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El gato y el ratón
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El gato y el ratón

Texto: Isabela Herranz

jueves 16 de noviembre de 2017, 10:12h
La enemistad proverbial entre gatos y ratones ha dado lugar a todo tipo de historias y leyendas. Los ratones suelen salir mal parados del contacto con el denominado rey de los caza ratones, adorado en hogares y culturas como un compañero esencial para terminar con los roedores.
El gato y el ratón

«Gatos y ratones han estado con frecuencia asociados en las leyendas relativas al comienzo del mundo. Según una de ellas, no sólo los roedores precedieron a los gatos, sino que su existencia fue la razón para la creación del gato», cuenta Patricia Dale-Green en su obra The Archetypal Cat (1963).

También se ha dicho que Dios creó al gato, pero que el ratón fue creación del diablo.

En países donde el felino disfruta de buena reputación, como sucede en Rusia, hay una curiosa historia al respecto muy difundida en Moscú: cuando Lucifer intentó colarse en el Paraíso tras haber sido expulsado de él, adoptó la forma de un ratón. El perro y el gato se encontraban guardando las puertas. El perro le dejó pasar, pero el gato se lanzó sobre él impidiendo que se consumara el traidor intento contra la felicidad humana.

Otra historia sobre esta pareja tan desavenida se refiere al Diluvio Universal: Noé se olvidó de meter al gato en su Arca y pronto se le llenó de roedores.

Cuando el patriarca solicitó al león que hiciera algo para solucionarlo, este estornudó y de sus fosas nasales salieron sendos gatos que no tardaron en terminar con la plaga de ratones. Otra historia sobre el Arca cuenta que el diablo disfrazado de ratón hizo un agujero en ella para terminar con la vida en el planeta, pero afortunadamente fue atrapado por un gato de Dios mientras que el agujero quedó taponado con un sapo que saltó en él.

EL GRAN CAZADOR
Sin duda, no hay mejor depredador de ratones que el gato. Recordemos cuan apreciado era el felino en los barcos, puertos, muelles y calles de las ciudades en el siglo XVIII cuando la peste azotó Europa. El honroso trabajo de los gatos para acabar con ratas y ratones portadores del mal les permitió salir por fin de la oscura etapa de persecución a la que habían estado sometidos en siglos anteriores por su supuesta asociación con brujas y vampiros. En cierto modo recuperaron un estatus que milenios atrás habían disfrutado en países como el antiguo Egipto. Téngase en cuenta que cada crecida del Nilo suponía que las granjas se poblaran de ratones, serpientes e insectos y los agricultores dependían de los gatos (también de los ibis) para librarse de estas alimañas. Tan importantes eran para aquel pueblo agrícola por excelencia que los gatos no sólo eran momificados como los faraones para que pudieran proseguir su vida en el más allá, sino que se les suministraba el alimento que más les gustaba: los ratones. En este sentido, Carl Van Vechten explica en su obra The Tiger in the house (1922) que «el hecho de que se hayan descubierto ratones momificados en las tumbas de gatos ha sorprendido a algunos científicos.

Pero en las tumbas reales siempre se dejaban alimentos para el regente momificado; por tanto, ¡nada más natural que suministrar comida para el gato momificado!».

En la actualidad, seguimos recurriendo al gato para librarnos de muchos bichos (además de ratones también aniquilan moscas, pulgas, cucarachas, mosquitos...), o al menos pensamos en él antes que en un posible flautista de Hamelín, aunque todavía no hayamos comercializado comida con sabor a ratón, como han sugerido algunos amantes de los gatos.

Sin duda, a pesar de su independencia y aparente inadaptación a los deseos humanos, el gato nos resulta de gran utilidad. En Inglaterra, al menos en décadas pasadas, los gatos trabajaban en las oficinas del gobierno, en los puertos, barracones y almacenes... El Midland Railway británico, por ejemplo, contaba con ocho gatos entre sus empleados. También la Oficina Nacional de Imprenta en Francia empleaba gran número de gatos para proteger el papel de los roedores. Lo mismo sucedía en las oficinas de correos de los Estados Unidos. Y no digamos nada de las panaderías y almacenes de harinas. A los ratones les encanta desbaratar los montículos almacenados, de modo que en muchos lugares como los citados se cuenta con gatos para aniquilarlos e incluso se les amaestra para que no caminen sobre los montículos.

Sin duda, los dueños de carnicerías, tiendas de ultramarinos, papelerías, pescaderías, bodegas, fruterías y restaurantes nunca tendrán mejores aliados para mantener a raya a los dañinos roedores que los gatos. Sin embargo, también pueden ser útiles para otros menesteres.

