver a respetar la vida de los gatos, únicos seres capaces de reducir esta plaga.

El gato doméstico en otras culturas
Con el paso del tiempo, la suerte del gato dio un nuevo giro y muy rápidamente se convirtió en una preciosa posesión. Éstos tenían colores y rasgos insólitos, y eran especialmente requeridos como mascotas. Fueron extendidos por todos los continentes y ello dio lugar a la aparición de las nuevas razas y variedades que hoy día conocemos.

La costumbre de tener gatos en las casas se extendió lentamente a los países del Oriente Medio. En uno de los documentos en sánscrito que data del año 1000 antes de Cristo se menciona a un gato como animal de compañía, y los cantares épicos hindúes fechados alrededor del año 500 antes de Cristo Ramayana y Mahabharata contienen muchas historias sobre los gatos. Asimismo, en aquella época los hindúes adoraban a Sasti, diosa felina de la maternidad. Así, durante décadas el pueblo hindú tuvo que responsabilizarse de la alimentación de por lo menos un gato por familia.

Los gatos como animales de compañía se incorporaron en Japón desde China bajo el reinado del emperador Ichi-Jo, que vivió desde el año 986 hasta el año 1011 después de Cristo. De este emperador se decía que en el décimo día de la quinta luna, su gato de color blanco dio a luz a una camada de cinco gatitos, cuyos cuidados y alimentación fueron asignados a una niñera para cada uno. Numerosas leyendas e historias sobre gatos pervivieron y aún perviven en la literatura de los japoneses. Quizá una de las imágenes más evocadoras sea la del Manekineko, la figura del gato que escucha o hace señas, que aún en la actualidad podemos encontrar en forma de adornos y de muchos amuletos.

Características
Si pensamos en el aspecto de un gato, seguro que la mayoría pensamos en lo mismo, en un felino de tamaño pequeño y con una gran variedad de colores. Cada gato es, pues, distinto. Su estructura ósea puede seguir unas líneas generales, en cuanto a la figura o manera de moverse, pero el color de la capa les hace tener su personalidad propia. El Gato Común Europeo suele ser un gato robusto, de cuerpo fuerte y musculoso, patas cortas y pelo corto y denso. Su cabeza es ancha y redonda, la nariz corta y recta y sus ojos grandes y redondos. En los gatos comunes podemos encontrar muchísimos colores: bicolores, tricolores, sólidos, arlequines, atigrados, etc. Se acepta que el Gato Común Europeo suele vivir alrededor de unos quince años.

La cría y los trabajos domésticos le han ido convirtiendo con el paso del tiempo en un animal menos individualista y, además, por tener buen carácter hacia sus dueños, siglos de convivencia con el hombre le avalan. Esta raza aún conserva gran parte de sus antecesores, los gatos salvajes. Son animales listos, inteligentes, con un carácter muy astuto y observador, muy agradecidos y fuertes, resistentes a las enfermedades, juguetones y sociables. Poseen, además, una gran capacidad de adaptación a cualquier situación.

No sabemos a ciencia cierta qué es lo que hace tan deliciosa la presencia de un gato a nuestro alrededor. Según algunos se debe a su encanto y belleza, para otros se debe a su agradable y tranquilizadora compañía. En cualquier caso, estos animales poseen una gran personalidad y mantienen, sobre todo, su independencia.

Mientras que los gatos pertenecientes a una determinada raza suelen tener una línea uniforme en cuanto a su carácter y conducta, el carácter de los gatos comunes no está determinado; por ello, cada uno puede tener un carácter distinto, los hay miedosos y valientes, desconfiados y arrogantes, nerviosos y tranquilos...

Por este motivo a la hora de elegir un cachorro de una camada debemos tener en cuenta que cada uno de ellos puede desarrollar un carácter totalmente distinto, para distinguirlo debemos observarle, ya que un ejemplar puede ser muy nervioso de pequeño, pero aún más de adulto.

Sabemos muy poco acerca de la base genética de cualquier aspecto del comportamiento animal, pero se sugiere que la mutación domesticante impide el desarrollo de ciertos esquemas conductuales del gato adulto, de hecho el gato doméstico nunca es adulto del todo.

La cría selectiva de muchas generaciones ha producido en estos gatos gran variedad de aspectos, pero su tendencia para cazar sigue en buena parte intacta. Todos los gatos, tanto salvajes como domésticos, siguen una misma secuencia de movimientos a la hora de ponerse a cazar. El gato se acerca arrastrándose lo más posible a su presa en silencio y con su estómago casi tocando el suelo. Sus patas traseras intentan pisar sin hacer ningún ruido, su tronco oscila hacia los lados, la cabeza se mueve de un lado a otro para ayudarle a calcular la distancia con precisión. Es entonces cuando el gato se lanza hacia delante con sus patas delanteras para coger a su presa.

Ya hemos visto la gran variedad de colores presentes en el manto de los gatos, pero estudios hechos en lo que se refiere a los colores y dibujos de la capa de las poblaciones de los gatos domésticos demuestran que algunos de ellas son muy antiguos. Tal es el caso del negro, el azul y el rojo. La causa de que estos colores hayan sido conservados por el hombre, así como la incorporación de otros muchos puede ser nuestra predilección por rasgos novedosos en nuestros animales de compañía.

Está demostrado que los colores más frecuentes en la población de los gatos domésticos son los atigrados, manchados y el gato negro. El color de los gatos atigrados constituye el tipo básico del gato montés, de donde han evolucionado todos los demás. Los gatos que presentan tres colores siempre son hembras y se les denomina tortuga negro con blanco o tortuga azul con blanco.

El pelo original del gato común es el pelo corto, regido por el gen L, que es dominante, por eso la mayoría de los gatos domésticos mestizos son de pelo corto y generalmente se acompañan de una densa capa de subpelo.

Sin embargo, aunque es cierto que hay gatos de variadas razas con un excelente pelaje, también podríamos decir que los gatos comunes pueden llegar a ser más hermosos que un gato de pura raza.

El Gato Común Europeo en las exposiciones
Existen un centenar de razas y variedades de gatos domésticos. La idea de raza pura en el caso de los gatos apareció hace un centenar de años, cuando surgieron las primeras exposiciones felinas. Los criadores, por medio de una paciente labor de selección, han obtenido numerosas razas, a veces de aspecto sorprendente.

El Gato Común Europeo también puede participar en las exposiciones, pero actualmente en nuestro país los gatos sin raza que concursan en las exposiciones no son los más abundantes. Es decir, un gato común que recojamos de la calle puede concursar en estos eventos. Estos mismos pueden obtener un galardón de Mejor Gato de Casa, equivalente al título de cualquier gato de raza en una exposición, siempre y cuando cumpla todos los requisitos necesarios.

En 1925, en una de las asambleas del Governing Council of the Cat Fancy, de Inglaterra, uno de los participantes rompió una lanza en favor del gato común denominado gato callejero. De esta manera fue cómo en Inglaterra se creó una nueva raza para encuadrar al gato común. Se trataba del British Shorthair (Británico de pelo corto). Los americanos pronto siguieron su ejemplo instaurando el American Shorthair (Americano de pelo corto), que no obtuvo una denominación de origen controlada hasta 1966. Europa fue más reacia a elevar al gato callejero a la categoría de raza y así equipararle con los más selectos ejemplares en las exposiciones, pero en enero de 1983 la Federación Internacional Felina (FIFe) dio su brazo a torcer y reconoció oficialmente al Europeo como una nueva raza. Se creó un estándar que resume las características del gato común y que hoy día le permite participar en los concursos a la altura de los más sofisticados y exóticos gatos.

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