www.elmundodelgato.com
Un gatito en casa

Un gatito en casa

José Enrique Zaldívar (veterinario)

domingo 25 de octubre de 2015, 17:20h

Parafraseando a Desmond Morris, os puedo decir que el gato doméstico es una contradicción: «Ningún animal ha desarrollado una relación tan íntima con el hombre y, al mismo tiempo, ha exigido y ejercido tal independencia de movimientos y de acción»

Una buena edad para introducir un gatito en vuestro hogar será cuando este haya cumplido los 40-45 días de vida. Con esta edad deberá estar en disposición de ingerir alimentos sólidos. Estos consistirán en dietas húmedas (latas) y un buen pienso de gatitos, que en un principio podéis humedecer con agua templada o leche. Vuestro gato puede tomar leche siempre y cuando no le produzca diarrea. Más tarde deberéis prescindir de hidratar el pienso. Una vez al día suministrarle una pequeña cantidad de alimento enlatado o de pescado.

Su paladar os lo agradecerá. Se trata de animales muy caprichosos con los sabores, así que lo ideal es acostumbrarle desde muy pequeño a la mayor cantidad posible de ellos. Lo podéis conseguir variando la marca de pienso, de lata, del tipo del pescado o incluso de carne. Durante los primeros días es recomendable mantener la misma comida que le daba el criador- vendedor o propietario de la madre.

El cambio posterior, supervisado por vuestro veterinario, deberá ser paulatino, ya que los gatos se adaptan mal a los cambios bruscos.

Llenar por la mañana su comedero, ya que el gato ingiere pequeñas cantidades de alimento a lo largo del día. Olvidaros de que coma a unas determinadas horas. El comedero debe encontrarse alejado de la bandeja donde realizará sus necesidades fisiológicas. Creo que en una cocina se pueden habilitar ambas zonas dejando entre una y otra cuatro o cinco metros de distancia. La primera visita al veterinario no debe demorarse más de dos o tres días, salvo que el gato manifieste algún síntoma extraño (vómitos, diarrea, tos, picor, decaimiento, falta de pelo en alguna zona, costras, estornudos frecuentes, mal olor en las heces…), en cuyo caso debéis visitarnos lo antes posible. No es extraño que un gato recogido de la calle, de un albergue o de algún lugar en donde se hacinen muchos gatos, presente ácaros en los oídos u hongos en su piel que necesitan un tratamiento precoz. Si notáis que se rasca los oídos o le veis alguna calvita en su pelo, llevarle a la clínica. Estos «problemillas» tienen fácil remedio pero no interesa demorarse demasiado en ponerles el tratamiento adecuado. Ya en el veterinario, procederemos a un examen físico exhaustivo y pondremos en marcha un programa de desparasitaciones y vacunaciones. Atenderemos además todas las dudas que tengáis, en especial si éste es el primer gato que entra en vuestro hogar.

Su lugar de descanso debe ser ubicado en un sitio tranquilo, calentito, blando y preferiblemente en alto. Lo cierto es que, con el tiempo, será él quien decida el lugar que más le gusta. Si ha elegido un espacio que os incomoda debéis hacérselo entender lo antes posible. Un lugar habitual serán los armarios, especialmente si es algo tímido o si en vuestro domicilio se da con frecuencia lo que yo llamo «tráfico excesivo de personas». Os recomiendo que no le dejéis acceder a ellos. Conozco casos de familias desesperadas que buscaron a su gato durante tres días y resultó que se había quedado encerrado en el armario.

Los sofás y las camas serán sus sitios predilectos, y vosotros debéis decidir si le consentís dormir sobre ellos o no. Un grito, un ruido fuerte o un leve «chorrito» de agua serán suficientes para hacerles desistir, aunque os aviso que tendréis que ser bastante repetitivos.

