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Los ojos mágicos del gato

Los ojos mágicos del gato

Texto: Isabela Herranz

A los ojos del gato se le han atribuido poderes mágicos desde la Antigüedad por su extraña transparencia y claridad. Las notables variaciones que experimentan sus pupilas y la capacidad de los felinos para ver en la oscuridad han suscitado todo tipo de creencias.
Cuando se mira a los ojos de un gato se tiene la sensación de que brillan con luz propia, una luz interior por así decir que va más allá. Y cuando están medio cerrados parece que hubiera un poderoso espíritu taumatúrgico escondido tras ellos. Quizá por todo ello el gato ha sido símbolo de la sabiduría en muchas culturas y los bestiarios medievales insistían en que sus ojos emiten una luz que les ayuda a ver en el mundo.

Los ojos del gato también tienen algo de salvaje y este hecho lo recogió Próspero Mérimée en Carmen:
«"Ojo de gitano, ojo de lobo", es un refrán español que significa observación aguda. Si no tienes tiempo para ir al zoológico a estudiar la mirada del lobo, mira a tu gato cuando está pendiente de cazar un gorrión».

Los escritores de los bestiarios, que recogieron su información zoológica de fuentes Muy antiguas, creían que la palabra «gato» derivaba del latín catus, que significa «agudo», porque los ojos del gato destellan tanto en la oscuridad que parecen dos rayos de luz. Para ser más exactos acaso habría que decir «rayos de fría luz de luna…».

OJOS DE LUNA
La mayoría de los libros de astrología antiguos establecen una asociación del gato con la Luna, es decir, lo sitúan bajo su dominio, pero mucho antes de que la tradición
astrológica llegara a Europa en el siglo XII, ya se había reconocido una conexión entre el gato y los ciclos lunares. Plutarco, que tanto habló del «gato lunar», probablemente
había recogido una antigua tradición de que el cuerpo del gato aumenta con el cuarto creciente y disminuye con el menguante, pero escritores anteriores a él habían señalado que los cambios en función de las extrañas mutaciones lunares sólo eran aplicables a los
ojos del gato y no a su cuerpo. En Suffolk (Inglaterra) todavía persiste la creencia popular de que los ojos del gato se dilatan con el flujo y reflujo de la marea. En relación con lo anterior, el ocultista Gerald Massey indicaba en su obra The Natural Genesis (1883) que «el ojo del gato… parece seguir las fases lunares creciente y menguante,
y sus órbitas brillan como dos estrellas en la oscuridad de la noche».

Maister Salmon escribió en su obra Compleat English Physician (1693) sobre la fascinación que producían en los humanos los cambios que se observan en los ojos del
gato: «Los escritores dicen que brillan en la Noche y que ven mejor en la Luna nueva y peor cuando está en fase creciente. También dicen que sus ojos varían con el Sol;
la pupila se redondea al amanecer y se alarga a mediodía; no se aprecia durante toda la noche, pero en cambio todo el ojo brilla en la oscuridad. Estoy seguro de que estas variaciones en los ojos del gato son ciertas, pero nunca he observado que coincidan con las horas del día».

También se ha establecido una asociación entre la forma de los ojos del gato y la del creciente lunar. Aun- que su forma no es exactamente igual, se cree que los antiguos egipcios la adoptaron como símbolo del nacimiento llamado «Ru», que se representa mediante una especie de ranura vertical. Este símbolo conecta los ojos del gato con Isis, diosa de la fertilidad, y explica también por qué los gatos estaban consagrados a las mujeres en los cultos de fertilidad egipcios. Dicha conexión, así como la idea de renacimiento espiritual, se mantuvo en las primeras representaciones cristianas de la Virgen y el Niño jugando con un gato.

La conexión de los ojos del gato con la Luna posee también un carácter sagrado: los egipcios suponían que el ojo derecho del gato había sido uno de los ojos del dios Horus, que les miraba desde el cielo. Como el ojo derecho (yan, principio masculino) era el del Sol, el izquierdo (yin, principio femenino) correspondía a la Luna y dio en llamarse «Ojo de Horus» o «Udjat». Los ocultistas han asociado este ojo divino con la glándula pineal o tercer ojo, supuesta sede de los poderes psíquicos, pero también con el gato debido a su profunda conexión con la mitología en torno a Horus.

