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El gato y las pulgas

El gato y las pulgas

Texto: José Enrique Zaldívar (Clínica Veterinaria Colores: www.consultavet.es/colores)

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:16h
La presencia de pulgas en el gato doméstico será más o menos frecuente según el hábitat donde se mueva y de la época del año en que nos encontremos. Raramente las veremos en gatos que viven y han nacido en pisos o apartamentos, pero no será extraño verlas en gatos que habitan en chalets, en casas bajas o en gatos recogidos de la calle o de refugios.
Las pulgas son insectos pequeños, de color marrón. Tienen seis patas y su estructura corporal se adapta para dar saltos potentes, lo que las permite trasladarse entre sus huéspedes. Como dependen de ellos para obtener su protección y sangre, las pulgas pasan su vida adulta completa en su superficie.

Existen muchas especies de pulgas, y aunque los gatos podrían ser huéspedes transitorios de casi todas, sólo C. felis, C. canis, especies de Pulex y E. gallinacea producen problemas médicos en ellos. La C. felis es la especie más común, con cifras de prevalencia superiores al 97 por 100 en los gatos. No es infrecuente tampoco la presencia en el gato de pulgas de aves de corral (E. gallinacea), sobre todo en climas cálidos y en aquellos animales que se mueven en ambientes que están o estuvieron ocupados por aves.

Las pulgas se desarrollan mediante metamorfosis desde el huevo a la forma adulta, a través de tres estadios de larva y uno de pupa. Las hembras ponen los huevos sobre el gato, mientras éste descansa o duerme. A continuación estos huevos caen al medio ambiente donde terminan su desarrollo. Las larvas se desplazan a lugares cálidos y tranquilos (una larva puede desplazarse 40 centímetros) como las alfombras, las grietas de los suelos de madera, debajo de la superficie del suelo o los desechos orgánicos del exterior. Las condiciones ideales para su desarrollo son temperaturas de 20-30 grados con una humedad relativa interior del 70 por 100, siendo este último factor el más importante para su desarrollo. Podemos decir que en la mayoría de los hogares una pulga completa su ciclo vital en 3-4 semanas. Las pulgas adultas se alimentarán de sangre y comenzarán de nuevo el ciclo con la puesta de huevos (40-50 huevos por día). En ausencia de un gato del que alimentarse morirán en el plazo de 12 días.

La mayor parte de las pulgas se desplazan sin dificultad alrededor del cuerpo del huésped, y se pueden hallar casi en cualquier parte. El gran problema de la pulga es su saliva, que contiene una gran variedad de sustancias que pueden ser irritantes o alergénicas. Los signos clínicos asociados con la alimentación de las pulgas son variables y dependen del número de parásitos presentes, la tolerancia del huésped a la irritación cutánea y, lo más importante, a la presencia o ausencia de hipersensibilidad a la saliva de la pulga. Los gatos que no son alérgicos a la picadura de la pulga (saliva) pueden albergar números variables de pulgas exhibiendo poca o ninguna repuesta clínica ante ellas. En casos de una alta parasitación existirá el riesgo de una importante anemia. Se sabe que 72 pulgas pueden consumir un mililitro de sangre por día. Dado que el gato es un animal con una importante capacidad de limpieza gracias a su lengua, la misma irritación que producen las pulgas hace que el gato elimine gran cantidad de ellas. La intensificación de la conducta de acicalamiento y rascado del animal las hará caer al medio ambiente e impedirá que un gran número de ellas se alimenten al mismo tiempo.

Aparte de la pérdida de sangre, de la irritación cutánea y de los posibles fenómenos de hipersensibilidad (alergia) que puedan producir, las pulgas son transmisoras de la tenia Dipylidium caninum y pueden ser vectores de algunos agentes infecciosos.

Si bien las pulgas tienen un determinado periodo de vida (poco más de cien días), suelen desprenderse después del acicalamiento, e incluso pueden ser deglutidas por los gatos. Además se sabe que tienen menor eficiencia reproductora cuando se alimentan de un animal alérgico.

