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Bosque de Noruega

Foto: El Mundo del Gato - Alberto Nevado.
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martes 02 de julio de 2019, 19:32h
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Rodeado de un pasado en el que se le relaciona con dioses y hadas, el Bosque de Noruega es todo un símbolo de su país. Raza pura, pues no se ha cruzado con otras, conserva los dones que le ha otorgado la naturaleza y que nos muestra con orgullo. De carácter dulce, es un compañero fiel, divertido y juguetón, que no tendrá reparos en contarnos cuando lleguemos a casa cómo ha pasado un día lleno de aventuras.

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Texto: Patricia Lozano.
HISTORIA DE LA RAZA
El Bosque de Noruega vive desde hace siglos en los países nórdicos dada su presencia en la mitología y en los cuentos antiguos de la zona que lo relacionan con los dioses y las hadas.

Según la leyenda vikinga, antepasadosde esta raza sirvieron a Freya, diosa de la belleza y del amor, que conducía un carruaje que cruzaba el cielo a gran velocidad tirado por dos Bosques de Noruega y que el poderoso Thor no pudo levantar. No existen pruebas para confirmar su procedencia pero cabe pensar que fueron introducidos en Escandinavia por los vikingos en el siglo VIII desde las regiones del Próximo Oriente. Los navegantes llevaron en sus «drakkars» algunos gatos para defender las mercancías de los roedores y, una vez desembarcados, se adaptaron perfectamente a las condiciones climáticas de su nuevo entorno nórdico gracias a su pelaje.

Las primeras referencias aparecen en el año 1550 gracias a la labor de un sacerdote naturalista danés residente en Noruega que se ocupaba en clasificar la flora y la fauna escandinava, Peter Clussoan Früs, quien hizo una división entre los linces: el lince-lobo, el lince-zorro y el lince-gato. Seguramente este último era el Norsk Skogkatt —cuya traducción es «gato de los bosques noruegos »— dada su semejanza con el lince en el collar, los penachos en las orejas y el tono del manto, además de su habilidad para cazar en los lagos, atrapar pájaros y trepar a rocas y árboles. Durante el desarrollo rural del norte de Europa se convirtió en el gato clásico de granja.

Los colonos se habían llevado consigo a sus gatos de pelo corto que comenzaron a aparearse con los ejemplares salvajes de los bosques que hasta el momento habían permanecido lejos del hombre, lo que comenzó a poner en peligro la raza. Hasta tal punto que en los años 30 los noruegos comenzaron a preocuparse por su gato autóctono y a realizar una cría selectiva. Sus estrictos criterios han servido para salvaguardar la pureza de la raza y conservar sus características primitivas evitando los cruces con cualquier otro gato. Para que un Bosque de Noruega se considerara auténtico los criadores debían presentar ejemplares y camadas a una Comisión cumplían con los requisitos necesarios para criar auténticos gatos de los bosques. El trabajo fue riguroso y, por lo tanto, lento pero mereció la pena para preservar un animal que reúne tres cualidades muy difíciles de encontrar juntas: un carácter dulce, una gran destreza y un aspecto fantástico.

En el año 1969 ya eran trece los Bosques de Noruega que participaban en exposiciones; tres años después la raza fue reconocida por las asociaciones felinas noruegas y se comienza a elaborar un primer estándar. En 1974 nacen los dos primeros ejemplares reconocidos como raza: «Pjewiks Truls» y «Pjwiks Nisse». Un año después se funda la Nors Skogkattring y en 1976 la raza es reconocida por la FIFe. El estándar elaborado por los noruegos se basó en el mítico «Pans Trulls» que se hizo famoso cuando salió en la televisión como prototipo del Norsk Skogkatt y tras la declaración del rey Olaf de otorgar a esta raza la categoría de mascota nacional.

TICA fue la primera organización felina americana que reconoció al Bosque de Noruega y entre 1984 y 1985 elaboró su primer estándar. La CFA comienza a registrar a los primeros ejemplares de esta raza en 1987 pero no fue hasta 1993 cuando empezaron a competir.

