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¡Vacaciones! ¿Qué hago con él?

Foto: José M.ª Barrera.
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Foto: José M.ª Barrera.
miércoles 03 de julio de 2019, 10:22h
¿Playa o montaña? ¿Hotel o apartamento? Son muchas las decisiones que hay que tomar antes de irse de vacaciones pero algunos debemos pensar en un detalle mucho más importante: qué hacer con el gato. Tenemos varias opciones que debemos analizar y elegir la que más convenga a nuestro animal en función de su carácter, sus costumbres y nuestra tranquilidad. Quienes se pueden llamar amos aprenden a planificar sus vacaciones teniendo en cuenta a sus mascotas porque, evidentemente, del abandono ni hablamos.

Texto: Patricia Lozano.

No tenemos por qué llevarnos a nuestro gato con nosotros cada vez que nos vayamos de vacaciones pues, a no ser que sea por un periodo largo, el viaje produce un gran estrés en el minino y, para cuando se haya acostumbrado al nuevo lugar, habrá que volver a casa. Eso sí, todo depende de si le hemos acostumbrado a viajar desde pequeño y de si es un animal que se adapta con facilidad a los cambios. Pero, por lo general, los gatos son animales muy territoriales y conservadores que no soportan los cambios. Así, una buena opción será dejarlo en casa contando con una persona que pueda visitarlo cada uno o dos días para que le cambie la comida, le limpie la bandeja y juegue un rato con él. Debe ser alguien en quien confiemos y que sea capaz de llevar a nuestro minino al veterinario si sucede algo. En el caso de que sea una salida de fin de semana no sería necesario que fuera alguien a visitarlo siempre y cuando dejemos suficiente provisión de pienso seco y agua –para ello hay dispensadores automáticos que se van renovando según los usa el gato- y varias bandejas con arena limpia. No es conveniente que se quede solo más de dos o tres días porque, además de que puede tener cualquier problema, estar mucho tiempo sin compañía también puede causarle estrés.

Si no tenemos más remedio que dejarlo al cuidado de una persona en su casa, debemos llevar sus recipientes de comida, su bandeja de arena, su juguete y comida favoritos y, si es posible, su sitio para dormir. Además de informar al cuidador improvisado de los hábitos de nuestro gato, nunca está de más que le hablemos del peligro de dejar abiertas las puertas y las ventanas para evitar sustos innecesarios. Puede que, al principio, el animal esté asustado y no quiera comer por lo que facilitaría mucho las cosas que nuestra mascota estuviese familiarizada con la persona que va a hacerse cargo de ella.

RESIDENCIAS: ELIJA CON CUIDADO
Si ninguna de estas dos opciones nos convence, hay una tercera posibilidad: las residencias, que no sólo significan un cambio de ambiente sino que el gato estará con personas que no conoce por lo que la elección debe ser muy cuidadosa. Tomar esta decisión supone, para un dueño concienciado, semanas previas de intranquilidad y, una vez que se ha ido de vacaciones, preocupación por si el gato está en buenas condiciones. Por ello, si opta por este tipo de servicio, tómese el tiempo necesario para escoger el mejor establecimiento. Aún así, muchos de ellos ofrecen también asistencia a domicilio: se ocupan de ir a nuestra casa, cambiarle el agua y la comida al gato y de pasar un rato con él.

Las residencias suelen tener buena reputación gracias al boca a boca. Pregunte a su veterinario y a conocidos y no dude en buscar en Internet, los foros son una gran fuente de información pues la gente suele contar sus experiencias. Visite, al menos, tres de los sitios que le hayan recomendado y no tenga reparos en solicitar toda la información que considere importante. La primera impresión es determinante; debemos asegurarnos de que el gato tendrá una estancia agradable y que será tratado como se merece. La residencia, y el jardín si lo tuviera, deben tener un aspecto limpio y ordenado, con las zonas de descanso perfectamente aseadas y desinfectadas. Compruebe que el personal es agradable y que responde a todas sus preguntas sin ningún reparo. Es bueno conocer la rutina diaria de la residencia y saber si tienen recursos para hacer que el gato esté contento. También es fundamental la seguridad, no queremos volver de vacaciones y que nuestro gato se haya escapado por una mala protección de las instalaciones. Pida que le enseñen el lugar que ocupará su mascota y fíjese bien en los gatos que estén allí alojados. Observe las bandejas de arena, los bebederos y si los mininos están contentos, si tienen juguetes, si parecen estar entretenidos y estimulados. La alimentación es otro aspecto básico. Pregunte qué comida reciben y si puede llevar la de su gato. Lo normal es que ellos, a su vez, le pidan el certificado de vacunas al día y la cartilla veterinaria. Además, deberían interesarse por las rutinas del animal.

No estaría de más llevar al gato un par de veces antes de dejarlo allí para su estancia vacacional con el fin de comprobar si se adapta bien al lugar y ver cómo funcionan los servicios y el personal. No olvide que la residencia debe ofrecerles a usted y a su gato la mejor atención.