Los restos egipcios que han sobrevivido prueban suficientemente la conexión del Udjat y el gato en las creencias mágicas y herméticas. Hay papiros funerarios con gatos sentados sobre cajas con una representación del Udjat, así como amuletos milenarios de ojos que incorporan pequeñas imágenes de gatos junto a dicho símbolo. Los egipcios decoraban con este ojo sagrado sus barcos funerarios y tumbas con la idea de renacimiento y también lo colocaban en la puerta de sus casas para protegerlas del mal y traer prosperidad a sus moradores.

UNA GEMA MÁGICA
Muchas de las tradiciones conectadas con el empleo de piedras mágicas del folklore medieval derivan de las creencias egipcias, que les atribuían virtudes poderosas en función de la criatura cuyo nombre recibían. La gema tornasolada «ojo de gato», a veces llamada en latín cati oculus, aparece repetidamente en los bestiarios medievales como portadora de gran poder mágico y protector.

Este «ojo de gato» es en realidad una variedad del crisoberilo y debe su nombre a que su interior parece refulgir como un ojo de gato. Las gemas más valiosas son de gran transparencia y tienen una línea claramente marcada en su interior, que parece abrirse y cerrarse cuando se gira. Esta estructura cristalina se asemeja tanto al iris del gato cuando hay exceso de luz diurna que favoreció la creencia en su capacidad contra el mal de ojo, los peligros misteriosos y las enfermedades. De hecho, en muchos grimorios se enciona al «ojo de gato» como amuleto eficaz para proteger a su poseedor de todos los males de la brujería.

La historiadora Ana María Vázquez Hoys ha recogido curiosas creencias sobre esta gema en la India, donde se cree que puede otorgar la victoria sobre los adversarios, además de tener la facultad de salvar al guerrero herido al hacerle aparecer como muerto ante sus enemigos. El egiptólogo A. Wallis Budge ya contaba creencias similares en los pueblos árabes en su obra The Gods of the Egyptians (1899). Para ellos, el ojo de gato
tenía poder para hacer invisible a su portador en la batalla y también registra la historia de cómo en algunas regiones, cuando un hombre iba a emprender un largo viaje y dudaba de la fidelidad de su esposa, le hacía beber esta leche en la que se había lavado la gema. Esta leche mágica no aseguraba la fidelidad, pero impedía que nacieran hijos de una posible relación adúltera.

El empleo de esta gema con fines mágicos no se limita al mundo antiguo. Moderna-mente se le siguen atribuyendo todo tipo de propiedades, tanto curativas y espirituales
como materiales: aporta paz interior y da fuerza para superar las dificultades; se recomienda para fortalecer el cerebro y el chakra de la garganta, así como para tratar
problemas respiratorios y atraer la fortuna a los que apuestan en las carreras de caballos o invierten en Bolsa.






¿Por qué ven los gatos en la oscuridad?
En el folklore y la mitología existen referencias sobre la capacidad de los ojos del gato para penetrar en los reinos inferiores y superiores. Si quien mira a los ojos del gato tiene la impresión de que puede ver todo es porque su iris es capaz de adaptarse a diferentes
condiciones y variaciones de luz. Por ello, no debería extrañar que en la antigua China
tuvieran la costumbre de fijarse en ellos para saber la hora del día.

A diferencia de los ojos humanos, que ven mejor con luz diurna, los ojos del gato
funcionan mejor con muy poca luz, lo cual les facilita la actividad nocturna. Eso no les
impide ver bien con luz diurna, ya que cuando la luz es escasa sus pupilas elípticas se dilatan al máximo abarcando prácticamente todo el iris, mientras que se contraen hasta una delgada ranura vertical con la luz solar brillante. Al igual que otros animales que poseen buena visión nocturna, el gato posee el tapetum lucidum, capa reflectora
situada inmediatamente detrás de la retina del ojo, que sirve para reflejar la luz
que llega a la retina aumentando así la cantidad de luz que esta retiene. Esto da a los ojos del gato su característico resplandor nocturno cuando son reflejados por un haz de luz.

La citada capacidad para adaptarse a los cambios de luz gracias a los bastoncillos y conos de la retina es la que ha suscitado la creencia popular de que los gatos pueden ver en la oscuridad. La citada creencia se ha mantenido probablemente porque se recogió en innumerables bestiarios y grimorios medievales, así como la idea de que los gatos podían ver fantasmas y de que maullaban a la vista de demonios invisibles para
el ojo humano.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    387 | Cesar Corrales - 15/02/2013 @ 01:04:05 (GMT+1)
    Muchas gracias por la información,es bueno saber sobre todo esto :3
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