Los gatos violinistas

Muchos investigadores del mundo felino se han preguntado el por qué de la extraña conexión entre los violines y los gatos. Existen numerosas teorías, pero la más factible posee una larga historia que hunde sus raíces en la religión del antiguo Egipto y en el imaginario colectivo.

Hace siglos que los gatos vienen figurando en los letreros de tabernas y posadas del Reino Unido en combinación con diferentes objetos como ruedas u ovillos de lana. Tampoco son raros en dichos establecimientos los letreros de gatos famosos como «El Gato con Botas» (Puss in Boots), o de gatos en determinadas poses —estornudando, bizqueando, etcétera—, pero los más populares de dichos letreros y sobre los que más explicaciones se han avanzado han sido los dedicados a los gatos violinistas. Estos letreros tienen siempre el nombre genérico de «El Gato y el Violín» (The Cat and the Fiddle) y son simultáneamente apreciados por los amantes de los gatos y de los letreros.

Existen, asimismo, muchas rimas infantiles relacionadas con este «gato músico» tan conspicuo. Mientras unos han recurrido a explicaciones socio-culturales y lingüísticas más o menos satisfactorias, otros han propuesto un origen religioso cuyas raíces parten del antiguo Egipto y reaparecen en los grutescos de la arquitectura eclesiástica medieval.

Cat & Fiddle situado en New Forest (Hampshire). Foto: Visit Britain.

Estas últimas concurren en el mismo punto: el simbolismo mágico atribuido a los gatos desde tiempos ancestrales, que les conecta con la Luna y la divinidad, según se expone a continuación.

GRUTESCOS Y MISERICORDIAS

Entre las explicaciones sobre el origen de los letreros que describen un gato con un violín se encuentran las relativas a los grabados o pinturas en los asientos de los coros de las iglesias y catedrales —llamados «misericordias»— originalmente diseñados para que los sacerdotes ancianos pudieran descansar cuando tenían que estar mucho tiempo de pie sin que se notara que se habían sentado.

Estos gatos aparecen representados de cuerpo entero junto al instrumento musical y no parecen tener que ver con las solitarias cabezas de gatos reproducidas en algunas iglesias inglesas a modo de demonios burlones, como las citadas en el artículo dedicado al Gato de Cheshire.

El instrumento conectado con la veneración a Isis y a Bast, la diosa con cabeza de gato, era el sistro, que también tenía cuatro cuerdas

En las catedrales de Hereford (Herefordshire) y Wells (Somerset), por ejemplo, hay sendos gatos en pose de tocar un violín. Otro gato con este mismo instrumento se encuentra en una escena ornamental tallada en el siglo XVI en el extremo de un banco en la iglesia de Fawsley (Northamptonshire). En el porche de la iglesia parroquial de Northleach (Gloucestershire) también hay reproducido un gato con violín… Los ejemplos de tallas de este tipo son bastante numerosos en el continente europeo, pero sobre todo en el Reino Unido. Baste añadir a los citados el del gato en el coro de la iglesia de Farthingstone (Northamptonshire) y el del tímpano en el altar mayor de la catedral de Lichfield (Staffordshire).

Se ha sugerido que los artistas responsables los realizaron de forma deliberada para satirizar ciertas prácticas religiosas donde se tocaban instrumentos musicales (trompetas o violines) con escasa habilidad y emitiendo molestos ruidos faltos de armonía, pero no todos los investigadores han achacado a tales representaciones un carácter satírico. F. C. Sillar y R. M. Meyler, por ejemplo, señalan que probablemente se trata de un vestigio de la adoración a la diosa Isis en el antiguo Egipto. En su obra Cats, Ancient and Modern (1966), dichos autores hacen referencia a la talla en el lado izquierdo de un asiento del tipo misericordia de 1530 en Beverley Minster (Yorkshire) donde un gato toca el violín a cuatro gatitos: «El instrumento conectado con la veneración a Isis y a Bast, la diosa con cabeza de gato, era el sistro, que también tenía cuatro cuerdas y la repetición del número «4» se cree que significa el número de semanas en el mes y, por tanto, se refiere a la diosa lunar». Por su parte, al referirse a dicha talla, Tindall Wildridge ha señalado en su obra The Grotesque in Church Art (1899) que la luna significa «medidor» y el gato está «tocando» una medida de la danza. En relación con lo anterior, recordemos que encima del recodo del sistro los egipcios colocaban a menudo un gato con o sin rostro humano y que este instrumento estuvo directamente conectado con Bast.

Dado el importante papel del gato en la religión del antiguo Egipto y su «transmisión» por vía del hermetismo masón en la arquitectura religiosa medieval, parece plausible la anterior explicación sobre las tallas o pinturas de gatos músicos en iglesias y catedrales. Dado que el arte eclesial estuvo conectado con el de los letreros de las posadas, parece una consecuencia lógica que estos gatos con violín «abandonaran» altares y coros para adornar los letreros de tales establecimientos, según mencionábamos al principio de este artículo.