Entre los años 70 y 90 el Bosque de Noruega comenzó a expandirse por Europa hasta llegar a convertirse en una de las razas más importantes en países como Suecia, Holanda, Dinamarca, Irlanda e incluso Italia. Al principio la exportación era muy difícil pues debía permitirlo la Comisión de Crianza de la Federación Felina Noruega pero los criadores que se enamoraron de esta raza no cejaron en su empeño. El primer campeón europeo no escandinavo fue un macho negro tabby tigre, «Jakobellas Max», cuya propietaria, Margaret Leleither, fundó el Club del Bosque de Noruega de Alemania. En el año 1986 en Copenhague aparece el primer ejemplar blanco en una exposición europea, «Flatand’s Avedine» presentado por la criadora danesa Jetta Eva Madsen.

Según algunas estadísticas, el Bosque de Noruega ha conseguido desbancar a razas tan populares como el Siamés o el Persa de la lista de gatos domésticos más demandados. Sin embargo, y dado el respeto y la admiración que se tiene en el norte de Europa por este gato, aún hoy podemos encontrar ejemplares salvajes en libertad en los bosques de Noruega, Finlandia y Suecia. En España ha sido una raza muy bien acogida y desde que en 1992 llegaran los primeros Bosques de Noruega a nuestro país su demanda no ha parado de crecer. El interés que despierta es muy alto y, año tras año, crece tanto el número de ejemplares importados como el de los que se presentan en exposiciones; tanto, que ya es la segunda raza más importante después de los Persas. De hecho, España ya tiene campeones internacionales e incluso un campeón europeo: «Indianer de la Cachouteba».

El estándar ha sufrido algunas modificaciones con el paso de los años. La última se produjo en 2004, año en que la FIFe reconoció nuevos colores para recoger los diferentes patrones con blanco. El gran público aún hoy lo sigue confundiendo con el Maine Coon y, para evitarlo, los criadores modificaron el estándar estableciendo los criterios exactos de la raza. Además, puede ser víctima de imitaciones con gatos europeos comunes de pelo semilargo.

Por este motivo hace algunos años se decidió prohibir la clase Novicio para esta raza y sólo admitir en concurso a los ejemplares con pedigrí.

PECULIARIDADES
Lo más destacable del Bosque de Noruega es que es una raza pura pues nunca ha sido cruzada con otras. En este caso no ha sido necesario dado que las cualidades que atesora este gato son únicas y los cruces sólo conseguirían que perdiera su singularidad. Ha sido la propia naturaleza la que ha moldeado un felino casi perfecto que ha sabido adaptarse a condiciones extremas para sobrevivir.

Su porte elegante, su pelo, su aspecto salvaje aunque sereno, su inteligencia, su capacidad de comunicación…, todo le convierte en un gato único. El pelaje es una característica importante. El manto es semilargo y forma pocos nudos. El subpelo, suave y lanoso, conserva el calor del cuerpo del animal mientras que el pelo superficial, grueso, graso y brillante, lo impermeabiliza —gracias a un aceite que segrega— hasta el punto de que le permite pescar en las aguas más frías y desenvolverse perfectamente en el medio acuático. La longitud de los pelos que posee en sus zarpas, también propio de esta raza, permite que se desplace cómodamente sobre ya que varía según la zona de la que provenga pues, debido a su naturaleza salvaje, es necesario para su supervivencia el mimetismo con el ambiente en el que vive.

Así, los gatos blancos o grises proceden de las regiones nevadas, los azules y negros de las zonas costeras, los atigrados de los bosques y los rojos y tortuga del sur. En invierno el pelo del Bosque de Noruega es muy abundante y el manto mide unos diez centímetros más que en verano, estación en la que sufre una muda espectacular que le haría parecer un gato de pelo corto si no fuera porque conserva el pelo de la cola.

MORFOLOGÍA
El Bosque de Noruega es un gato grande, rústico y de complexión robusta. Fuerte y elegante, de talla larga y alta, sus patas traseras son más altas que las delanteras lo que le ayuda a desplazarse por la nieve. Los pies poseen unas uñas capaces de hacerlo trepar por paredes de roca. La cabeza debe formar un triángulo equilátero desde la punta de sus orejas, grandes y puntiagudas, hasta el fuerte mentón. Las orejas, adornadas con copiosos penachos, son anchas en la base, largas y bien abiertas. Los ojos son grandes y oblicuos y muestran una expresión viva y salvaje. La cola es larga y, vuelta hacia delante, debe llegar hasta el nivel de la nuca. El pelo es más largo en el collar, en el lomo, en los costados y en la cola; el subpelo forma una especie de pantalones bombachos llamados «calzones» en la parte trasera de los muslos.

