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Gatos de ciudad versus gatos campestres

Gatos de ciudad versus gatos campestres
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Texto: Beatriz Moragues

sábado 10 de noviembre de 2018, 09:08h

Nuestros queridos gatos pueden vivir de diferentes maneras: en el campo, en la ciudad, vagabundeando por las calles… En este artículo nos centraremos en los gatos que son criados en una casa o piso sin acceso al exterior y en aquellos que viven en el campo. También nos detendremos someramente en el antepasado del gato doméstico, el gato salvaje.

Gatos de ciudad versus gatos campestres

EL GATO SALVAJE

El gato salvaje, no mucho más grande que un gato doméstico, ocupa el segundo lugar en cuanto a felinos salvajes europeos se refiere, denominándose también gato montés o gato montés euroasiático.

Este felino se encuentra protegido desde hace varios años, ya que su hermosa piel le llevó al borde de la extinción.

Actualmente, el lugar donde se halla en más cantidad es en el sistema montañoso de Europa Central de los Cárpatos.

El gato salvaje es de complexión fuerte, la mayoría posee un manto pardo que se aclara en el abdomen. Su cola, de pelo abundante, es más amplia que la del gato doméstico.

A este felino, al contrario que a los cariñosos gatitos que tenemos en casa, no le gusta la compañía humana y vive en lugares distanciados de ciudades o cualquier tipo de centro urbano, preferentemente en bosques. Su alimentación se compone principalmente de invertebrados y pequeños roedores y anfibios.

No se sabe con seguridad, pero se sospecha que este felino sufre la amenaza de desaparecer como tantos otros animales salvajes. Entorpece su seguimiento y observación su personalidad arisca y poco sociable y su costumbre de moverse preferentemente por las noches.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo tiene catalogado como «amenazado».

El gato salvaje se empareja en los meses de febrero y marzo y ya en el mes de mayo nacen las camadas acomodadas por sus madres en las guaridas olvidadas de otros animales, en las oquedades de las rocas o en las grietas de los árboles. Se cree que el gato salvaje africano es el antepasado de todos los gatos domésticos.

GATOS DE CIUDAD
Tenemos a nuestro gatito dormido, confiado, tranquilo, en nuestras rodillas o en el sofá, a nuestro lado, mientras leemos un libro o vemos la televisión. Sabemos que está seguro, nada le puede ocurrir dentro de casa. Le cuidamos, le alimentamos, le acariciamos cuando requiere nuestra atención, estamos pendientes de cualquier cosa que le ocurra y él vive su vida feliz y relajado, seguro de estar en el lugar adecuado y con los mejores compañeros de viaje.

El gato brilla por su inteligencia, su refinamiento y su independencia, sin dejar por ello de ser un animal sociable y cariñoso. Ya desde pequeño, cuando deja de depender del alimento de su madre, ésta le irá enseñando a ser autosuficiente hasta el extremo de rechazarle para que aprenda a valerse por sí mismo.

Este maravilloso felino, criado con mimos desde pequeño, es un invitado exigente en lo que a alimentación se refiere. Su sensibilidad olfativa le ayuda a distinguir una comida en buenas condiciones de otra que no lo esté. Muchos gatos rechazan la comida cuando no está a la temperatura adecuada, demasiado fría o demasiado caliente, e incluso ya no quieren los restos de una latita de comida abierta el día anterior, a pesar de que esté en perfectísimas condiciones. Y de nada servirá nuestra insistencia, hasta que no le abramos otra latita nueva él no va a probar bocado. Y es que, como ya dijo la escritora y enamorada de los gatos Pam Brown: «Los gatos saben por qué no deberían perder el tiempo aprendiendo palabras.

Después de todo, no tienen ninguna intención de obedecer a nadie».

Es importante en un gato que no tiene acceso al exterior, proporcionarle malta periódicamente, sobre todo si es un gato de pelo semilargo o largo. Cuando su principal alimento es la comida seca, también se puede complementar su dieta una vez por semana con otro tipo de comida: trocitos de pollo (siempre sin hueso, por supuesto), latitas especiales para gatos, sardinas enlatadas, atún… Seguro que esa diversidad de alimentos despertará su interés y apetito, contribuyendo a su bienestar y felicidad. Y no hay que olvidar nunca que es contraproducente alimentar a un gato exclusivamente con sobras de nuestra comida, como se hacía antiguamente, o con alimentos destinados a otros animales, por ejemplo, pienso o latitas para perros.

El juego también es muy importante para nuestro gato casero y será necesario jugar con él de vez en cuando y proporcionarle juguetitos para que no destroce las cortinas o aparezca nuestra zapatilla de repente en el centro del salón. A los gatos les gusta mucho investigar y curiosear, por lo que cualquier cosa que tenga movilidad llamará su atención, desde una pelotita deslizándose por el suelo, hasta una cuerdecita colgada a la que puedan alcanzar con sus patitas. Pero habrá que poner mucha atención en no dejar a su alcance materiales que puedan dañarle, para que no los utilice como juguetes.

Por ejemplo: pequeñas cuerdas con las que podría ahogarse al tragarlas, bolsas de plástico, mantitas o toallas deshilachadas que podrían enredarse en el cuello y, al intentar soltarse, se ahogarían sin darse cuenta, pelotitas demasiado pequeñas que podrían tragarse, agujas o cualquier utensilio pequeño y punzante, etcétera.

Es obvio que un gato que no tiene acceso al exterior, que no puede cazar pequeñas presas y que tiene sus necesidades vitales cubiertas, tendrá más ganas de jugar porque dispondrá de más tiempo para ello y porque le es imprescindible para mantener su equilibrio psíquico.