La bandeja de eliminación debe ser lo suficientemente grande para permitirle darse la vuelta en su interior. Existen varios tipos. Las que más me gustan son las tapadas, con las que se evita que el gato al ocultar sus excrementos os llene la cocina del sustrato que hayáis elegido. Son muy útiles y casi todos los gatos las aceptan con agrado. Tan sólo en caso de tener la mala suerte de poseer un gato asmático deberéis prescindir de ellas. Actualmente se están imponiendo la bentonita y el gel de sílice como sustratos, al ser más higiénicos y facilitar la limpieza. El problema es que son más caros que la sepiolita.

El gato es un animal muy limpio con respecto a su higiene personal, así que si un día vierais que ha defecado fuera de ella, supondrá que su wc no está todo lo limpio que él desea. Cuando lo limpiéis observad que ha orinado y ha defecado.

¡Cuidado con las bandejas limpias de orina!

Vuestro gato estará padeciendo una patología relativamente frecuente que conocemos como «fluttd», y que suele producirse por una inflamación o una obstrucción del tracto urinario inferior que imposibilita la eliminación de la orina presente en la vejiga. Cuando padecen este problema suelen avisar, encontraréis gotitas de orina en lugares inusuales o le veréis ir y venir a la bandeja con excesiva frecuencia.

Los gatos pasan la tercera parte de su tiempo lavándose. Tienen para ello una lengua muy áspera y una extraordinaria flexibilidad que les permite llegar con ella a toda su superficie corporal. Al gato, salvo raras excepciones, no le gusta el agua. ¿Se le puede bañar? Por poder, se puede, pero no es estrictamente necesario.

Si os apetece hacerlo, dos veces al año serán suficientes, utilizando un champú adecuado para esta especie. A lo que sí deberéis habituarle es al cepillado con el material adecuado para su tipo de pelo.

Un gato persa necesita un cepillado diario, mientras que uno de pelo corto con un par de cepillados semanales tendrá suficiente. Cuanto antes le acostumbréis a esta práctica, mejor. He leído en muchos sitios que les encanta el cepillo; bueno, vosotros mismos les daréis o quitaréis la razón a quienes esto afirman.

Los ojos deben ser limpiados periódicamente con suero fisiológico (el gato persa necesita un especial cuidado), así como los oídos con los productos que vuestro veterinario considere apropiados. Será sencillo si le acostumbráis desde muy pequeño.

El tipo de pelo puede condicionar la elección de la raza. Si usted no tiene demasiado tiempo y paciencia, quizás le interese más un gato de pelo corto y si, por el contrario, esto no es un condicionante, podrá disfrutar del exotismo de las bellas razas de pelo largo.

El gato desarrollará en el hogar una conducta que os suele incomodar: arañará determinados objetos del mobiliario. Debéis entender que éste es un comportamiento natural a su especie cuyo fin es marcar su territorio. Son marcas visuales y olfativas y además sirven para poner a punto sus armas defensivas, las uñas. Unos lo harán con más frecuencia que otros. Debéis adquirir un rascador. Los hay de varios materiales, de esparto, de cartón, de moqueta…

A mí, el que mejor resultado me da es el de cuerda de esparto. Colocarlos en lugares de paso, es decir en las zonas por las que vuestro gato piense que puede pasar un enemigo que quiere invadir su territorio. De nada os valdrá, por tanto, colocarlo al lado del cesto de la ropa sucia.

Una vez instalados el o los rascadores, debéis llevar al gato y frotar suavemente sus patas contra él. Es complicado pero con paciencia lo conseguiréis. Se dan casos excepcionales en los que el gato no hace caso y sigue arañando sofás, sillas, visillos, alfombras…

Tengo experiencias profesionales realmente insostenibles. Para estos casos, podemos optar por las alternativas quirúrgicas que son la tenectomía o la desungulación. Algún amante del gato pensara ahora que soy un salvaje. Pues bien, prefiero un gato que haya pasado por el quirófano para evitarle este serio problema a su dueño, que a este mismo gato alimentándose de basura en cualquier calle de mi ciudad. No soy partidario de ninguna de las dos operaciones, pero creedme si os digo que en algunas ocasiones no queda más remedio. Vuestro veterinario os explicará en qué consisten si le mostráis vuestra preocupación al respecto.