¿Qué hay que saber de una residencia?
Convencernos de que nuestro gato estará bien durante nuestra ausencia es muy importante. Por ello, cuanta más información tengamos más tranquilos estaremos. Las preguntas fundamentales que debemos hacer al personal son estas:

  • ¿Disponen de número de Núcleo Zoológico y de seguro de Responsabilidad Civil? No se conforme sólo con una respuesta afirmativa, pida que se los muestren.
  • ¿Disponen de un veterinario que certifique que las instalaciones son adecuadas y compruebe la salud de los animales? Él o su equipo deberían estar disponibles y presentes en todo momento.
  • ¿Las habitaciones de cada gato cumplen con el tamaño que exige la ley? Deberían disponer de diferentes tamaños dependiendo del peso del animal y de las mascotas que lleve cada cliente.
  • ¿Tienen calefacción/refrigeración? La temperatura de las habitaciones debería ser constante.
  • ¿Hay personal las 24 horas del día todos los días de la semana? La respuesta ha de ser afirmativa.
  • ¿Qué titulación y experiencia tiene dicho personal? La ley exige que al menos una de las personas que esté en contacto con los animales disponga de un certificado de capacidad.
  • ¿Cuáles son sus medidas de seguridad?
  • ¿Dispondrá mi gato de una zona para hacer ejercicio?
  • ¿Qué marca de comida le darán? ¿Puedo traer la mía?
  • ¿Cuántas veces se limpia su habitación? ¿Con cuánta frecuencia le renuevan el agua?

Por supuesto, deben hacerle una factura legal y, si tienen servicio de recogida a domicilio y usted quiere hacer uso de él, debe saber qué tipo de vehículo utilizan, si tiene licencia para el traslado de mascotas y si está adaptado a él.


NO SIN MI GATO
Pero si somos de los que no podemos separarnos de nuestra mascota y queremos incluirla en nuestras vacaciones, debemos planificar el viaje con tiempo. Si tenemos una casa en el campo o en la playa, debemos estar muy atentos cuando lleguemos pues se asustará al encontrarse en un ambiente extraño. Deje que lo olfatee todo y adquiera confianza pero, sobre todo, controle sus primeras salidas al exterior si dispone de jardín o similar. Si el lugar donde vamos a alojarnos es un hotel, nosotros como dueños y nuestro gato debemos ser respetuosos con el resto de clientes.

El primer paso para preparar el viaje debe ser la visita al veterinario que, además de realizarle una revisión al gato, nos dirá si necesita alguna vacuna dependiendo del itinerario y el lugar al que vayamos. Tendremos que llevar la cartilla veterinaria al día y, si viajamos al extranjero, deberemos pedirle los certificados que nos exijan en el país de destino. El gato tiene que estar identificado, algo obligatorio en la Unión Europea y en la mayoría de comunidades de nuestro país. Debemos prever qué medicamentos y qué cantidad podemos necesitar durante el viaje, además de llevar un botiquín de primeros auxilios que nuestro veterinario nos ayudará a preparar. Sería importante tener localizada una clínica veterinaria con servicio 24 horas en el lugar de destino. A nuestro regreso, es conveniente volver a visitar al veterinario para una nueva revisión. Y recuerde que un gato aseado siempre será mejor recibido en los lugares a los que vayamos.

EL TRASLADO
Lo más conveniente sería realizar el viaje por carretera en nuestro propio vehículo pues es más económico y sencillo ya que somos nosotros quienes tomamos las decisiones. Los gatos no son grandes compañeros de viaje así que, lo mejor, es realizar desplazamientos cortos para que se vaya acostumbrando antes del desplazamiento más largo. Es mejor que viaje con el estómago vacío pero, cada dos o tres horas, debemos parar para que pueda beber agua fresca. Lo más seguro para todos es que viaje en un trasportín que debe ir bien colocado para que se mueva lo menos posible. Durante el traslado no se arriesgue dejando solo al animal en el coche.

Si no podemos evitar viajar en avión, en barco o en tren, lo primero que debemos hacer es solicitar por escrito a la compañía en cuestión su normativa respecto a la admisión de animales domésticos. En los aviones no suele haber problemas con los gatos pues, por regla general, las compañías aéreas los aceptan como equipaje de mano siempre que el trasportín y el peso del animal no superen los seis kilos. En los trenes se permiten los gatos, con su trasportín y sus correspondientes certificados, en los cercanías, regionales y en los coches-cama para trayectos largos (animales de no más de seis kilos). En este último caso, si lo compartimos con otra persona, ésta deberá dar su conformidad. En los barcos el animal viajará en la bodega de carga aunque se nos permite visitarlo durante el viaje. Las compañías de autobuses, generalmente, no los admiten pero es conveniente que se informe por si pudiera llevarlo en su trasportín.

Una última opción son las empresas de mensajería que ofrecen servicios para trasladar a animales de compañía dentro de una jaula, en un vehículo especialmente acomodado y con servicios veterinarios en la salida y en la llegada. Es conveniente consultar las condiciones del viaje.

ANSIEDAD POR SEPARACIÓN
La patología conocida como ansiedad por separación rara vez se da en los gatos aunque un minino muy apegado a sus dueños puede desarrollarla. En los felinos, la híper afectividad es rara aunque puede aparecer, por ejemplo, en individuos que han conservado el contacto con su madre más allá de las seis semanas. Los gatos que están muy unidos a su propietario pueden ponerse nerviosos si están solos pero es raro que desarrollen ansiedad por separación como los perros; pueden sufrir tensión por algún cambio lo que puede causarles ansiedad. Como animales independientes, no suelen ser partidarios de las muestras de cariño pero, aunque necesiten disponer de su propio espacio, pasar muchas horas solos o los cambios bruscos e importantes en su rutina pueden producir una enorme alteración en su carácter.

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