Es frecuente ver cómo a nuestro gato, ya adulto, le dan arrebatos repentinos y comienza a correr y a saltar por la casa, presa de una enajenación momentánea e inesperada.

Esto es completamente normal y nuestro querido amigo no hace más que cazar ratoncillos imaginarios o alcanzar pájaros inexistentes. En el crecimiento de nuestro gato y en su desarrollo emocional es básico el componente lúdico y de pequeño no dejará de jugar ni parecerá cansarse nunca además, de este modo, su sistema óseo y muscular se desarrolla de la manera adecuada. Pero tampoco hay que preocuparse en exceso, ya que a partir de los cinco meses nuestro gato empezará a estar algo más tranquilo y a reducir sus periodos de juegos.

Asimismo, le deberemos facilitar un rascador para que afile sus uñas y no utilice el sofá o las puertas para ello. Y es conveniente acostumbrarle desde pequeño para así no tener problemas en el futuro, ya que los gatos necesitan afilar sus uñas por diversos motivos.

Por una parte, se desprenden de la parte gastada y, al mismo tiempo, ejercitan los músculos con dichos movimientos. Además, también marcan su territorio de esta manera. Es muy importante entender que nunca, nunca, hay que extirparle las uñas a un gato, ya que ello supone un sufrimiento físico y psicológico innecesario y cruel. Para solucionar estos problemas hay otras maneras, un gato es un gato y debe vivir y desa - rrollarse como tal y nunca ser mutilado para comodidad de su dueño. También el cepillado será importante, para evitar que trague demasiados pelos en su limpieza diaria y también para que no los deje esparcidos por toda la casa, sobre todo por los sillones y la cama, si es que le dejamos acceder a ellos.

GATOS CAMPESTRES
Los gatos que nacen y crecen en el campo, con grandes espacios para jugar e investigar, tendrán algunas características distintas a los gatos caseros. Crearán y defenderán su propio territorio, manteniendo alejados a gatos extraños. Si convive con otros gatos habrá una clara jerarquía y cada animal impondrá sus límites dependiendo de su carácter, hay gatos claramente más dominantes y otros más sumisos o dóciles. Los gatos de una misma camada suelen llevarse bien, aunque siempre se establecerán diferencias al crecer. Pero ocurre en el campo que a veces pueden aparecer gatitos extraños o bien gatas que críen en nuestro entorno y pasen a interaccionar con nuestros gatos. Lo que suele ocurrir entonces es que nuestro gato o gatos al principio rechacen a los extraños pero, generalmente, los acaban aceptando al ser cachorros.

Cosa distinta es ya con los gatos adultos, donde sí pueden surgir verdaderas disputas territoriales.

La dieta del gato campestre debe ser igualmente equilibrada y de alta calidad, aunque normalmente estos gatos suelen ser menos exigentes que los caseros y, además, en este caso el felino la complementará fácilmente con pequeños animales producto de sus correrías nocturnas y de sus dotes de cazador. Es normal que nuestro gato nos traiga regalos de vez en cuando: ratoncillos, pájaros, saltamontes, etcétera, como queriendo mostrárnoslos; para ellos somos su familia, como los demás congéneres con los que convive y lleva su caza a su familia y a su casa. Pero el hecho de cazar no significa que nuestro gato pase hambre y que debamos darle más comida, simplemente lo hace por instinto y por diversión, incluso recibiendo la comida más exquisita.

En un gato que vive en el campo no es tan importante proporcionarle malta periódicamente, pues él ya se encargará de comer hierbas para purgarse. Sin embargo, hay veterinarios que aconsejan el uso de la malta también en estos mininos.

Un cuidado especial deben tener las personas que vivan en el campo y cultiven cualquier verdura, hortaliza o, simplemente, tengan plantas. Los insecticidas, plaguicidas y demás productos que añadimos a las plantas para que crezcan sanas y no tengan enfermedades, pueden ser letales para nuestros gatos. Ellos curiosean allá por donde van e ingerir alguna de estas sustancias les puede llevar a tener problemas muy serios como vómitos, convulsiones, etcétera, que pueden desembocar incluso en la muerte. Ante cualquier síntoma sospechoso de envenenamiento hay que acudir de inmediato al veterinario.

El juego en los gatos campestres requiere menos la interacción con su dueño, pues se entretienen con cualquier cosa: una pajarillo, un roedor, un insecto, la rama de un árbol, una planta… Además, si convive con otros gatitos no pararán de saltar, correr, cazarse unos a otros y provocar pequeñas peleas, con lo que seguro acabamos observando divertidos sus posturas y gestos.

Y ya para terminar, hay un tema muy importante en los gatos que tienen más libertad de acción, sobre todo sin son hembras. Habrá que actuar de un modo responsable y esterilizar a nuestra gata si no deseamos tener nuevos inquilinos, la visita al veterinario para informarse será necesaria en este caso. También en el caso de los machos la castración es muy recomendable, pues evitaremos que pasen largos periodos de tiempo fuera de casa y además vuelvan magullados de las peleas con otros gatos, que en algunos casos pueden dejarles secuelas serias. La castración es la mejor opción y de este modo también habrá menos posibilidades de que nuestro gato desaparezca para siempre en una de sus correrías buscando hembras con las que aparearse.

Cualquier gato será feliz en un piso o casa sin salida al exterior, o teniendo jardín o viviendo en el campo. Los felinos domésticos se adaptan estupendamente a cualquier ambiente, siempre que se sientan cómodos y se les alimente y cuide adecuadamente. Ellos serán felices sólo con un mínimo esfuerzo por nuestra parte, al fin y al cabo han nacido para eso, para ser felices. Ellos lo saben y nos lo intentan enseñar.

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