Cuando el gato alcance la pubertad comenzará a dar la «lata» con el celo. Las hembras suelen manifestarlo antes que los machos. En las primeras aparecerá entre los 6 y los 10 meses, según la estación del año en que nos encontremos, ya que esta manifestación de deseo sexual está muy influida por el foto periodo — horas de luz—. El celo es más frecuente en otoño y en invierno —días más cortos—.

La raza más precoz en este aspecto es la siamesa, y la más tardía, la persa. El macho presentará su primer celo con 9-12 meses, manifestándolo de manera «perpetua ». Podéis pensar que las gatas tienen el celo cada cierto tiempo, pero lo cierto es que hay muchas que, un mes sí y otro también, manifiestan su deseo de encontrar un chico guapo que las consuele. Esto es debido a la formación de quistes en sus ovarios, ya que la gata sólo ovulará si es copulada por un gato. El macho os demostrará su celo orinando donde le venga en gana y su orina estará impregnada de un fuerte olor. Es lo que llamamos marcaje.

La hembra maullará hasta quedarse afónica sin importarle vuestro sueño o el del vecino, adoptará posturas similares a las que utiliza para atraer al macho y se frotará contra vuestras piernas constantemente. Algunas orinarán sobre objetos impregnados del olor de sus dueños. En estos periodos ingieren menos cantidad de alimento y las voces masculinas les atraerán especialmente.

Los gatos deben ser castrados. La técnica quirúrgica es sencilla. En nuestra clínica utilizamos una tranquilización profunda a la que añadimos anestesia local. El resultado es excelente y os entregaremos a vuestro gato igual de animoso que cuando le dejasteis. A partir de este momento realizaremos un cambio de alimentación, ya que tendrá una ligera propensión a comer más y, en consecuencia, a ganar peso.

Olvidaros de la falacia de que tras la castración el gato pierde capacidad y ganas de jugar.

Existen dos maneras de inhibir el celo en las gatas: hay un método químico (medicamentos) y otro quirúrgico (extirpación de ovarios u ovarioectomia). Sobre el primero os diré que no lo recomiendo bajo ningún concepto, ya que a la larga provocará serios problemas de salud, como diabetes, cáncer de mama, infecciones e inflamaciones de matriz… La castración es una técnica relativamente sencilla que implica anestesia general y un postoperatorio un poco engorroso, ya que tendremos que evitar que la gata se toque los puntos hasta que decidamos quitarlos.

Es la opción más razonable y cuanto antes la llevemos a cabo mejor, antes incluso del primer celo o inmediatamente después de éste. Al igual que en el caso del macho tendremos que modificar su alimentación.

Existen en el mercado excelentes piensos para gatos y gatas castradas.

Muchos propietarios de gatos os mostráis extrañados de la cantidad de horas que pasan durmiendo. Es normal, los gatos pasan las dos terceras partes de su vida «soñando con los angelitos». Lo hacen durante pequeños periodos muchas veces al día, alternando sueños ligeros con profundos.

Los ratos que no duermen se acicalan, comen o juegan. Debéis tener siempre a su disposición juguetes adecuados o, en su defecto, una pelota hecha con papel de aluminio, o bien una aceituna con olor a anchoa (les encanta jugar con ellas).

