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Una mascota en casa

Una mascota en casa

Texto: Elena Cuervo y Susana Alfageme (Abogadas)

A la hora de tomar la decisión de compartir nuestra vida con un animal doméstico, o bien a la hora de cambiar nuestro lugar de residencia si ya somos propietarios de una mascota, no hay que olvidar, entre los diversos aspectos que hay que tener en cuenta, un punto de especial importancia: dependiendo del tipo de hogar que estemos ocupando o que vayamos a elegir vamos a estar sujetos a una serie de normas legales que pueden afectar directamente a la tenencia de nuestro perro o gato, desde aquéllas que prohíben la estancia de animales hasta las que regulan los puntos relacionados con la convivencia diaria en los lugares de uso común.

Pero no sólo debemos tomar en consideración este tipo de normas, sino también las que regulan la protección de los animales domésticos, que incluyen en su catálogo de obligaciones las relacionadas con el lugar de residencia de nuestras mascotas.

De la elección de un buen lugar para vivir y para convivir con nuestros animales, de la previsión antes de adquirir un nuevo hogar o una mascota y del respeto al conjunto de normas que regulan tanto la situación del inmueble como el bienestar de las mascotas depende la evitación de numerosos problemas con el conjunto de personas que nos rodean. .

Los derechos de los animales en relación a su estancia en una vivienda.

Entre el catálogo de obligaciones que deben observar los propietarios o poseedores de animales domésticos, y que se incluye en todas las normas autonómicas, se encuentra una que tiene especial significación en relación con el tema que nos ocupa en esta ocasión. En todas estas leyes se especifica que el animal debe contar con un alojamiento adecuado a su especie y raza, además, obviamente, de tener asistencia veterinaria, alimentación apropiada, momentos para el ejercicio y el esparcimiento, etcétera.

Pero, ¿qué debemos entender por alojamiento adecuado?

Evidentemente que dentro del hogar que le ofrezcamos cuente con un lugar que resulte suficiente a su tamaño y características propias y que le permita realizar su vida de una forma que le garantice un cierto nivel de bienestar. Por este motivo a la hora de elegir una mascota debemos tener en cuenta dónde residimos y cuál es el lugar que va a compartir con nosotros; así, por ejemplo, no tiene sentido adquirir un perro de una raza de grandes dimensiones si nuestro hogar es un pequeño apartamento en la ciudad, y no sólo porque la situación resulte incómoda para el animal sino, como es obvio, también para nosotros. En cambio, si residimos en una casa independiente puede resultar más interesante optar por un animal que además nos permita utilizarlo de guardián de nuestra propiedad. Por otro lado, hay otra cuestión relacionada con este extremo que también es preciso tomar en cuenta: la necesidad de ejercicio, la movilidad y el grado de esparcimiento que puede necesitar uno u otro animal dependiendo de su especie o raza, elementos todos estos que constituyen igualmente obligaciones legales para los propietarios y poseedores.

La situación legal y los problemas que pueden surgir dentro de una comunidad de propietarios.

Si residimos en una vivienda que se encuentra sometida al régimen de propiedad horizontal o, dicho de otro modo, si se encuentra constituida una comunidad de propietarios, es preciso tomar en consideración un conjunto de normas que pueden establecer limitaciones o incluso prohibiciones relacionadas con la tenencia de animales domésticos.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que la propia Ley de la Propiedad Horizontal no establece ningún tipo de norma al respecto, con lo cual es preciso entender, como punto de partida, que la convivencia con un animal doméstico es uno de los derechos con que cuentan todos los propietarios. Ahora bien, no es ésta la única norma que debemos comprobar.

Especialmente importante es el título constitutivo de la propiedad horizontal que, como su propio nombre indica, es el documento en el que consta la creación de esa comunidad de propietarios. Junto con este título pueden existir además los denominados «estatutos» de la comunidad.

Ambas normas pueden conseguirse en el Registro de la Propiedad que corresponda al lugar donde se encuentra situada nuestra vivienda y para consultarlos no es preciso ser propietario. Puede solicitarlos cualquier persona.

No resulta frecuente que en los estatutos figuren prohibiciones absolutas de tenencia de animales domésticos; no obstante, cabe esa posibilidad. El establecimiento de una norma en este sentido sería válido y nos afectaría si constara en el título constitutivo o en unos estatutos que estuvieran debidamente inscritos en el Registro de la Propiedad puesto que, en este caso, cuentan con publicidad suficiente para que conozcamos la situación antes de adquirir la vivienda. Pero si la decisión de no permitir la tenencia de animales domésticos en el edificio fue adoptada en una junta celebrada con anterioridad a nuestra llegada a la comunidad y no se ha procedido a inscribir en el Registro de la Propiedad y, por tanto, sólo figura en el libro de actas, no estaremos obligados

por ella. Teniendo claros estos aspectos, puede quedarnos todavía una duda más: aun no constando una norma en el título constitutivo y en los estatutos debidamente inscritos, ¿puede la comunidad prohibirnos la tenencia en una junta de propietarios a través de un acuerdo? La respuesta aquí es clara. Para modificar los estatutos o para tomar un acuerdo de estas características, que supone una limitación de los derechos de uno o varios propietarios se precisa unanimidad. Evidentemente si votamos en contra, esa unanimidad no puede alcanzarse y las posibilidades de que el acuerdo salga adelante son nulas.

