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La primera visita al veterinario

Foto: El Mundo del Gato.
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Foto: El Mundo del Gato.
viernes 14 de febrero de 2020, 13:45h
En esta primera visita el especialista realizará una revisión a conciencia de nuestro animal y establecerá un calendario de desparasitaciones y vacunaciones, además de proporcionarnos toda la información que necesitemos.
Como norma general, antes de comenzar con las vacunas se realizan las desparasitaciones interna y externa. Así, la primera desparasitación interna se lleva a cabo cuando el gato tiene un mes de vida y, por lo tanto, el criador o el dueño de la camada serán quienes se ocupen de ella. Se repetirá a los quince días y luego un mes después. Una vez terminado el programa inicial de vacunaciones, sólo se realizará dos veces al año aunque en el caso de los gatos que salgan al exterior con frecuencia, habrá que administrarles un producto adecuado cada tres meses.
La primera visita al veterinario

Para los parásitos externos será el veterinario el que decida qué producto es el adecuado en función de si el gato sale al exterior o del clima de la ciudad en la que vive.

Las vacunas, por su parte, inmunizan al gato contra virus que pueden incluso causarle la muerte como herpesvirus, calicivirus, virus de la panleucopenia, el de la leucemia felina o el de la peritonitis infecciosa felina (PIF). Las tres primeras enfermedades se combaten con la trivalente, la dosis inicial contra la leucemia se aplica a los 60 días y, en el caso del PIF, será el veterinario el que decida la conveniencia de aplicar o no la vacuna. También es conveniente administrar la antirrábica no sólo por nuestra tranquilidad sino porque en muchos países es obligatoria.

La identificación con microchip, aunque no sea obligatoria en toda España, sí es recomendable. Este sistema consiste en la aplicación subcutánea de una pieza de pocos milímetros en la que se puede leer un código único para cada animal. El número de identificación y los datos de mascota y propietario se envían a un archivo de identificación de animales de compañía con lo que, en caso de pérdida, aumentan las probabilidades de recuperar a nuestro amigo además de que supone una medida preventiva contra el abandono.

Una de las decisiones más importantes que tendremos que afrontar será la conveniencia o no de esterilizar a nuestra mascota. Esta operación, tanto en machos como en hembras, se suele practicar en la pubertad, entre el séptimo y noveno mes de vida. Se trata de una intervención rutinaria y es aconsejable en los casos en los que no queramos criar pues, además de evitar camadas indeseadas, mejoraremos tanto la calidad de vida del gato o gata como la nuestra.

Entre los seis y diez meses, dependiendo de la raza y la estación del año en la que nos encontremos, las hembras tendrán su primer celo. Maullarán hasta quedarse afónicas en demanda de un macho, se frotarán contra nosotros y contra los muebles y se escaparán a la mínima oportunidad. Los machos, por su parte, empezarán a mostrar interés por las hembras entre los nueve y doce meses, orinarán por toda la casa dejando en ella un olor penetrante y tampoco dudarán en salir a buscar novia.

Los beneficios de la castración pasan por mejorar la convivencia y evitar en las hembras enfermedades del aparato genital. Además, los animales castrados son más calmados y cariñosos y, con un ligero cambio de alimentación, evitaremos que engorden pues, después de esterilizados, tienden a comer más.

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