www.elmundodelgato.com

Pórtate bien

Foto: El Mundo del Gato - Alberto Nevado..
Ampliar
Foto: El Mundo del Gato - Alberto Nevado..
lunes 30 de mayo de 2016, 17:50h
Los gatos no buscan agradar a sus amos sino que actúan para su propio beneficio por lo que su educación debe estar basada en las recompensas y la relación entre el educador y la mascota no debe asentarse en el miedo.
Los comportamientos positivos se premiarán con caricias, comida o juegos mientras que para intentar erradicar los negativos podemos utilizar algunos trucos. Rociarle con un poco de agua, tirar al suelo una bolsa llena de monedas o lanzarle una bolita de papel cuando le sorprendamos arañando el sillón o trepando por las cortinas, son buenos métodos que le asustarán e interrumpirán su comportamiento.

Foto: El Mundo del Gato - Alberto Nevado.
Foto: El Mundo del Gato - Alberto Nevado.

Pero, cuidado, si el animal asocia este castigo con nosotros únicamente conseguiremos que se vuelva desconfiado y que espere a estar solo para llevar a cabo sus fechorías. Después de aplicar el sistema que hayamos elegido sin que el gatito nos vea, debemos comportarnos de la manera más natural del mundo, aparentando que no nos hemos dado cuenta de lo que ha sucedido y que no tiene nada que ver con nosotros.

Una de las primeras cosas que debemos enseñarle es a hacer uso de la bandeja de arena. La madre ya le habrá aleccionado en este sentido pero, al encontrarse en un nuevo ambiente, puede que se le olvide. Así, hay que mostrarle dónde está situada y llevarle a ella varias veces al día, preferentemente unos veinte minutos después de cada comida. Podemos remover un poco la arena para que vea cómo se escarba pero nunca debemos obligarle o tratarle bruscamente pues sólo conseguiremos que asocie la bandeja con una experiencia negativa.

No se preocupe, muy pronto el instinto hará el resto. Cuando realice sus necesidades en el sitio adecuado, prémiele con caricias o algún bocado sabroso.

Arañar es un comportamiento instintivo en los gatos, no sólo para afilarse las uñas sino también para marcar el territorio con su olor mediante las almohadillas plantares.

Por eso, si no les proporcionamos lugares adecuados para arañar, seguramente nos encontraremos con más de un mueble destrozado. Así, dispondremos de rascadores a los que llevaremos al gato cuando le veamos arañar donde no debe.

Una actitud que debemos evitar es dejarle que practique la escalada en nuestras piernas. Puede resultar gracioso cuando se trata de un cachorro que trepa por los pantalones pero ya no lo es tanto cuando lo hace en nuestras piernas desnudas o cuando es adulto. También debemos evitar los mordiscos durante el juego, bastará con emitir un grito agudo que reproduzca el efecto del mordisco para, después, poner fin al juego con una caricia tranquilizadora.

Otra enseñanza muy práctica es acostumbrarle a acudir cuando se le llama, especialmente si sale fuera con frecuencia. Hay gatos muy tozudos pero si le llama por su nombre en el momento en el que le sirve la comida, acabará por acudir. Después, le llamaremos a horas diferentes y premiaremos su obediencia.

No hay que dejar que aprenda comportamientos erróneos. Puede que nos encante que el cachorrito suba al sillón o a nuestra cama pero debemos pensar si vamos a permitir que haga lo mismo cuando sea adulto.

Por lo tanto, hay que mostrarse firme desde el principio y no cambiar las normas una vez establecidas. Lo fundamental para conseguir una convivencia sana es tener paciencia y no perder los nervios; no grite, castigue o encierre al animal ni, por supuesto, le pegue pues así no conseguirá un gato educado sino uno desconfiado, temeroso y agresivo.

En todo caso, tratamos de gatitos correctamente socializados, es decir, que han pasado sus primeras semanas con su madre y hermanos. En este periodo las mamás enseñan a sus crías las técnicas básicas de supervivencia instruyéndolos en las artes de la caza o del aseo personal, mientras que las peleas con sus hermanitos son de gran importancia para que aprendan a establecer relaciones con sus congéneres y a conocer las consecuencias de sus actos. Si han sido apartados de la camada demasiado pronto, podemos encontrarnos ante gatos temerosos o agresivos, incapaces de reconocer a los individuos de su misma especie.

Lo mismo sucede con los gatos que no han sido manipulados por personas desde su nacimiento; cuantas más personas estén con un gatito, y durante más tiempo, más aprenderá a socializarse con humanos, lo que facilitará su adaptación al nuevo hogar.

LA IMPORTANCIA DE LA COMUNICACIÓN
Cada gato tiene su propia personalidad y desarrollará su propio lenguaje con su amo dependiendo de la compenetración que exista entre ambos. Lo que es indudable es que entender a nuestro gato es otra de las bases de la convivencia. Por ello, saber cómo se comunica es el primer paso para llegar a conocerle a fondo. Los mininos utilizan un lenguaje posturo-verbal a través del cual nos indican si están contentos, enfadados, asustados… También se encargarán de hacernos saber si tienen hambre o quieren que les limpiemos la bandeja de arena. Incluso, con el tiempo y la debida observación de nuestra mascota, podremos llegar a saber si tiene algún problema de salud. La comunicación de los gatos es tan compleja y apasionante que supone un reto para los nuevos propietarios. Todo en él nos dice algo: los ojos, los bigotes, la boca, las orejas, la cola, la postura…, pronto aprenderá a conocerlo si comparte con él el tiempo suficiente.

Por su parte, nuestro pequeño amigo sabrá muy pronto qué debe hacer para conseguir comida o para que le abran la puerta.

Los sonidos que emitirá para llamar nuestra atención no hay que entenderlos como una comunicación en el sentido humano sino que se trata de ruidos que repiten porque la experiencia les demuestra que, con ellos, consiguen lo que buscan.

Hay gatos muy charlatanes, los siameses por ejemplo, pero, en general, cuanto más hablemos con ellos más comunicativos serán.

Además de las posturas y las vocalizaciones, los gatos también utilizan los olores para comunicarse. Seguramente, la primera vez que restriegue su cabecita contra sus piernas usted pensará que comienza a tomarle cariño pero, en realidad, este gesto no es una señal de afecto sino que es la manera con la que los gatos identifican su entorno para orientarse —verá que hace lo mismo con muebles y otros objetos—, lo que tiene un efecto tranquilizador en él. Estas marcas se realizan mediante unas glándulas que posee en la cara que contienen feromonas.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)
Compartir en Google Bookmarks Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti

+

0 comentarios