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Hipertiroidismo Felino

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:16h
Hipertiroidismo Felino
Texto: José Enrique Zaldívar (Clínica Veterinaria Colores)

Se dice que es la enfermedad hormonal más frecuente en gatos, aunque para mí lo sea, por lo menos en España, la diabetes mellitus. El hipertiroidismo es un proceso multisistémico resultante de la excesiva producción y secreción de T3 y T4 por la tiroides y casi siempre es secuela de una enfermedad intrínseca crónica en uno u ambos lóbulos tiroideos.
El bocio adenomatoso multinodular es la alteración más frecuente encontrada en los gatos hipertiroideos. El 20 por cien de los gatos tienen afectación unilateral, pero en estos casos el lóbulo no afectado es atrófico.

Normalmente, la causa de que se produzca mayor cantidad de hormonas tiroideas en un gato es la aparición de un adenoma (hiperplasia adenomatosa tiroidea funcional) en la glándula tiroides. En casi el 70 por cien de los gatos hipertiroideos, los dos lóbulos del tiroides están agrandados, mientras que en el resto la afectación es monolobular.

La presencia de un carcinoma como causa de la enfermedad se reduce a 1-2 por cien de los gatos.

Podemos decir que es una enfermedad relativamente moderna, ya que los primeros casos que se diagnosticaron en el Animal Medical Center datan de 1970 y cuando en realidad se reúne una importante casuística es a partir de 1978.

Esta alteración de naturaleza hormonal se presenta en gatos de entre 4 y 22 años (rango medio de 13) y tan sólo un 5 por 100 de los gatos afectados tiene menos de 10 años. Afecta por igual a gatos de pelo largo y corto, pero los Siameses y los Himalayos tienen
menos riesgo de padecerlo.

SÍNTOMAS DEL GATO HIPERTIROIDEO
Las manifestaciones clínicas de la enfermedad pueden ser leves o intensas y variaran fundamentalmente en función de que existan otras anormalidades concomitantes en otros sistemas orgánicos, ya que al tratarse de una enfermedad multisistémica serán varios los órganos afectados.

Como los signos clínicos son tan variables, la presencia o ausencia de uno no diagnostica ni excluye el hipertiroidismo.

En la mayoría de los casos el proceso progresa con lentitud. Sumado a esto, el hecho de que muchos gatos mantengan un apetito bueno y sean activos para su edad, generalmente hace creer al propietario que el animal está bien, hasta que se desarrollan la pérdida de peso u otras alteraciones más obvias.

Os puedo decir que si vuestro gato es hipertiroideo con la enfermedad en pleno desarrollo, por lo general perderá peso, y mostrara un manto desgreñado, con excesiva
muda y nudos. Se mostrará más inquieto y será difícil de examinar e incluso podrá morder y arañar. Esto se debe a que tienen menor tendencia a tolerar situaciones
de tensión. Se han dado casos de insuficiencia cardiorrespiratoria por el solo hecho de trasladarles a la clínica y ser examinados en ella. En el peor de los casos, la presentación de arritmias y el consiguiente paro cardiaco pueden provocar un desenlace fatal.

El aumento de tamaño de uno o de los dos lóbulos tiroideos puede ser detectado por palpación. La tiroides no es palpable de ordinario en un gato sano, aunque no
siempre que sean palpables podremos decir con seguridad que el gato es hipertiroideo. En algunos casos la palpación de la glándula se hace imposible, ya que se puede haber desplazado hacia la entrada torácica. Alguno de estos gatos puede mantenerse con una funcionalidad del tiroides normal y desarrollar al cabo del tiempo la sintomatología clínica.

Las elevadas concentraciones de hormonas tiroideas afectarán al sistema nervioso y podrán inducir cambios conductuales, como hiperactividad, inquietud, irritabilidad
o agresión. En el hogar, estos gatos pueden andar desorientados y caminar en círculos. Aunque rara vez, también se pueden dar casos de convulsiones focales o generalizadas típicas de la epilepsia. Se puede dar menos facilidad para saltar, manifestada por intentos fallidos y fatiga asociada con la actividad física.

El aumento del apetito y consumo de alimentos son signos relativamente comunes, como respuesta al incremento del empleo calórico. Incluso no es infrecuente encontrar
gatos que alternan periodos de escaso consumo con otros de consumo normal o exagerado de alimentos.

Estos momentos de polifagia pueden ser los causantes de los vómitos que a veces se presentan. La hipermovilidad intestinal seria la responsable de las diarreas y de los mayores volúmenes de heces. Además puede haber presencia de esteatorrea (grasa en las heces), provocada por una alteración de la excreción pancreática debida al exceso de hormonas tiroideas.

