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Oncología felina (I)

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:16h
Oncología felina (I)
Texto: José Enrique Zaldívar

Antes de iniciar la exposición del artículo que vais a tener la oportunidad de leer en este número de EL MUNDO DEL GATO, debo manifestar que mi interés sobre el tratamiento del cáncer, exceptuando las técnicas quirúrgicas, ha sido hasta hace muy poco, nulo. Recientemente ha llegado a mis manos un excelente libro sobre esta especialidad de la clínica veterinaria de pequeños animales y, dado que cada día son más los compañeros que dedican su tiempo a esta disciplina, he creído conveniente la publicación de un par de artículos al respecto. En el primero escribiré sobre las generalidades que rodean a la oncología y en el siguiente me centraré en las posibilidades de tratamiento de las que son susceptibles algunos de los tumores más frecuentes en la especie felina.
La pregunta es sencilla: ¿Por qué deben los veterinarios estar interesados en el cáncer en pequeños animales? Pues la respuesta también es sencilla: cada día son más los casos de cáncer que vemos en nuestras clínicas. Podemos buscar muchas razones pero, evidentemente, la más convincente es que cada día los gatos viven más años. Desde que el cáncer es, con frecuencia, una enfermedad de animales mayores, el precio que pagan por vivir más tiempo incrementa las posibilidades de desarrollarlo.

De los 90 millones de gatos que viven en Estados Unidos, al menos 4 millones pueden desarrollar cáncer cada año. En 1998 una encuesta desarrollada sobre la salud animal a más de 2.000 encuestados, indicó que el cáncer fue la principal causa de muerte por enfermedad en gatos (32 por 100). El gran desarrollo que ha mostrado la medicina humana en este tipo de desafíos, ha conducido a que los veterinarios tengan hoy la capacidad de tener alternativas terapéuticas para intentar paliar los devastadores efectos de este tipo de enfermedad en los pequeños animales. Teniendo en cuenta esta premisa, podemos decir que los veterinarios debemos enfocar a la mascota con cáncer de manera positiva, compasiva y con conocimiento. Les debemos a nuestros animales de compañía y a vosotros, sus propietarios, el estar bien informados y a la última en los tratamientos para prevenir que se extiendan sentimientos de desesperanza innecesarios.

Un dato sumamente importante en el desarrollo de las investigaciones para tratar el cáncer en gatos, es el hecho de que éstos comparten el mismo ambiente que sus propietarios y pueden servir de centinelas epidemiológicos y etiológicos que causan la evolución de los modelos de desarrollo del cáncer en seres humanos.

La mayoría de los tumores en animales progresarán a un ritmo más rápido que en sus homólogos humanos. Esto permitirá una determinación más rápida de los estadios finales, como el tiempo de metástasis, la recurrencia local y la supervivencia. Lamentablemente, y ésta es una de las razones que me han mantenido durante mucho tiempo alejado de esta parte de la medicina veterinaria, los ensayos clínicos en gatos pueden ser objeto de abusos y permitir tratamientos diversos y poco éticos. La afirmación de que: “tenemos la obligación de no negar a nuestros pacientes un tratamiento eficaz conocido” es la que me ha llevado a proponer este artículo, pero ¿podemos planificar unas pruebas clínicas prospectivas bien diseñadas de nuevos métodos de tratamiento? Creo que cuando tenemos la posibilidad de alargar la vida de vuestro gato durante un periodo razonable de tiempo, sin que el tratamiento establecido suponga alargar el sufrimiento de vuestra mascota, la respuesta será sí. No lo será cuando lo único que persigamos sea aumentar la factura a sabiendas de que no vamos a conseguir ninguna mejoría. Por desgracia, casos como el mencionado, se dan con demasiada frecuencia en mi profesión, en éste y en otros aspectos de la misma.

Actualmente se da un hecho de suma importancia en la investigación del cáncer: los nuevos métodos de tratamiento son cada día más difíciles de realizar en animales de laboratorio sanos debido a los grupos de defensa de los animales. Esto hace que los animales con tumores de aparición espontánea sean herramientas de investigación más atractivas y moralmente más aceptables en el futuro, pero no debe implicar una “investigación” mal concebida y ejecutada en cualquier animal. No todo puede ser permitido y se deben establecer determinadas barreras morales y éticas que los códigos deontológicos de la profesión veterinaria, como se ha demostrado hace tiempo, son incapaces de hacer cumplir.

Los veterinarios somos conscientes de que no todos los propietarios accederán a que su animal reciba tratamientos pre o post quirúrgicos contra el cáncer, pero también sabemos que existe un grupo de ellos que sí estará dispuesto. El trabajo con estos propietarios puede ser un aspecto muy satisfactorio dentro de una especialidad, en ocasiones, muy frustrante. Podemos decir que los retos y logros en oncología han sido en ocasiones impresionantes y que la investigación en este campo ofrece oportunidades ilimitadas para la búsqueda de conocimientos en beneficio de los animales y de la humanidad.

La genética del cáncer se basa en lo que se denomina IPP, es decir, “Iniciación, Promoción, Progresión”, que no es más que un punto de partida útil para definir las bases genéticas del cáncer. Podemos decir que el cáncer es una enfermedad compleja y multigénica y este modelo es uno de los primeros en reconocer una progresión secuencial de mutaciones que pueden contar para el cáncer. En el modelo IPP, una mutación genética dota a una célula con un ilimitado potencial de replicarse o con otras ventajas a nivel de supervivencia o crecimiento con respecto a otras células de su medio ambiente (iniciación). Por sí sola, esta mutación no es suficiente para dar lugar al desarrollo del tumor, ya que la célula sigue estando limitada a factores ambientales. Una segunda mutación (o una serie de mutaciones) aumenta más la capacidad de la célula para competir con las vecinas en este entorno, llevando este potencial de expansión a una masa tumoral reconocible (promoción). Por último, una tercera serie de mutaciones refuerza el potencial de las células malignas (invasión, destrucción del tejido y metástasis) que conducen a la enfermedad clínica (progresión). Podemos decir, por tanto, que las mejoras en la prevención y el tratamiento, necesitarán de una clara y profunda comprensión de las bases genéticas del cáncer para idear estrategias que inhiban o hagan retroceder los actos relacionados con la promoción y la progresión.

Se calcula que, al menos, cinco eventos mutacionales se necesitan para una transformación maligna manifiesta y que parece ser necesaria una inestabilidad del genoma para provocar una autorrenovación de la población celular, cuya descendencia crecerá para causar una enfermedad clínica. Por último, una subpoblación que está dotada con propiedades metastásicas y es resistente a las drogas, conduce a la muerte del paciente con cáncer. Los conocimientos actuales nos permiten predecir el comportamiento, el pronóstico y la respuesta al tratamiento de algunos tipos de cáncer y creemos que la disponibilidad y utilidad de estas herramientas en la práctica clínica se ampliará rápidamente. Por lo tanto, cuando seamos capaces de mejorar nuestra compresión sobre los mecanismos fundamentales que dan cuenta de la transformación maligna y la progresión tumoral, seremos capaces de diseñar estrategias mejores para la prevención y terapia del cáncer.
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