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Gatos senior

Texto: Beatriz Moragues Pérez

lunes 08 de julio de 2019, 18:56h
Foto: El Mundo del Gato.
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Foto: El Mundo del Gato.
La vida de los gatos se ha ampliado considerablemente en los últimos tiempos, los progresos de la terapéutica veterinaria, la calidad de la nutrición y la responsabilidad de muchos dueños, entre otras cosas, ha hecho posible que esto sea así.
Viviendo en un ambiente privilegiado y sin riesgos para su vida, no es de extrañar que cada vez haya más mininos que llegan sin problemas a edades avanzadas. Actualmente, resulta cada vez menos extraño hallar gatos que han traspasado barreras de edad hace poco tiempo impensables.
Hace unos años, en un viaje a Peñíscola, me encontré con un gato acurrucado en la falda de su dueña, a la puerta de la típica tienda turística. Al acercarme a acariciarlo, la mujer me comentó que el minino tenía 24 años. Yo misma tengo un gato de 18 años que, además, está empeñado en leer el artículo antes que nadie.
Afortunadamente, atrás quedó esa mentalidad que llevaba a acciones tan crueles como el abandono sistemático cuando el animal cumplía años, simplemente por la creencia de que podía contagiar enfermedades, sobre todo cuando había niños pequeños en el hogar. Generalmente, este tipo de actitudes no eran guiadas por la mala fe, más bien por la ignorancia y el desconocimiento.
Conozcamos pues un poco más a estos felinos, que nos acompañan cada vez durante más tiempo en nuestro viaje por la vida.
Foto: El Mundo del Gato.
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Foto: El Mundo del Gato.
¿CUÁNDO ES MAYOR UN GATO?
Habitualmente, se considera que un gato es «mayor» a partir de los ocho años de edad. No es algo que se advierta de inmediato, sino un proceso que el felino va experimentando paulatinamente, como nos ocurre a las personas. De hecho, algunos especialistas han manifestado que entre el envejecimiento humano y el de los gatos hay grandes semejanzas.

Al tiempo que van envejeciendo, su cuerpo se va haciendo más vulnerable a las enfermedades, las articulaciones se entumecen con más facilidad, sus sentidos están menos despiertos y responde más despacio a los estímulos, al mismo tiempo que va teniendo más achaques

También en la apariencia del gato se notará el paso de los años. Se acicala menos y su pelaje pierde eficacia a la hora de protegerle del frío y de la humedad.

Disminuye la actividad y aumentan las horas de sueño. Asimismo, el apetito y la sensación de sed es menor, hecho que hay que vigilar, sobre todo en gatos que siempre han sido delicados con la comida, porque esa exquisitez se suele acentuar con la vejez.

Sin embargo, es posible que estos signos se hagan visibles cuando el animal ya sea muy mayor, pues hay gatos que pasan alegremente la década de vida con ganas de jugar, saltar, correr… Es decir, con la conducta de un jovenzuelo. No obstante, el paso del tiempo es un hecho irremediable y es bueno tenerlo en cuenta, aunque sólo sea para observar el comportamiento de nuestro minino.

ENFERMEDADES MÁS COMUNES
El envejecimiento paulatino de nuestro gato va a propiciar que ciertas enfermedades aparezcan, por lo que lo más conveniente será un trato estrecho con el veterinario, que nos sabrá aconsejar cuáles son los pasos a seguir en cada momento.

El sistema inmunitario va perdiendo eficacia con el paso del tiempo y, por ello, nuestro felino será más propenso a los achaques. La boca es una zona a la que habrá que prestarle atención, ya que puede sufrir gingivitis, infecciones y dolor, en cuyo caso, su primera reacción será dejar de comer y estar más sedentario de lo habitual.

Los problemas renales son muy comunes en los gatos ancianos, por lo que al limpiar la arena habrá que observar que no haya rastros de sangre junto a los restos de orina, en cuyo caso la visita al veterinario debe ser inmediata.

La alimentación es muy importante ante este problema, ya que se debe seguir una dieta baja en fósforo especialmente indicada por el especialista. Si vemos que nuestro minino come menos, adelgaza, bebe más cantidad de agua de lo normal o tiene vómitos, debemos ponernos en guardia de inmediato y consultar sin más demora.

Como hemos comentado anteriormente, los gatos mayores deben visitar al veterinario al menos una vez al año, aunque no presenten ningún problema de salud. El especialista valorará si es necesario hacerle un chequeo general para verificar su buen estado. En este punto, hay que comentar que en muchos casos la visita al veterinario es algo complicada, ya que los felinos no son muy amigos de que se les extraiga sangre y manipulaciones similares, aunque sea por su bien. También resulta dificultoso darles cualquier tipo de medicación, y casi la única solución que hay es la paciencia y la resignación a que nos muestren su enfado con algún que otro arañazo.