El hipertiroidismo y la insuficiencia renal son enfermedades frecuentes en los gatos gerontes (seniles) y a menudo son concurrentes. Desafortunadamente el hipertiroidismo
puede incrementar la funcionalidad renal de tal forma que enmascare la existencia de esta enfermedad renal. Pues bien, cuando empezamos a tratar el hipertiroidismo y normalizamos los valores de hormonas tiroideas, nos podemos encontrar con la desagradable aparición de un fracaso renal.

A nivel respiratorio, algunos gatos afectados presentan disnea, jadeo o hiperventilación en reposo, ya que el estado hipertiroideo puede provocar múltiples alteraciones en la función respiratoria, incluidas una reducción de la capacidad pulmonar, con incremento del número de respiraciones por minuto.

En cuanto al sistema cardiovascular, merece una mención especial la cardiomiopatía tirotóxica. En la auscultación nos podemos encontrar con soplos, arritmias y ruidos de galope (es un sonido similar al galope de varios caballos), al que yo me refiero para hacer un símil que el propietario entienda como, «tiene una carrera de caballos en el corazón». En el peor de los casos se puede presentar edema de pulmón y acúmulo de líquido entre las pleuras, que podremos observar mediante radiografías.

Es interesante la realización de una ecocardiografía, ya que se pueden ver alteraciones de la estructura del corazón como son la hipertrofia ventricular izquierda, espesamiento del tabique interventricular, dilatación de las cámaras izquierdas e hipercontractilidad
miocárdica. Más rara, aunque a veces se presenta, es la miocardiopatía dilatada. En un electrocardiograma suele aparecer taquicardia sinusal y ondas R aumentadas. Las
arritmias ventriculares y los defectos de la conducción también pueden ser registrados.

La hipertensión es común en gatos hipertiroideos, aunque es clínicamente silenciosa. Las hemorragias y desprendimientos de retina son las complicaciones más comunes pero, en general, las lesiones oculares no suelen identificarse en esta clase de pacientes.

Todo esto se produce por qué el hipertiroidismo provoca un gasto cardiaco elevado, pero la mayoría de estas alteraciones del corazón remiten cuando el tratamiento establecido consigue normalizar los niveles hormonales.

DIAGNÓSTICO
Ante la sospecha de un gato hipertiroideo debemos realizar un análisis de sangre completo. En el hemograma puede aparecer un aumento de glóbulos blancos (neutrófilos), con eosinopenia (descenso de eosinofilos) y linfopenia (descenso de linfocitos). El recuento de glóbulos rojos suele ser normal o ligeramente elevado.

A nivel de alteraciones bioquímicas, en el suero suele haber elevación de las enzimas hepáticas (ALT, AST, ALKP, y LDH). Tampoco es extraño encontrar elevación
de los marcadores renales, como son la UREA y la CREATININA.

No debemos olvidar lo comentado anteriormente en cuanto a que la aplicación del tratamiento específico del hipertiroidismo puede llevar al empeoramiento de los signos relacionados con esta presumible alteración renal. Algunos gatos presentan el fósforo elevado.

El incremento de las concentraciones séricas basales de hormona tiroidea constituye la característica clínica del hipertiroidismo. Se deben valorar la T3 y la T4, aunque
la segunda es de más valor, ya que un 25 por cien de gatos hipertiroideos marcan valores normales de T3.

Aun así, habrá un 10 por 100 de gatos hipertiroideos que mostraran valores normales de T3 y T4. Esto se debe fundamentalmente a las amplias fluctuaciones que se producen en estos valores o a la presencia de alguna enfermedad concomitante que impediría la elevación de estas hormonas. En estos casos se debe hacer más de una medición en sangre de ambas hormonas y descartar la presencia de otros procesos extratiroideos.

Una prueba que nos puede salir de dudas es la estimulación con hormona liberadora de tirotropina (TRH).

Consiste en comparar los valores de T4 antes y cuatro horas después de inyectar al gato TRH. Los gatos normales mostraran un aumento notable de T4, mientras que los que tienen la enfermedad apenas mostraran cambios en los valores anteriores y posteriores a la inyección de TRH.

Esta prueba provocará unos efectos secundarios importantes pero transitorios, como son salivación, vómito, taquipnea (respiración rápida y poco profunda) y salivación, que duran cuatro horas. Esta prueba está cayendo en desuso y para casos dudosos se prefiere la realización de otra prueba, conocida como prueba de supresión con T3, que se interpreta en función del valor que adquiere la T4 después de suministrarle T3 al gato sospechoso. La densidad urinaria varía desde 1.008 hasta 1.050, aunque la mayoría de los gatos hipertiroideos tienen densidades superiores a 1.035. Este parámetro nos sirve para conocer si existe o no alteración renal en aquellos casos en que se encuentre elevada la urea.
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