Las cuerdas del violín

Además de las representaciones de gatos violinistas en letreros de posadas, los ingleses poseen una popular rima infantil dedicada al «Cat and the Fiddle» que lleva el nombre de «Hey Diddle Diddle» y data al menos del siglo XVI. Al margen de que fuera la rima la que inspiró el primer letrero o fuera al revés, lo cierto es que la conexión del gato con el violín se ha pretendido explicar en ocasiones recurriendo a diferentes términos. Algunos lingüistas han sugerido que podría proceder de «kit-gut» (tripa de violín), ya que «kit» se refiere al pequeño violín de bolsillo que en otros tiempos tocaban los maestros de baile y, por otro lado, se creía que sus cuerdas estaban hechas con tripas de gato.

Otros han hecho derivar el término «cat-gut» (tripa de gato) de «gut-cord» (cuerda de tripa) para explicar la misma conexión, pero las cuerdas de los violines nada tenían que ver con los gatos. Es más, las cuerdas de los violines nunca se han hecho con tripas de gato porque no sirven para tal fin.

Normalmente se emplean las de ovejas, mulas o caballos.

Un antecedente dudoso sobre tal creencia pero avanzando por algunos investigadores podría encontrarse en el samisén, un instrumento largo parecido a una guitarra utilizado por las geishas del Japón. Se cuenta erróneamente que en tiempos pasados sus cuerdas estaban hechas con tripas de gato, pero no eran sus tripas sino su piel (también la de perro) la que se utilizaba en la construcción del cuerpo rectangular del instrumento. Las cuerdas del samisén se han hecho tradicionalmente de seda y en la actualidad se hacen de nylon.

Hay historias sobre geishas que pagaban una misa por las almas de los gatos cuyas vidas habían sido cercenadas prematuramente para proporcionar su piel a estos delicados instrumentos musicales de largo cuello y cuerpo de tambor.

LETREROS CON GATOS VIOLINISTAS

A principios del siglo XVIII (1702-1714) existió una taberna muy famosa en Shire Lane, cerca del distrito londinense de Temple Bar, que se llamaba «The Cat and the Fiddle». Este nombre venía utilizándose desde siglos anteriores y se cree que era una deformación de «Caton Le Fidèle», una frase francesa del

siglo XIII que significaba «El Caballero Fiel». El término «Caton» había sido concedido por los franceses a un gobernador leal que había defendido la ciudad de Calais para el rey Eduardo I. Otras crónicas señalan que había sido un protestante acérrimo durante el reinado de María Estuardo. Sin embargo, J. Larwood y J. C. Hotten señalan en su History of Signboards (1866) que «ya en 1587 encontramos un letrero [llamado] «Catte and Fidle» en el «Old Chaunge»».

Sin duda, el instrumento que
mejor le sienta a un gato y
mejor se adapta a sus patas es un violín

Esto sugiere que «Caton le Fidèle» se habría deformado demasiado  rápidamente.

No obstante, Sillar y Meyler apuntan que María Estuardo murió en 1558 y treinta años es un periodo lo bastante largo para que los parroquianos le pusieran el sobrenombre de «Cat and Fiddle».

Se han ofrecido otras explicaciones alternativas como que la frase inglesa derivó de «A La Chatte Fidèle », nombre que un posadero francés puso a su posada en Faringdon (Devon) en honor de su gata Mignonette.

Una explicación sugiere que el viejo nombre del juego de muchachos denominado «Tipcat» (Tala o Toñas) que se efectúa con un palo grande y otro pequeño era acompañado con música de violín («fiddle» en inglés).

Gran número de los letreros dedicados a gatos con violines han desaparecido. Si los que han mantenido la tradición gozan de popularidad probablemente no sea sólo por su «encanto infantil», sino por los «secretos arcanos» que tras ellos se ocultan aunque raramente seamos conscientes de los mismos.

También hay otros letreros donde los gatos tocan instrumentos musicales. Uno muy famoso representa a un gato vestido con traje escocés y tocando la gaita en East Harlsey (Yorkshire).

Se supone que tal representación es un reflejo satírico sobre los arrieros escoceses que circulaban por la Gran Carretera del Norte. Al parecer en Irlanda fue muy corriente durante un tiempo el letrero con el nombre de «Cat and Bagpipes» (El gato y las gaitas) en las posadas. Otros gatos han sido representados tocando el «chelo», que no deja de ser un instrumento un poco grande para un gato. Sin duda, el instrumento que mejor le sienta a un gato y mejor se adapta a sus patas es un violín, pero lo más importante no es el instrumento elegido por los hombres para convertir a los gatos en unos virtuosos, sino la conexión entre los gatos y la música, un campo en el que han pervivido siempre.

Texto: Isabela Herranz.

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