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Chartreux: El gato sonriente

Chartreux: El gato sonriente

Texto: Beatriz Moragues Pérez

El Chartreux forma parte de los que podríamos llamar gatos azules, junto al Korat, el Azul Británico y al Azul Ruso. La singularidad de su pelaje lo convierte en un ejemplar único y anhelado por méritos incuestionables. Es un felino de un tamaño considerable y su inteligencia y dulzura son proporcionales a su envergadura física. Parece ser que su nombre proviene de un tejido lanoso, que se importaba de Francia en el siglo VIII, llamado pile des chartreux. También se le conoce como gato Cartujo.

Conozcamos un poco mejor a este gato azul, al tiempo que descubrimos a uno de los primeros personajes que lo citó en sus escritos, el naturalista Carlos Linneo, y a la Orden de los Cartujos, de la que se dice que pudieron ser los criadores originales de esta raza. Empecemos pues…

ORIGEN DEL CHARTREUX

Su origen es francés, aunque existen varias hipótesis sobre su nacimiento. Una de ellas afirma que aparece por primera vez en estado salvaje en la zona que comprende hoy en día Irak, Irán, Siria y Turquía, y que llega a Europa con los cruzados que retornan de la lucha.

Otra teoría señala que nació en Francia y fue criado por monjes cartujos, que lo utilizaban primordialmente como cazador de roedores, lo que les permitía mantener a salvo sus bibliotecas y sus despensas del ataque de los ratones. Aunque es imposible saber con exactitud cuál fue su cuna, lo que parece innegable es que es una de las razas más arcaicas de las que se tiene conocimiento.

Los gatos azules son conocidos desde el siglo XVI en Francia. El poeta francés Joachim

Du Bellay citaba a su gato Belaud en uno de sus poemas, corría el año 1558. Ya en el siglo XVIII el taxonomista Carlos Linneo, en su Systema Naturae, utiliza la expresión latina «Catus Caeruleus», es decir, «Gato Azul» y lo califica como una raza singular.

Importantes personajes han compartido parte de su vida con un Chartreux, entre ellos, el general De Gaulle, militar, escritor y político francés, al que acompañaba una de estas bellezas azules llamado Gris-Gris. También la escritora francesa Sidonie Gabrielle Colette habló de esta raza en varios de sus libros, diciendo cosas como: «Un gato es un gato… Seguramente es blanco cuando camina por la nieve, oscuro en la noche y rojo cuando va a robar fresas».

Desgraciadamente, entre los siglos XVII y XVIII, aunque se le consideraba una raza original, su hermoso manto era utilizado por la industria peletera, llevándole al borde de la desaparición. También la Primera Guerra Mundial le coloca en una difícil situación, disminuyendo su número terriblemente.

El siglo XX descubre su belleza, y lo convierte en una mascota requerida por muchos amantes de los gatos. En la década de 1920 son las hermanas Léger, que comparten su entusiasmo por este felino, las que recogen a dos de estos gatos que vagabundeaban sin hogar y deciden apostar por una mejora de la raza y emprender el camino de la cría selectiva. A partir de ese momento, la raza vive una etapa dorada hasta que diversos criadores deciden cruzarlo con el Azul Británico, pero el resultado es desfavorable para el Chartreux, lo que llevó a prohibir dichos cruces. Actualmente el Chartreux sólo se puede cruzar con el Chartreux.

CARLOS LINNEO

Es apreciado como uno de los creadores de la ecología, ya que fue un hombre que se dejó asombrar permanentemente por lo extraordinario de la naturaleza. Actualmente todavía se utiliza su método para clasificar los organismos vivos aunque, eso sí, con muchas innovaciones y cambios, pero es innegable que sus investigaciones contribuyeron enormemente al avance de la biología.

Nace en mayo de 1707, en el sur de Suecia. Su padre es un pastor luterano y un enamorado de la jardinería, enamoramiento que le transmitiría a su hijo casi sin quererlo, ya que ambos progenitores deseaban la senda del sacerdocio para él, pero Linneo no compartía ese deseo y en 1727 empieza su carrera de medicina en la universidad de Lund. Un año más tarde seguiría sus estudios en la facultad más importante y más antigua de Suecia, la universidad pública de Uppsala.

