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Parásitos externos

Parásitos externos

Texto: José Enrique Zaldívar

A través del artículo, vamos a hacer un repaso de los parásitos externos que pueden afectarles y las complicaciones, enfermedades y tratamientos que se derivarán de su presencia, sin olvidarnos de su prevención. Entre los parásitos externos, el «bicho» que con más frecuencia nos podemos encontrar en nuestros gatos es, sin duda, la pulga. Digamos ante todo que muchas veces tan sólo podemos sospechar su presencia ya que el gato, como buen cazador, también lo es de las pulgas que le molestan. El acicalamiento que tienen por costumbre impide que, en muchas ocasiones, seamos capaces de localizarlas sobre su piel. Sabemos que las infestaciones por pulgas en el gato son bastante frecuentes.
La pulga que más problemas origina es, sin lugar a dudas, la que suele parasitar a esta especie y que se conoce por el nombre de Ctenocephalides felis felis. Suponen nada más y nada menos que entre el 92 y el 99 por 100 de las pulgas encontradas en el gato y en el perro. Debéis saber que la pulga representará un verdadero quebradero de cabeza una vez que entra en vuestros hogares. La razón es sencilla: no solamente vamos a tener que luchar contra las pulgas adultas que curiosamente representan tan sólo el uno por cien, sino contra sus huevos (57 por 100), sus larvas (34 por 100) y sus pupas (8 por 100). Queda por tanto claro que antes de hacerse «mayor» la pulga pasa por distintas fases de su desarrollo. Si queremos acabar con ellas, deberemos atacarlas desde su estadio más joven, es decir, desde el huevo para impedir que se complete su ciclo. La pulga adulta deposita sus huevos sobre el gato que caen al suelo y, entre el primero y el décimo día, en función de la temperatura y la humedad, comenzará su desarrollo. De estos huevos saldrán las larvas, que tienen la «buena» costumbre de huir de la luz y, por tanto, se desplazan por debajo de los muebles o de los electrodomésticos y entre las fibras de alfombras y moquetas. Si la pulga puso los huevos en el exterior (jardín), las larvas se moverán hacia las zonas de umbría y por debajo de árboles, arbustos y hojas. Estas larvas son capaces de generar un capullo en cuyo interior se transformarán en pupa. Desde este estadio nacerá la pulga en función de las condiciones de luz, humedad y temperatura. Las pulgas adultas pueden sobrevivir en el medio ambiente entre 10 y 62 días, dependiendo de los factores comentados anteriormente. Se alimentan «taladrando » la piel del gato e introduciendo la punta del labio inferior para extraer la sangre capilar. Unas 72 hembras adultas consumen un mililitro de sangre al día. Los machos consumen menos sangre que las hembras pero se alimentan con más frecuencia. La cantidad de huevos que puede poner una pulga es enorme, llegando a 2.000 a lo largo de su vida cuya media es de 100 días. ¿Os imagináis un hogar con un gato con pulgas? Yo he visto gatos con una gran cantidad de pulgas corriendo por su cuerpo sin que el animal hubiera mostrado un simple síntoma de su presencia, pero también he visto gatos afectados de fuertes procesos alérgicos por su presencia. Es lo que los veterinarios denominamos Dermatitis por Alergia por Picadura de Pulga (DAPP). Se trata de la afección dermatológica veterinaria más frecuente en todo el mundo y se produce por la reacción del organismo ante determinadas sustancias que contiene la saliva de este parásito. Raramente se presenta en gatos de menos de seis meses y se manifiesta por la presencia de pápulas, costras, coloraciones del pelo por el lamido y eritemas en diferentes partes del cuerpo. Una vez desarrollada la alergia, no es raro que nos encontremos con infecciones secundarias provocadas por levaduras (malasezzia) o bacterias (stafilococos). El diagnóstico de este tipo de alergias en los gatos es un poco más complicado que en el perro dada la facilidad, que ya hemos comentado antes, de eliminar las pulgas por el exceso de acicalamiento. Su tratamiento tiene tres pasos. El más importante es la eliminación de las pulgas del animal y la prevención de la reinfestación mediante el control de estos parásitos tanto en el gato como en el medio ambiente, lo que implica actuar sobre los huevos, las larvas y las pupas. El segundo paso consiste en combatir el picor provocado por la reacción alérgica, lo que solemos conseguir con el uso de corticoesteroides en pequeñas dosis. Por último, es necesario tratar cualquier infección secundaria con la medicación adecuada. El «ataque» sobre las pulgas y sus estadios intermedios en el hogar debe ser radical. Las moquetas, alfombras y zonas de descanso deben ser aspiradas y las camas de los animales deben ser lavadas. Si nuestro gato pasa tiempo en el exterior, la vegetación muerta ha de ser eliminada. No debemos olvidar que la pulga es un hospedador intermedio del Dipylidium caninum (tenia) y que, por tanto, actúa como vector de transmisión de este parásito. Los gatos parasitados eliminarán los proglotis de la tenia en sus heces. No suelen provocar enfermedades graves a menos que la infestación sea muy alta o los animales tengan una mala condición física. Puede haber irritabilidad, malestar, apetito caprichoso, mal aspecto del pelo o problemas intestinales como cólicos o diarreas. A tener en cuenta el dato de que este parásito puede afectar a los niños. Pueden utilizarse diversos productos químicos en el animal y el ambiente; sin embargo, no existe un único producto «milagroso» frente a las pulgas que pueda utilizarse tanto para los animales como para el medio. Lo que sí es cierto es que, dentro del amplio «arsenal» que afortunadamente los laboratorios nos ofrecen, unos productos son mejores que otros. La Sarna Demodécica en gatos es una enfermedad poco frecuente tanto en su forma generalizada como localizada. Esta última suele afectar a los párpados, región periocular, conducto auditivo, cabeza y cuello. La generalizada es infrecuente y suele asociarse con una enfermedad inmunodepresora o metabólica subyacente, como la infección por el virus de la Inmunodeficiencia felina, virus de la Leucemia felina, Toxoplasmosis o Diabetes Mellitas. El diagnóstico de esta enfermedad se hace por raspados cutáneos de las lesiones y suele responder bien al tratamiento con una solución de cal y azufre al 2 por 100. Los ácaros de los oídos son bastante frecuentes en el gato, especialmente en aquellos que proceden de la calle, albergues y tiendas de animales. Se caracteriza por la presencia de picor en las orejas y la presencia de un cerumen oscuro. Un 10 por 100 de los gatos que los tienen pueden no presentar síntomas. El diagnóstico se realiza a través de la visualización de los parásitos con el otoscopio o tras un examen al microscopio. Hace años utilizábamos para su tratamiento gotas de oídos que contenían algún insecticida pero, en la actualidad, existen excelentes productos en forma de pipetas que se aplican sobre la piel. Sus principios activos son el fipronil, la selemactina o el imidacloprid. Las Cheyletiellas son ácaros que afectan con relativa frecuencia a los gatos. Su presencia provoca un picor variable y una descamación seca que se suele localizar en la región dorsal. Se trata de una enfermedad contagiosa al ser humano. El diagnóstico lo realizamos por la visualización del parásito tras raspados cutáneos superficiales. Los mismos productos que utilizamos para el tratamiento de los ácaros de los oídos son útiles para tratar a los gatos afectados.
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