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Chartreux

Chartreux

Texto: Beatriz Moragues Pérez

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:16h
El Chartreux forma parte de los que podríamos llamar gatos azules, junto al Korat, el Azul Británico y al Azul Ruso. La singularidad de su pelaje lo convierte en un ejemplar
único y anhelado por méritos incuestionables. Es un felino de un tamaño considerable y su inteligencia y dulzura son proporcionales a su envergadura física. Parece ser que su nombre proviene de un tejido lanoso, que se importaba de Francia en el siglo VIII, llamado pile des chartreux. También se le conoce como gato Cartujo.
ORIGEN DEL CHARTREUX
Su origen es francés, aunque existen varias hipótesis sobre su nacimiento. Una de ellas afirma que aparece por primera vez en estado salvaje en la zona que comprende hoy en día Irak, Irán, Siria y Turquía, y que llega a Europa con los cruzados que retornan de la lucha.

Otra teoría señala que nació en Francia y fue criado por monjes cartujos, que lo utilizaban primordialmente como cazador de roedores, lo que les permitía mantener a salvo sus bibliotecas y sus despensas del ataque de los ratones. Aunque es imposible saber con exactitud cuál fue su cuna, lo que parece innegable es que es una de las razas más arcaicas de las que se tiene conocimiento.

Los gatos azules son conocidos desde el siglo XVI en Francia. El poeta francés Joachim
Du Bellay citaba a su gato Belaud en uno de sus poemas, corría el año 1558. Ya en el siglo XVIII el taxonomista Carlos Linneo, en su Systema Naturae, utiliza la expresión latina «Catus Caeruleus», es decir, «Gato Azul» y lo califica como una raza singular.

Importantes personajes han compartido parte de su vida con un Chartreux, entre ellos,
el general De Gaulle, militar, escritor y político francés, al que acompañaba una de estas bellezas azules llamado Gris-Gris. También la escritora francesa Sidonie Gabrielle Colette habló de esta raza en varios de sus libros, diciendo cosas como: «Un gato es un gato… Seguramente es blanco cuando camina por la nieve, oscuro en la noche y rojo cuando va a robar fresas».

Desgraciadamente, entre los siglos XVII y XVIII, aunque se le consideraba una raza original, su hermoso manto era utilizado por la industria peletera, llevándole al borde de la desaparición. También la Primera Guerra Mundial le coloca en una difícil situación, disminuyendo su número terriblemente.

El siglo XX descubre su belleza, y lo convierte en una mascota requerida por muchos
amantes de los gatos. En la década de 1920 son las hermanas Léger, que comparten su entusiasmo por este felino, las que recogen a dos de estos gatos que vagabundeaban sin hogar y deciden apostar por una mejora de la raza y emprender el camino de la cría selectiva. A partir de ese momento, la raza vive una etapa dorada hasta que diversos criadores deciden cruzarlo con el Azul Británico, pero el resultado es desfavorable para el Chartreux, lo que llevó a prohibir dichos cruces. Actualmente el Chartreux sólo se puede cruzar con el Chartreux.

LOS CARTUJOS: UNA VIDA DE SILENCIO Y ORACIÓN
La Orden de los Cartujos alcanza a duras penas los 500 integrantes en todo el mundo,
sin embargo siempre ha despertado gran interés por la austeridad con la que viven estos religiosos, además de ser una de las órdenes más arcaicas dentro del orbe cristiano.

Esta Orden contemplativa es fundada por San Bruno, en 1084, que se marcha junto con
seis compañeros a las aisladas montañas alpinas de Chartreuse. Ese sería el primer paso, para lo que más tarde sería la Orden de los Cartujos. En 1229 se instituye la Orden de
las monjas Cartujas, en Francia.

Las celdas de los cartujos son amplias, pues pasan en ellas gran parte de su tiempo. Comprenden una sala para el estudio y la lectura, una capilla, un reducido taller para los monjes que practican algún tipo de trabajo manual (carpintería, artesanía, etc.) y un pequeño huerto.

Carecen de medios de entretenimiento, tales como radio, televisión, juegos, etcétera. Una vez a la semana ayunan y nunca comen carne.

Entre los siglos XIV y XV los nobles cedieron a los cartujos importantes obras de arte y
además esta orden cuenta con algunos de los el Monasterio de Certosa, cerca de Milán, que hoy es monumento nacional.