En el Bosque de Noruega se admiten todos los colores para el manto excepto el chocolate, el lila, el canela, el fawn y el colourpoint. El color de los ojos puede ser diferente del pelaje. Las variedades más extendidas son el brown tabby y el blanco.

CARÁCTER Y CRÍA
Contrariamente a lo que puedan sugerir su aspecto y pasado salvajes, el Bosque de Noruega es un gato equilibrado, sociable y juguetón. Tierno, amoroso y fiel suele ser confiado con el hombre. Es un gran compañero que establece una relación muy especial con su amo al que sigue a todas partes haciendo todo lo posible para llamar su atención. Tiene una increíble capacidad de comunicación con las personas y animales de su entorno y le encanta parlotear y compartir sus juegos. Es activo pero no alocado y aprecia vivir al aire libre aunque se adapta a la vida en un piso siempre que tenga espacio para sus juegos e investigaciones. Dotado de una gran inteligencia, sabe lo que se espera de él y es posible enseñarle pequeños recorridos e incluso habituarle a pasear con collar.

Cercano y afectuoso, consigue hacerse rápidamente con un hueco dentro de su familia y todos disfrutarán de su cariño. Es silencioso, ágil y muy curioso además de que le encanta trepar a los lugares más altos para disfrutar de vistas panorámicas.

Los gatitos nacen con un manto corto y suave y, a medida que van madurando, crece el pelaje exterior de pelos protectores. Tras cada muda y con cada invierno se hará más espléndido hasta que en el tercer o cuarto año estará ya desarrollado en toda su plenitud, sobre todo el collar que, para entonces, habrá adquirido su espesor y largura definitivos. Es posible que no alcancen el pleno desarrollo muscular hasta los cuatro o cinco años de edad, además, no todos evolucionan con la misma rapidez; hay líneas y colores que tienen un crecimiento más lento. A las hembras de Bosque de Noruega les encanta ser madres y cuando tienen una camada, normalmente numerosa, se muestran orgullosas y satisfechas ante el respeto de las demás. Es curioso que compartan los cachorros entre ellas ya que es normal ver que cualquiera, sean sus hijos o no, se encargue del aseo y de enseñar a cazar a una camada.

Las camadas varían en cantidad, seis o siete cachorros es un número normal, pero también lo son dos o tres. Los recién nacidos son inquietos, juguetones y aprenden rápidamente a cazar. Lo más complicado es el destete ya que los cachorros no se cansan nunca de mamar ni las madres quieren dejar de darles leche.

Conservan muchas de las características de sus antepasados y una de las más sorprendentes es que, cuando se acercan a beber, golpean el agua con sus pequeñas patitas como si quisieran romper el hielo al igual que han hecho durante siglos en las heladas aguas noruegas.

SALUD Y CUIDADOS
En cuanto a los cuidados, es un gato que no necesita ser cepillado con demasiada frecuencia y puede ser suficiente con una vez a la semana para mantener el pelo en buenas condiciones. No es muy recomendable peinar la cola debido a que los pelos protectores externos se arrancan con facilidad y tardan en volver a crecer. Lo mejor es cepillarla suavemente a contrapelo para mantenerla frondosa. En los machos adultos la cola puede volverse grasienta debido a sus glándulas sebáceas. Se puede evitar con un champú seco o con talco que aplicaremos una vez a la semana. Es importante dedicarles un tiempo de juego para que hagan ejercicio y para enseñarles cosas que les permitan desarrollar su inteligencia.

Tampoco hay que olvidarse de que necesitan ser desparasitados una vez al año y debemos estar atentos a su alimentación pues hay épocas, generalmente cuando hace calor, en las que comen menos. Lo habitual es que con la llegada del otoño recuperen su apetito para recuperar fuerzas de cara al invierno.

Fotos: El Mundo del Gato - Alberto Nevado.

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