Los gatos del museo Hermitage

El museo Hermitage, está situado en San Petersburgo a las orillas del rio Neva, en él se une cultura, historia y antigüedad, lo que hace que sea uno de los museos más visitados del mundo. Su historia se remonta al siglo XVIII, cuando la emperatriz Catalina La Grande estableció su residencia en una zona del palacio recién construido “el palacio de invierno”.

Su amor por el arte le llevó a adquirir un gran número de obras de arte y ordenó a los diplomáticos rusos adquirir todo tipo de objetos, cuadros, joyas, muebles etc… lo que obligó a construir el resto de edificios que hoy en día forman parte del complejo del Palacio. Su imponente colección siguió aumentando y hoy es un centro de peregrinación para todos los amantes del arte.

Para los amantes de los gatos sus zonas menos nobles albergan un mundo que nos llama mucho la atención. “Los guardianes del palacio”, nada más y nada menos que setenta gatos custodian los fondos de la pinacoteca.

Durante el reinado de la emperatriz Isabel II en 1714 una invasión de ratas hizo peligrar los cuadros que estaban almacenados en los bajos del Palacio, esta entró en pánico y mandó traer una camada de gatos de Kazán, durante muchos años los gatos se convirtieron en una parte muy importante del museo, adquiriendo categoría de guardines oficiales del museo.

Los gatos fueron testigos a lo largo de los años de la caída de los zares, de la Primera Guerra Mundial, de la guerra civil pero fue durante la Segunda Guerra Mundial cuando sufrieron igual que el pueblo ruso el asedio a la ciudad de Leningrado, el hambre causó estragos entre la población felina. Cuando terminó este bloqueo la ciudad comenzó a recuperar su vida cotidiana y los gatos volvieron a poblar el palacio y se hicieron dueños no solo de las zonas bajas de los edificios sino también de las galerías. Se tuvo que tomar una drástica decisión, vivirían en las zonas donde están almacenadas las obras de arte que no se pueden exponer y no podrían superar el número de setenta gatos. Cuando este número de gatos se sobrepasa, estos se dan en adopción. Cada gato está identificado con su número acreditativo de “guardián oficial del museo” y por supuesto con su fotografía.

El museo otorga una gran importancia a sus gatos y tienen su propio equipo de cuidadores, una veterinaria para ellos además de varios encargados de su alimentación e higiene. La zona donde viven cuenta con su propia cocina y su sala para cuidados médicos. En los alrededores del palacio se encuentran muchos carteles para que los visitantes no molesten y respeten a los gatos. Incluso se ha proclamado el día de los gatos del Hermitage que es el 27 de mayo, ese día los colegios preparan dibujos y lecturas en honor de “los guardianes del palacio”.

Esta relación es un claro ejemplo de la simbiosis entre animales y personas. Que cunda el ejemplo.

Texto: Lola Moreno.

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