www.elmundodelgato.com

Decirle adiós. El momento más duro

Foto: El Mundo del Gato - Alberto Nevado.
Ampliar
Foto: El Mundo del Gato - Alberto Nevado.

Texto: Patricia Lozano.

La pérdida de un gato significa que se pierde una relación muy especial y, aunque no todas las personas lo puedan entender, lo más importante en esos momentos es dejar que afloren los sentimientos, pues ignorar la pena no hará que desaparezca. Cuando el gato alcanza la vejez es posible que haya que plantearse la opción de la eutanasia. Esta decisión debe tomarse junto con el veterinario y evaluando honestamente la salud del animal; no es sencillo, pero puede ser considerado como el último acto de amor hacia él. Evitar el sufrimiento es, normalmente, una constante de los dueños durante la vida de las mascotas y, en el momento final, debe serlo más que nunca.

Si el propietario decide estar presente durante el proceso, es fundamental tranquilizar al gato, dedicarle palabras de cariño y mostrarse lo más alegre posible, puesto que el animal percibirá estas emociones. Recordar los buenos momentos que nos ha proporcionado puede ser de gran ayuda para evitar las lágrimas que, por otro lado, serían completamente naturales, pero que molestarían al gato. Para algunas personas es importante comprobar que su mascota se ha marchado de una manera tranquila y, al mismo tiempo, tener la posibilidad de despedirse puede ser de gran ayuda para superar la pérdida. Sin embargo, para muchos ésta podría ser una situación traumática difícil de manejar, por lo que hay que pensar detenidamente si estar junto al animal en esta circunstancia será o no beneficioso para él.

Los primeros días muchos amos se sentirán desolados al pensar que no volverán a ver a su mascota, pero el dolor es una respuesta lógica a la muerte y no hay que sentirse avergonzado por ello. Y, aunque cada persona lo viva a su manera, al afrontar la muerte es habitual que el primer sentimiento que aparezca sea el de negación. Es difícil aceptar la idea de que ya no volveremos a ver a nuestro animal y será peor ante una muerte repentina. La ira es otra de las fases del duelo, y se produce por la pérdida y contra todo lo que nos parezca que no ha ayudado a mantener al gato a nuestro lado. La culpabilidad es otro de los sentimientos inevitables al preguntarnos si hemos hecho todo lo posible para evitar su muerte. La depresión es la etapa en la que se es plenamente consciente de lo que ha sucedido, por lo que el sentimiento de pérdida será todavía mayor. Pero, poco a poco, se va asumiendo la situación, lo que ocurre durante la fase de aceptación cuando ya hay una mayor tranquilidad y el dolor comienza a ser sustituido por los recuerdos agradables de nuestro fiel compañero. Si después de algunas semanas no se ha aceptado su pérdida o la tristeza parece aumentar, es posible acudir a consejeros especializados o grupos de apoyo, con los que nos pueden poner en contacto nuestro veterinario o cualquier asociación de animales.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)
Compartir en Google Bookmarks Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti

+

0 comentarios