En esa época la carrera de medicina llevaba incorporadas asignaturas de botánica y Carlos volcó toda su ilusión en ese cometido, ya que era lo que realmente le entusiasmaba, descuidando considerablemente las otras materias de estudio.

A pesar de sus escasas posibilidades económicas, en 1731 Carlos Linneo viaja a Laponia con ansias de investigación. No sería su último viaje, tres años más tarde prepara otro itinerario por Suecia central con la misma intención, el estudio y descubrimiento de costumbres, lugares y, cómo no, de sus amadas plantas.

Publica en 1735 su Systema Naturae, una clasificación de los seres vivos, manteniendo contacto con los más prestigiosos botánicos mundiales. Se instala en Estocolmo en 1738, donde ejerce la medicina y se especializa en el tratamiento de la sífilis.

Pocos años más tarde empieza a dar clases en la universidad de Uppsala, y aprovecha para rehabilitar el jardín botánico de dicha ciudad.

En 1751 ve la luz su obra Filosofía botánica, que despierta un enorme interés. Su prestigio era tal que con el correr del tiempo llegó a ser el médico personal de la familia real de Suecia.

Años más tarde, dos de sus alumnos viajarían en calidad de naturalistas con el Capitán James Cook, trayendo a Europa por primera vez selecciones de plantas de Australia. Carl Peter Thunberg, otro de sus discípulos, viajó a Japón para estudiar su flora e iniciar en medicina occidental a sanitarios japoneses. Carlos Linneo fallece en 1778, pasando todas sus pertenencias a su hijo, que tan sólo le sobrevive cinco años. A partir de ese momento, el resto de familiares venden todo el material de Linneo al más importante naturalista británico, Sir James Edward Smith, que, entusiasmado, crea la Sociedad Linneana de Londres, conservando así sus manuscritos que han servido para que aprendan varias generaciones de naturalistas.

LOS CARTUJOS: UNA VIDA DE SILENCIO Y ORACIÓN

La Orden de los Cartujos alcanza a duras penas los 500 integrantes en todo el mundo, sin embargo siempre ha despertado gran interés por la austeridad con la que viven estos religiosos, además de ser una de las órdenes más arcaicas dentro del orbe cristiano.

Esta Orden contemplativa es fundada por San Bruno, en 1084, que se marcha junto con seis compañeros a las aisladas montañas alpinas de Chartreuse. Ese sería el primer paso, para lo que más tarde sería la Orden de los Cartujos. En 1229 se instituye la Orden de las monjas Cartujas, en Francia.

Las celdas de los cartujos son amplias, pues pasan en ellas gran parte de su tiempo. Comprenden una sala para el estudio y la lectura, una capilla, un reducido taller para los monjes que practican algún tipo de trabajo manual (carpintería, artesanía, etc.) y un pequeño huerto. Carecen de medios de entretenimiento, tales como radio, televisión, juegos, etcétera. Una vez a la semana ayunan y nunca comen carne.

Entre los siglos XIV y XV los nobles cedieron a los cartujos importantes obras de arte y

además esta orden cuenta con algunos de los más hermosos monasterios del mundo, como el Monasterio de Certosa, cerca de Milán, que hoy es monumento nacional.

En un momento dado se empiezan a edificar los monumentos funerarios en medio de la iglesia, con la intención de que las oraciones les lleguen a los difuntos sin ningún tipo de obstáculo. A estas sepulturas las escoltaban figuras de monjes rezando, con la capucha cubriéndoles las facciones. Isabel la Católica ordenó construir un monumento funerario para sus padres en la cartuja de Miraflores de Burgos.

Actualmente los cartujos se extienden por varios países: España, Francia, Estados Unidos, Brasil, Argentina, Portugal, Gran Bretaña, Eslovenia, Italia y Alemania.