La primera desparasitación interna se debe realizar cuando el gato tiene un mes de vida, y por tanto será la persona que lo tiene en esa edad quien será responsable de llevarla a cabo. Cuando el gato es pequeño no habrá demasiada dificultad en hacerle tragar una pasta o una pastilla. Según vaya creciendo, el asunto se volverá un poco más complicado, pero no os preocupéis, los laboratorios ya tienen previstos estos contratiempos y disponemos de antiparasitarios que se administran por medio de pipetas que se aplican sobre la piel. Esta desparasitación se repetirá quince días después y otra vez más transcurrido un mes (ver cuadro). Una vez terminado el programa inicial de vacunas, dos desparasitaciones al año serán suficientes (cada 6 meses), excepto en el caso de que viváis en un chalet, casa baja o buhardilla y vuestro gato pase largos periodos fuera de casa. En este caso, deberéis darle un producto adecuado contra parásitos internos cada 3 meses.

Con respecto a los parásitos externos (pulgas especialmente) vuestro veterinario decidirá cuándo y el qué debéis suministrarle, ya que será sumamente raro que, viviendo en un piso, las pulgas tengan alguna posibilidad de entrar en contacto con vuestro gato. Si sale al exterior o vivís en climas cálidos y húmedos, os recomendará un pulguicida para determinadas épocas del año. Existe una enfermedad, que se da en determinadas zonas de España y que llamamos filariosis, que es transmitida por un mosquito. Consultar a vuestro veterinario de cara a las vacaciones estivales sobre la conveniencia o no de protegerle contra esta grave y peligrosa enfermedad.

Las vacunas nos van a permitir inmunizar a vuestro gato contra una serie de virus, como son herpesvirus, calicivirus, virus de la panleucopenia, el de la leucemia felina y el del PIF (peritonitis infecciosa felina).

La primera que vamos a administrar es la triple vírica que cubre las tres primeras enfermedades mencionadas, y la pondremos cuando vuestro gatito haya cumplido los 50 días, repitiéndola un mes después.

La vacuna de la Leucemia, la aplicaremos a los 60-65 días y también la repetiremos 30 días después. Según mi criterio todos los gatos deben recibir estas vacunas, aún siendo la Leucemia una enfermedad sólo transmisible por contacto directo (agua, comida, mordedura…) con un gato infectado. Vuestro veterinario os explicará el por qué. En determinados casos será necesario hacer un análisis de sangre previo a la aplicación de esta vacuna.

El PIF es también susceptible de inmunización a través de una vacuna de aplicación intranasal, por lo que debe ser vuestro veterinario el que decida la conveniencia o no de aplicarla. Yo suelo recomendarla dentro del programa vacunal habitual. Actualmente muchas vacunas incluyen una fracción que le protegerá contra Clamidias, que son unas bacterias capaces de provocar serias conjuntivitis. La vacunación contra la rabia no es obligatoria, pero sí lo es en casi toda España la identificación con microchip, en todo caso recomendable. Vuestro gato puede despistarse en el campo, puede saltar por la ventana de vuestra vivienda (gatos paracaidistas) o escaparse por la escalera. Ha sucedido, sucede y sucederá. Si tiene microchip será mucho más fácil que le recuperéis.

En nuestra clínica ponemos de forma rutinaria la vacuna antirrábica, y lo hacemos pensando en vuestra tranquilidad y en la de los posibles visitantes de vuestro hogar que, en un momento determinado, pudieran ser mordidos o arañados en un «lapsus mental» de vuestro gato.

En alguna ocasión he tenido que atender algún gato cuyo propietario ha oído ruidos extraños que salen de su garganta. Lo que hacen los gatos es ronronear. Este ruido ha sido interpretado como expresión de lo contento que está el animal. Pues bien, esto no es del todo cierto. Los gatos aquejados de dolor, heridas, de parto, e incluso moribundos, ronronean. Recuerdo una gata con un agujero en la traquea, provocado por la mordedura de otro gato que lo hacía. Una explicación más precisa es que el ronroneo indica un estado de ánimo social amistoso: por parte de un gato herido, por ejemplo, puede considerarse como señal para un veterinario de que el animal necesita ayuda o la pide, o como una señal hacia su dueño dándole las gracias por su amistad.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)
Compartir en Google Bookmarks Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti

+

0 comentarios