Por último, hay comunidades de propietarios que cuentan con un reglamento de régimen interior. Este reglamento, que puede adoptarse por acuerdo de la mayoría de los propietarios, únicamente puede limitarse a regular cuestiones de convivencia diaria pero no cuenta con legitimación para restringir derechos de los propietarios y la tenencia de animales domésticos es un derecho del propietario, por tanto, no puede incorporar normas que establezcan la prohibición de tenencia de mascotas aunque sí puede incluir regulaciones en aspectos tales como el uso del ascensor por los animales, la obligación de llevarlos sujetos en las zonas comunes, la necesidad de recoger los excrementos, etcétera.

Al lado de todas estas normas, también debe recordarse otra: así como la tenencia de un animal doméstico es un derecho del propietario que sólo puede ser limitado por los cauces que expusimos, también es una obligación de cada propietario respetar las instalaciones generales y no realizar dentro de su piso o local actividades que puedan resultar molestas para el resto de los vecinos.

El caso concreto de las urbanizaciones.

Lo que habitualmente conocemos como urbanizaciones aparece definido en la Ley de Propiedad Horizontal como «complejos inmobiliarios privados». Dentro de este concepto encajan aquellos conjuntos de edificaciones o parcelas que son independientes entre sí y que están destinadas a su uso como vivienda o locales, pero que comparten determinados elementos y espacios comunes, como son los viales, y ciertas instalaciones y servicios. La situación legal más común para este tipo de complejos suele ser su integración en una comunidad de propietarios que, salvando sus peculiaridades, funciona de modo similar a las que existen en los edificios. En estos casos, estas urbanizaciones cuentan con un título constitutivo de la propiedad horizontal, además de la posibilidad de que tengan estatutos y reglamento de régimen interior. Es a estas normas a las que hay que remitirse para conocer con exactitud el conjunto de prohibiciones o limitaciones que pueden existir en relación con la tenencia de animales y es importante consultarlas, porque sí resulta habitual que se cuente con alguna regulación en este aspecto habida cuenta de las características propias de sus zonas comunes, que suelen incluir zonas verdes, viales, piscinas, espacios de recreo... donde puede estar restringida la estancia de animales.

Si la urbanización no se encuentra constituida bajo la forma de una comunidad de propietarios no por ello deja de regirse por las normas de propiedad horizontal, si bien ésta resultará de aplicación de forma subsidiaria a los acuerdos que hayan adoptado entre sí los propietarios. Si en dichos acuerdos no se establecen limitaciones o prohibiciones, la Ley de Propiedad Horizontal, en principio y como ya vimos, tampoco.

Especial importancia tiene en estos casos cumplir con el resto de obligaciones que implican la tenencia de un animal doméstico: evitar que el animal ladre en el jardín aunque sea de nuestra propiedad, recoger sus excrementos de las zonas comunes aunque no sean viales públicos, conducir al animal por estas zonas comunes de forma que no pueda causar daños a otros animales o personas, especialmente si se trata de perros de razas potencialmente peligrosas, evitar la escapada de gatos, mantener a nuestros animales aseados y en perfectas condiciones sanitarias, etcétera.

Posibles limitaciones que pueden darse en una vivienda arrendada.

Si nuestro lugar de residencia es una vivienda alquilada, antes de tomar la decisión de alquilarla o bien, una vez alquilada, antes de tomar la decisión de compartirla con una mascota, es preciso comprobar dos cuestiones.

En primer lugar, si se trata de una vivienda en régimen de propiedad horizontal, debemos considerar los mismos extremos y las mismas normas que antes comentamos.

En segundo lugar, aún no existiendo limitaciones a nivel de comunidad de propietarios, debemos hablar el tema con el propietario y comprobar las diferentes cláusulas que se incluyen en nuestro contrato de arrendamiento.

Si no existe ninguna prohibición específica (pocos contratos lo incluyen y la Ley de Arrendamientos Urbanos no establece nada al respecto) debemos entender que es posible que tengamos un animal dentro de la vivienda alquilada.

Consejos antes de comprar o alquilar una vivienda.

Si ya tenemos o pensamos tener un animal doméstico, antes de dar el paso de comprar o alquilar una vivienda es fundamental (y no sólo por este motivo sino por conocer todo el funcionamiento del lugar donde vamos a residir) obtener en el Registro de la Propiedad de la localidad correspondiente una copia del título constitutivo y de los estatutos de la comunidad de propietarios para conocer las normas específicas. Si se trata de una vivienda alquilada es recomendable comentar el tema con el propietario y ajustar adecuadamente las cláusulas del contrato; y si se trata de una vivienda sometida a alguna de las promociones públicas o protección oficial, ya sea para adquisición o para alquiler es esencial revisar las condiciones establecidas públicamente, pues pueden existir normas relacionadas con la tenencia de animales domésticos.

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