CARACTERÍSTICAS DEL CHARTREUX

El Chartreux o Cartujo es un gato de tamaño mediano a grande (puede alcanzar los 7,5 kilos) y de aspecto musculoso, de hecho es el más grande después del Maine Coon. Los machos son más grandes que las hembras. Su pelo es corto, suave y tupido, como lanoso, con gran impermeabilidad al agua. Su cola es de extensión mediana, más amplia en la raíz y estrechándose ligeramente hasta acabar en un extremo ovalado.

Su cabeza tiene la forma de un trapecio invertido, emplazando las orejas altas, levemente separadas, proporcionándole el aspecto de estar continuamente vigilante.

Tiene un hocico muy singular, con las almohadillas de los bigotes muy pronunciadas, lo que le otorga una expresión tremendamente simpática, como si sonriese. Sus ojos son grandes y expresivos, y pueden ser de color miel, amarillo-ámbar, oro, cobre o anaranjado.

Su color tan característico va del azul-gris claro, hasta el azul-pizarra. Hasta los seis o doce meses tienen el pelo atigrado, pero esta particularidad va desapareciendo hasta llegar al color azulado uniforme. Su piel también es azul, su nariz azul-gris-rosada y las almohadillas de las patas grises-rosadas.

CONVIVIR CON EL CHARTREUX

El Chartreux es un gato con características perrunas, si se le acostumbra desde pequeño puede tolerar perfectamente los viajes en coche y se le puede sacar a pasear con un arnés y una correa, como si de un perrito se tratase. Además, no es extraño verle correr hacia la puerta cuando oye el timbre de la misma. Es un animal muy sensible, por lo que con paciencia y tiempo puede aprender variedad de habilidades y juegos.

Esta belleza azul posee además una marcada personalidad, al mismo tiempo que inteligencia y equilibrio. Es un felino dócil y cariñoso, pero también independiente y tranquilo.

Se acomoda perfectamente a situaciones nuevas, siempre que tenga un lugar donde reposar sin tener que soportar excesivos agobios, pues le gusta que respeten su tranquilidad.

Su salud es muy buena, es prácticamente invulnerable a la mayoría de enfermedades que pueden afectar a otras razas y raramente presenta ningún tipo de problema, por lo que lo más probable es que las visitas al veterinario se limiten a las típicas vacunas.

Es un gato que no presenta un desarrollo completo hasta bien entrada la edad adulta, por lo que su alimentación hasta ese momento deberá ser alta en proteínas, a veces hasta casi los cuatro años de edad, sobre todo en los machos, que son más lentos en ese aspecto. También habrá que cuidar la cantidad, pues le encanta comer y no es extraño que engorde más de lo aconsejable, sobre todo si está esterilizado.

El agua, como siempre, nunca debe faltarle.

Es un minino que no nos dará muchos quebraderos de cabeza a la hora de cuidarle, pues al tener el pelo corto no requerirá grandes atenciones. Eso sí, no se deben pasar por alto cepillados periódicos para hacer desaparecer el pelo inservible y que su manto pueda lucir en todo su esplendor.

Asimismo, deberemos vigilar también sus oídos, posiblemente más que en otras razas, y asearlos cuidadosamente cada semana.

El Chartreux, como todos los gatos, es un artista que representa mil papeles, le tenemos dormido en nuestro sofá durante gran parte del día, pero por la noche, si se lo permitimos y tiene espacio para ello, sale a escrutar la oscuridad, a recorrer caminos insondables con sus ojos de oro. Al día siguiente, lo tenemos de nuevo echado sobre la cama, con la expresión más feliz en su rostro, como si nunca se hubiese ido de allí. Nada nos cuenta de sus correrías nocturnas, ni siquiera nos permite que le preguntemos. No sabemos si ha caminado por la arena del jardín o ha ampliado distancias hasta llegar al cielo. Y quién sabe, tal vez sea cierto lo que afirmó Julio Verne cuando dijo: «Creo que los gatos son espíritus venidos a la tierra. Un gato, estoy convencido, puede caminar sobre una nube».

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