Durante la primera Guerra Mundial, el gobierno británico «reclutó» a 500.000 gatos. Unos pocos fueron enviados al mar para hacer pruebas en los submarinos y el resto fue a parar a las trincheras. Antes de que ningún soldado se diera cuenta, los gatos avisaban de nubes de gas que estaban próximas y así salvaron muchas vidas. También mantenían limpias las trincheras de roedores, además de servir como animales de compañía a los jóvenes soldados.

La tendencia a emplear gatos como caza ratones no ha desaparecido, pero debería propagarse más y ser tenida en cuenta por las autoridades medioambientales.

Una noticia publicada el 13 de junio de 2008 en el Diario de Los Andes muestra que el empleo de gatos para acabar con las plagas de ratones en las ciudades puede ser una opción preferible a la desratización. Así dice el titular de la citada noticia: «Proponen poblar de gatos las calles para controlar a las ratas». La idea fue avanzada por el veterinario Sergio de la Torre en una carta enviada a la municipalidad donde explicaba que con su sola presencia los felinos ahuyentan a los ratones y con ellos puede evitarse el empleo de plaguicidas potencialmente peligrosos para la salud humana y muy contaminantes para el medio ambiente. De la Torre explicaba en su carta que «el olor de los gatos produce canibalismo de las crías recién nacidas y baja fertilidad en las ratas».

Sin duda, dada la innumerable cantidad de raticidas y plaguicidas venenosos con efectos secundarios que inundan el mercado del siglo XXI, la idea del control biológico mediante gatos para frenar las poblaciones de roedores en las ciudades no sólo no debería desestimarse, sino ser adoptada en aquellos lugares donde se precise. En la localidad costera de Gtexo (Bilbao), por ejemplo, los gatos del puerto están protegidos por el Ayuntamiento y, además de comer pescado, ¿quién duda de que también se dediquen a cazar ratones cuando se les presenta la ocasión?

ENEMISTAD ETERNA
Y es que el gato, como animal carnívoro que es, necesita proteína animal para su sustento. Siglos de domesticación no han conseguido cambiar sus hábitos alimenticios.

Sin duda, los ratones no son su único alimento favorito, también lo son pájaros y peces), pero lo cierto es que, a ojos de los humanos, los gatos la tienen especialmente tomada con los ratones y esto no sucede sólo en Occidente.


Entre los chinos, por ejemplo, hay varias leyendas que ilustran por qué el gato no figura entre los animales del zodiaco chino. La culpa, naturalmente, sólo puede achacarse a los ratones. Así se cuenta que cuando el Emperador de Jade, soberano del Cielo y la Tierra, decidió visitar la Tierra se admiró ante las curiosas criaturas que la poblaban y decidió tomar doce para llevarse consigo al Cielo. Los animales elegidos fueron un ratón, un gato, un toro, un tigre, un conejo, un dragón, una serpiente, un caballo, una cabra, un mono, una gallina y un perro. El gato pidió al topo que le avisara del día en que el Emperador iría a buscarlos, pero el ratón, celoso de la belleza del gato, engañó al topo y este no pudo informar a tiempo al gato, de modo que no se hallaba presente cuando llegó el Emperador y fue prontamente sustituido por el cerdo. Fascinado por estos animales, el Emperador atribuyó a cada uno de ellos un año del calendario y cuando el gato se enteró de lo sucedido se enfadó para siempre con el ratón. La leyenda pretende explicar el origen de la eterna enemistad entre gatos y ratones. ¿Supone esto que el gato sea innecesariamente cruel con el ratón según han sugerido algunos autores? Aunque no sea frecuente, ocasionalmente eso puede darse ya que a muchos gatos, incluso domesticados, les encanta cazar por instinto aunque no necesiten hacerlo para comer. La manera en que liquidan a sus víctimas suele ser inevitablemente cruenta y, sobre todo, segura como dice el estribillo del juego infantil: «Ratón que te pilla el gato, ratón que te va a pillar; si no te pilla esta noche, mañana te pillará».

REFRANES DE GATOS Y RATONES
En todos los idiomas abundan los proverbios sobre gatos y ratones. El español no es excepción. Estos refranes se valen de la enemistad entre ambas especies para hacer referencia de forma figurada a las relaciones humanas, así como a virtudes y pecados como la pereza, la presteza o la hipocresía. Veamos algunos de ellos: «Hijo de gata, ratones mata», «mucho sabe el ratón, pero más el gato», «jamás en el mismo plato comen el ratón y el gato», «ratón de campo no lo caza el gato», «ratón que no tiene más que un agujero, pronto lo caza el gato», «gato maullador, nunca buen cazador», «cuando el gato está ausente, los ratones se divierten», «gato con guantes no caza ratones», «gato dormilón no caza ratón», «el gato y el ratón nunca son de la misma opinión». Muchos de estos refranes tienen equivalente en otros idiomas.

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