También las inflamaciones intestinales, los problemas hepáticos y trastornos del páncreas son frecuentes en los gatos geriátricos. La mayoría de enfermedades, salvo las más graves, se controlan con medicación y una dieta especial, sin que suponga ningún contratiempo especialmente importante, ni para el animal ni para su dueño.

Diabetes, problemas de corazón, hipertiroidismo, artritis…

Todas las enfermedades citadas y las que no se han nombrado, serán más llevaderas y mejorarán con más rapidez si son diagnosticadas a tiempo. Por ello, volver a reincidir en la importancia de la visita periódica al veterinario y de que la comida del gato sea de buena calidad, pues en algunos problemas como las disfunciones del hígado o renales, la dieta es extremadamente importante.

Desafortunadamente, hay dolencias que son irremediables, que no se pueden tratar ni curar. En esos casos hay que tener muy presente que la calidad de vida del animal es lo prioritario, junto al hecho de evitarle sufrimientos innecesarios. Por mucho que nos duela separarnos de él por medio de la eutanasia, nuestro dolor no tiene que estar nunca por encima del de nuestra mascota, pues ella no puede elegir dejar de sufrir y debemos elegirlo por ella.

CUIDADOS DEL GATO MAYOR
A medida que nuestro gato cumpla años, va a necesitar una atención y unos cuidados especiales o, al menos, cambiar determinadas costumbres. Veamos cómo podemos hacer para que nuestro compañero tenga una buena calidad de vida hasta el último día que nos acompañe.

El primer punto importante es la observación, para que no nos pase desapercibido ningún cambio en el comportamiento del gato. Es importante que el minino coma y beba de manera normal, que su actitud sea la de siempre, que no esté más quieto, que no vomite de manera reiterada, que no adelgace en poco tiempo de una manera obvia, etc. Cualquier conducta o circunstancia que se salga de la norma, debe ser motivo de atención y, si nos parece necesario, de consulta con el veterinario.

A medida que se hace mayor, es bueno que su dieta cambie ligeramente. Por ejemplo, si toma comida seca, resultará positivo para él agregar comida blanda a su rutina diaria. Los gatos mayores suelen beber menos agua, y la comida de lata les proporciona una parte de líquido que les beneficia. Eso sí, siempre tiene que ser comida de calidad. Durante toda la vida del animal es importante la calidad de la dieta, pero en la vejez esa importancia aumenta. También es distinta la cantidad de minerales y vitaminas que requiere un animal joven que uno mayor, por lo que la comida específica para esas edades será la más adecuada.

Los gatos longevos precisan un ambiente más cálido, por lo que debemos ocuparnos de que su lugar de descanso esté a salvo de corrientes de aire y que pueda llegar a él fácilmente.

Asimismo, será conveniente que el felino descanse en un lugar tranquilo, donde no sea molestado excesivamente ni por niños ni por otros animales. Si su cajón de arena ha estado hasta ese momento en el exterior, quizá sea conveniente trasladarlo dentro de casa, sobre todo en la época invernal.

La higiene será otro punto a tener en cuenta, pues nuestro gato se aseará en menor medida y nos tocará echarle una mano. Un cepillado en su momento, más a menudo si se trata de un gato de pelo largo, será una gran ayuda para mantener su manto en buenas condiciones. También controlaremos sus uñas, ya que la falta de actividad propiciará que sufran menor desgaste y, si se dejan crecer en exceso, podrían producirle heridas en las patas. En ese momento del aseo periódico, se puede aprovechar para comprobar que todo en el minino está bien: sus ojos, sus oídos, que no hay secreciones raras, que no hay heridas, parásitos, bultos extraños, mal aliento o cualquier otra cosa que nos llame la atención.

Los años dorados de nuestro gato pueden ser muy placenteros y no tienen por qué darnos excesivos dolores de cabeza. Simplemente hay que saber que sus necesidades y cuidados deberán variar en algunos puntos y que las visitas al veterinario, aunque al minino se le vea sano, deben ser obligadas al menos una vez al año. Por lo que nuestro longevo amigo de cuatro patas, casi lo único que va a requerir va a ser algo más de atención y mimos y estará feliz de acompañarnos el mayor tiempo posible.

CONCLUSIÓN
Los gatos, como las personas, han aumentado su longevidad y ello, otra vez como las personas, les lleva a sufrir enfermedades que antes no sufrían o lo hacían en menor grado. Traemos a casa un gatito de tres meses que nos va a acompañar durante un período largo, muy largo, de nuestra vida. Como nosotros, llegará su vejez y con ella los achaques y las limitaciones. No es demasiado difícil hacerle la vida más fácil cuando llegue ese momento: un poco más de atención, algunos cuidados especiales, mimarle un poco más, ponerle ese taburete para que pueda subir a su mesa preferida a tumbarse al sol, alguna visita extra al veterinario… Será poco más lo que requiera y es muy poco en comparación con el cariño y la compañía que nos ha brindado a lo largo de todos los años que nos acompañó.

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