El problema cuando nos encontramos con un gato con pulgas, es que el tratamiento incorrecto de cualquier área, en especial la casa, puede anular la eficacia de cualquier programa de control. En general, deberemos utilizar pesticidas en los animales y en su medio ambiente, dado que la mayor parte de ellos tienen un efecto residual. Es importante que sepáis que el uso del mismo producto para tratar al gato y al medio ambiente puede producir intoxicación debido a la absorción desde ambos sitios.

Los gatos más difíciles de tratar son aquellos que viven en semilibertad, y que se dedican por tanto a pasear por jardines o zonas próximas a contenedores de basura (zonas frecuentemente visitadas por gatos asilvestrados). Explicarle a nuestro gato que no debe visitar estas zonas es una utopía, así que en estos casos nos limitaremos, como tratamiento exterior, a la aplicación de alguno de los muchos productos existentes en nuestro jardín (polvos, líquidos o gránulos), así como a eliminar la mayor cantidad de detritus orgánicos que podamos. Si vuestro gato viaja con frecuencia en el coche, acordaos de pasar la aspiradora de vez en cuando y de hacer uso de un pesticida de acción corta y baja toxicidad, como son las piretrinas.

En cuanto al interior de la casa, la dificultad aumentará cuanto mayor sea el número de animales que allí habitan. Todo sector que éstos atraviesen o visiten deberá recibir tratamiento, aunque como es lógico, las zonas con mayor número de pulgas serán aquellas en las que descansan los animales. Dado que el gato duerme donde le parece, la dificultad se verá aumentada por esta circunstancia. Se deben aspirar todas las áreas, pero en especial el mobiliario, el suelo debajo de los muebles, los zócalos y todas las alfombras. La aspiradora debe ser vaciada después de su uso. Un buen electrodoméstico para usar en estos casos son las «vaporetas», aunque la mayoría de ellas no producen vapor verdadero y elevan la temperatura de las alfombras a valores demasiado bajos para eliminar las larvas. Aún así, conseguiremos eliminar los detritus orgánicos y las heces de pulga, que las larvas utilizan como alimento. Una vez tratadas las alfombras se deberá aplicar sobre ellas un pesticida. Estos productos podrán ser aplicados por vosotros o bien por alguna empresa contratada para tal fin. Si optáis por esta última debéis informaros de los productos que van a usar, para que no sean los mismos que habéis utilizado sobre vuestros gatos. Si decidís aplicarlos vosotros mismos, los más recomendados son los piretroides, a los que se debe añadir un regulador del crecimiento de insectos, como son el metopreno, fenoxicarb y el piriproxifeno.

En cuanto al tratamiento del gato, debéis saber que ningún pulguicida tiene una eficacia del cien por cien durante el intervalo completo hasta la siguiente aplicación. Es importante saber que en una casa con varios animales, deben ser tratados todos. La clave de los tratamientos está en su uso regular. El gato deberá ser cepillado cada semana y, si se observan heces de pulga, se deberá comentar al veterinario para que haga los ajustes oportunos en los tratamientos. Un peinado continuo de diez minutos puede eliminar el 81 por 100 de las pulgas del manto.

El arsenal terapéutico para tratar las pulgas es enorme, y cada año se ve incrementado con la aparición de nuevos productos. No me extenderé más de la cuenta en este apartado, ya que será vuestro veterinario el que decida cuales son los más efectivos, según su experiencia y vuestro caso concreto.

Podemos decir que en la actualidad los más utilizados son los llamados «productos de aplicación local» (spot), que se venden en forma de pipetas. El producto se aplica en uno o dos lugares sobre el dorso del gato, a partir de los cuales se difunden por toda la superficie del cuerpo.

Los champúes son muy válidos si se utilizan adecuadamente. Se ha demostrado que un buen champú antiparasitario es capaz de eliminar al cien por cien las pulgas que se encuentren en ese momento en el cuerpo del animal, dejando una relativamente buena acción residual. Su eficacia ante una parasitación es cuestionable, ya que después del baño se deberá aplicar otros insecticidas, lo que unido al precio alto de estos productos, no hace muy aconsejable su uso.

Si pensáis, después de leer este artículo, que vuestro gato es un firme candidato a ser visitado por este desagradable «amigo», es el momento dada la época del año en que nos encontramos, de consultar con vuestro veterinario.
«El que avisa no es traidor».

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