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Bengalí: Belleza exótica y salvaje

Bengalí: Belleza exótica y salvaje

Texto: Patricia Lozano

El sueño de una criadora de obtener un leopardo doméstico trajo como resultado el bengalí, un gato que conserva la apariencia salvaje de sus ancestros pero combinada con el carácter dócil, cariñoso e independiente que se espera de los animales de compañía.

En 1963 Jean Mill, afincada en California, se embarcó en una complicada tarea: obtener un gato de aspecto salvaje y temperamento dócil. Para ello, adquirió una hembra de gato leopardo asiático o Felis bengalensis a la que llamó «Malaysia» y la cruzó con «Tom», un ejemplar doméstico negro. El resultado fueron dos cachorros, un macho que murió y una hembra, «Kin Kin», muy parecida a su madre. Al igual que había ocurrido en anteriores intentos para cruzar especies diferentes, los expertos de la Cornell University creyeron que esta gata sería estéril pero al cruzarse con su padre, «Kin Kin» tuvo una camada de cachorros también parecidos a su abuela con manchas redondas como las del leopardo. Sin embargo, Mill tuvo que poner fin a sus experimentos por problemas económicos tras la muerte de su marido. Diez años después se volvió a casar y pudo retomar su trabajo gracias a la colaboración del doctor Williard Centerwall que desarrollaba una investigación sobre la leucemia felina realizando cruces de leopardo asiático con gatos domésticos tratando de encontrar el gen que les hacía inmunes a esta enfermedad. El doctor Centerwall cedió ocho de estos gatos a Jean Mill que pudo continuar con su tarea.

La primera generación Bengalí, resultado del cruce de las dos especies, se denomina F1. Está formada por gatos independientes aunque no agresivos y sus machos son estériles. De carácter tímido, las hembras son muy protectoras con sus cachorros hasta el punto de llegar a comérselos si se sienten en peligro. Son muy parecidos al gato leopardo asiático pero en su mayoría no resultan aptos para ser animales de compañía. Las hembras de esta generación se cruzan con Burmeses, Mau egipcios o American Shorthair para conseguir la segunda generación, F2, en la que los machos continúan siendo estériles.

Estos gatos son más confiados y pueden convivir con humanos e, incluso, con otros animales domésticos. En la tercera generación, F3, algunos machos resultan ser fértiles aunque sólo durante algún tiempo pero ya en la cuarta, F4, lo son en un gran porcentaje.

Dado que uno de los objetivos que se buscaban en estos cruces era fijar el temperamento de esa raza, se fueron seleccionando los ejemplares más dóciles para continuar con la cría. Además, en alguna generación las características del gato leopardo asiático se iban diluyendo y las crías tenían un aspecto más doméstico por lo que los que se alejaban de la apariencia de leopardo fueron apartados del trabajo de cría.

En 1980 Jean Mill encontró en la India un gato doméstico de color naranja intenso con manchas oscuras de color marrón y ojos verdes, muy parecido al gato leopardo asiático. Superados los trámites legales, pudo llevar este ejemplar a Estados Unidos para cruzarlo con hembras F1 y F2. Bautizado como «Millwood Tory of Delhi» es el responsable de la transmisión de los ojos verdes en el Bengalí. En 1983 los ocho gatos cedidos a Jean Mill por el doctor Centerwall y su descendencia fueron inscritos en la TICA, organización que en 1991 reconoció a los Bengalíes «spotted» y, años más tarde, al resto de variedades. En 1999 La FIFe reconoce oficialmente a esta raza.

CONOCIENDO SUS ORÍGENES

La gran ventaja del Bengalí es que su procedencia está bien documentada; no hay dudas sobre sus orígenes, lo que es de gran ayuda para los dueños que realmente quieran conocer a su mascota. Sabemos que desciende del cruce entre el gato leopardo asiático y gatos domésticos que suavizaron el temperamento de aquél. Pero ¿cómo es este gato salvaje? El gato leopardo de Asia vive en las selvas y bosques de China, India, Corea, Singapur, Taiwán, Filipinas, Borneo y Tailandia y su nombre latino es Felis Bengalensis o Prionailuros Bengalenses. Es una especie atractiva y esbelta que pesa entre cinco y siete kilos si bien las hembras son más pequeñas que los machos. Sus patas traseras son algo más largas que las delanteras y posee un cuerpo largo y estilizado. La cabeza es pequeña con orejas redondas, de color negro con una mancha blanca en la parte posterior. Los ojos son grandes, de color dorado y, entre ellos y la nariz, presentan rayas blancas. En su manto poseen rayas negras o marrones rojizas en la parte superior de la cabeza, en el cuello y en los hombros, unas manchas redondas, rosetas, alineadas horizontalmente en el resto del cuerpo. La cola tiene anillos y su punta es negra. El color de fondo de su pelo varía desde el beige hasta el naranja e incluso gris. La barbilla, el pecho, el vientre y la parte interior de las patas son de color blanco con manchas negras. Es un gato muy tímido que vive en cuevas, bajo las raíces de algunos árboles o encima de ellos y siempre en lugares cercanos al agua. Son felinos noctámbulos, muy activos al anochecer y se alimentan de pájaros, ardillas y otros roedores. Es difícil domarlos dado que son nerviosos y esquivos y, generalmente, no son buenos animales de compañía ya que sólo aceptan a los humanos cuando les identifican como su fuente de alimento.