En un momento dado se empiezan a edificar los monumentos funerarios en medio de
la iglesia, con la intención de que las oraciones les lleguen a los difuntos sin ningún tipo
de obstáculo. A estas sepulturas las escoltaban figuras de monjes rezando, con la capucha cubriéndoles las facciones. Isabel la Católica ordenó construir un monumento funerario para sus padres en la cartuja de Miraflores de Burgos.

Actualmente los cartujos se extienden por varios países: España, Francia, Estados Unidos, Brasil, Argentina, Portugal, Gran Bretaña, Eslovenia, Italia y Alemania.

CARACTERÍSTICAS DEL CHARTREUX
El Chartreux o Cartujo es un gato de tamaño mediano a grande (puede alcanzar los 7,5
kilos) y de aspecto musculoso, de hecho es el más grande después del Maine Coon. Los machos son más grandes que las hembras. Su pelo es corto, suave y tupido, como lanoso, con gran impermeabilidad al agua. Su cola es de extensión mediana, más amplia en la raíz y estrechándose ligeramente hasta acabar en un extremo ovalado.

Su cabeza tiene la forma de un trapecio invertido, emplazando las orejas altas, levemente separadas, proporcionándole el aspecto de estar continuamente vigilante.

Tiene un hocico muy singular, con las almohadillas de los bigotes muy pronunciadas,
lo que le otorga una expresión tremendamente simpática, como si sonriese. Sus ojos
son grandes y expresivos, y pueden ser de color miel, amarillo-ámbar, oro, cobre o
anaranjado.

Su color tan característico va del azul-gris claro, hasta el azul-pizarra. Hasta los seis o
doce meses tienen el pelo atigrado, pero esta particularidad va desapareciendo hasta llegar al color azulado uniforme. Su piel también es azul, su nariz azul-gris-rosada y las almohadillas de las patas grises-rosadas.

CONVIVIR CON EL CHARTREUX
El Chartreux es un gato con características perrunas, si se le acostumbra desde pequeño
puede tolerar perfectamente los viajes en coche y se le puede sacar a pasear con un
arnés y una correa, como si de un perrito se tratase. Además, no es extraño verle correr
hacia la puerta cuando oye el timbre de la misma. Es un animal muy sensible, por lo que
con paciencia y tiempo puede aprender variedad de habilidades y juegos.

Esta belleza azul posee además una marcada personalidad, al mismo tiempo que inteligencia y equilibrio. Es un felino dócil y cariñoso, pero también independiente y tranquilo.

Se acomoda perfectamente a situaciones nuevas, siempre que tenga un lugar donde reposar sin tener que soportar excesivos agobios, pues le gusta que respeten su tranquilidad.

Su salud es muy buena, es prácticamente invulnerable a la mayoría de enfermedades
que pueden afectar a otras razas y raramente presenta ningún tipo de problema, por lo que lo más probable es que las visitas al veterinario se limiten a las típicas vacunas.

Es un gato que no presenta un desarrollo completo hasta bien entrada la edad adulta,
por lo que su alimentación hasta ese momento deberá ser alta en proteínas, a veces hasta
casi los cuatro años de edad, sobre todo en los machos, que son más lentos en ese aspecto.

También habrá que cuidar la cantidad, pues le encanta comer y no es extraño que engorde más de lo aconsejable, sobre todo si está esterilizado.

El agua, como siempre, nunca debe faltarle.

Es un minino que no nos dará muchos quebraderos de cabeza a la hora de
cuidarle, pues al tener el pelo corto no requerirá grandes atenciones. Eso sí, no se
deben pasar por alto cepillados periódicos para hacer desaparecer el pelo inservible y
que su manto pueda lucir en todo su esplendor.

Asimismo, deberemos vigilar también sus oídos, posiblemente más que en otras
razas, y asearlos cuidadosamente cada semana.

El Chartreux, como todos los gatos, es un artista que representa mil papeles, le tenemos
dormido en nuestro sofá durante gran parte del día, pero por la noche, si se lo permitimos y tiene espacio para ello, sale a escrutar la oscuridad, a recorrer caminos insondables con sus ojos de oro. Al día siguiente, lo tenemos de nuevo echado sobre la cama, con la expresión más feliz en su rostro, como si nunca se hubiese ido de allí. Nada nos cuenta de sus correrías nocturnas, ni siquiera nos permite que le preguntemos. No sabemos si ha caminado por la arena del jardín o ha ampliado distancias hasta llegar al cielo. Y quién sabe, tal vez sea cierto lo que afirmó Julio Verne cuando dijo:
«Creo que los gatos son espíritus venidos a la tierra. Un gato, estoy convencido, puede caminar sobre una nube».



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