EVOLUCIÓN

Hubo alguna controversia sobre el estándar de esta raza ya que algunos criadores se inclinaron por una apariencia más oriental mientras que otros preferían gatos de mayor tamaño y musculados. Había quien daba más importancia al color y el dibujo de su manto y quien se centraba en la estructura de la cara queriendo mantener la mirada penetrante del gato leopardo asiático. Por fortuna, los criadores supieron combinar todas estas características y, los ejemplares más destacados, fueron cruzados directamente con individuos de gato leopardo asiático con lo que la raza progresó rápidamente hasta llegar a lo que muchos criadores consideran el Bengalí ideal pues se ha conseguido que el manto, el dibujo y la morfología se acerque lo más posible a su antepasado salvaje.

Asimismo, se ha logrado que esta raza mantenga un carácter dulce, cariñoso y confiado eliminando los rasgos tímidos y defensivos del leopardo asiático.

El Bengalí tiene la apariencia de un leopardo en miniatura. Es un gato de tamaño mediano a grande, de cuerpo largo, fuerte, equilibrado, musculoso y robusto.

Los machos son bastante grandes; pueden crecer mucho más que las hembras. La cabeza es pequeña en relación al resto del cuerpo; el cuello es largo, fuerte y bien silueteado. La cola es larga y puntiaguda y posee unas patas traseras, de una fuerza especial, ligeramente más altas que las delanteras. Es un gato de hocico alargado, orejas triangulares ligeramente redondeadas y enormes ojos almendrados de color amarillo verdoso. Una de las características principales de esta raza es el pelaje, con grandes manchas que recuerdan a los felinos salvajes. Su pelo es corto, grueso y suave pero a la vez muy delicado.

El color de base puede variar entre marfil, crema, amarillo, dorado y naranja al igual que el color de sus manchas que puede ser negro, chocolate o canela. Hay una versión «nieve» con un color de base más claro.

VARIEDADES Y COLORES

En el Bengalí se reconocen dos tipos de dibujo en el manto: «spotted» y «marble». En el primer caso las manchas son redondas mientras que en el segundo el manto presenta líneas onduladas horizontalmente de colores negro y dorado o marrón y naranja. En ocasiones puede aparecer un tercer color en la madurez. Actualmente existen Bengalíes «snow spotted» resultado de la incorporación, en los años ochenta, de las razas Siamés y Burmés en el programa de cría.

En los «spotted» y «marble» todas las variaciones de color están permitidas pero en la base debe existir un alto nivel de color castaño y es muy valorada la degradación a amarillo, beige, dorado o anaranjado.

Las manchas pueden ser negras o marrones de varios tonos. Son muy valoradas las manchas claras en la parte posterior de las orejas. En las almohadillas de los bigotes y la barbilla se busca un color claro, preferiblemente blanco. Mientras, el tono del pecho y el vientre hasta el interior de las patas debe ser lo más pálido posible para conseguir un gran contraste con el color de los costados y el lomo. Alrededor de los ojos debería existir un óvalo circular blanco o crema. Las membranas de los ojos, labios y trufa han de estar perfilados en negro; color que deben lucir las almohadillas plantares y la punta de la cola.

Los ojos son verdes si bien se admiten de color dorado o avellana. Por lo que se refiere al «seal lynx point snow» de ojos azules, el color de base tiene que ser marfil o crema. El dibujo puede ser carbón o marrón claro u oscuro. El color de base puede ser más oscuro en las patas aunque con el menor contraste posible y la punta de la cola puede ser marrón oscuro o carbón.

En el «seal mink» y el «seal sepia snow» con ojos de otros colores la base es marfil o miel con el dibujo muy visible de color carbón o de varios tonos de marrón con el óvalo de los ojos, las almohadillas de los bigotes y la barbilla de color muy claro.

CARÁCTER Y CRÍA

Los Bengalíes son felinos inteligentes, amistosos, muy activos y afectuosos aunque independientes. De hecho, lo que más destaca de su carácter es su hiperactividad y su gran curiosidad así como sus irrefrenables ganas de jugar y su gran sociabilidad. Forman grandes lazos de amistad y fidelidad con sus dueños y adoran saltar y trepar lo más alto posible. Gozan de la compañía de adultos y niños y, generalmente, se adaptan a otros animales.

Tienen una voz muy particular, que varía según su estado de ánimo. Es discreta pero posee una sonoridad muy especial con una vibración metálica.

Uno de los rasgos más sorprendentes del Bengalí es su gusto por el agua, algo insólito en la mayoría de los gatos que le viene legado de su antepasado salvaje que era un gran nadador y pescador. Por eso no se sorprenda si encuentra a su gato chapoteando en un charco del jardín o, si en el momento de beber, golpea el agua con sus patas.

En cuanto a su reproducción, las hembras de las primeras generaciones (F1 y F2) conservaban un fuerte instinto salvaje y eran muy protectoras de sus camadas. Pero a partir de la F3 las hembras ya son como cualquier gata doméstica y la raza se reproduce muy bien. Las camadas suelen ser numerosas, a veces de hasta siete crías, y las hembras son grandes madres. Los cachorros no son nada tranquilos; están llenos de vitalidad y adoran correr, saltar y jugar en todo momento.

No es un gato que necesite excesivos cuidados dado su pelo corto. Con su aseo personal se mantiene perfectamente limpio y, cuando se le bañe, es aconsejable hacerlo con un champú especial para gatos. Hay que mantenerle las orejas y los ojos bien limpios. Es una raza que goza de buena salud siempre y cuando le administremos una dieta equilibrada.

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