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Un cachorro en casa

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:16h
Un cachorro en casa
Texto: José Enrique Zaldívar Laguía (Clinica Veterinaria Colores)

Una buena edad para introducir un gatito en vuestro hogar será cuando este haya cumplido los
40-45 días de vida.
Con esta edad deberá estar en disposición de ingerir alimentos sólidos. Estos consistirán en dietas húmedas (latas) y un buen pienso de gatitos, que en un principio podéis humedecer con agua templada o leche. Vuestro gato puede tomar leche siempre y cuando no le produzca diarrea. Más tarde deberéis prescindir de hidratar el pienso. Una vez al día suministrarle una pequeña cantidad de alimento enlatado o de pescado.

Su paladar os lo agradecerá. Se trata de animales muy caprichosos con los sabores, así que lo ideal es acostumbrarle desde muy pequeño a la mayor cantidad posible de ellos. Lo podéis conseguir variando la marca de pienso, de lata, del tipo del pescado o incluso de carne. Durante los primeros días es recomendable mantener la misma comida que le daba el criador-vendedor o propietario de la madre.

El cambio posterior, supervisado por vuestro veterinario, deberá ser paulatino, ya que los gatos se adaptan mal a los cambios bruscos.

Llenar por la mañana su comedero, ya que el gato ingiere pequeñas cantidades de alimento a lo largo del día. Olvidaros de que coma a unas determinadas horas. El comedero debe encontrarse alejado de la bandeja donde realizará sus necesidades fisiológicas. Creo que en una cocina se pueden habilitar ambas zonas dejando entre una y otra cuatro o cinco metros de distancia.

La primera visita al veterinario no debe demorarse más de dos o tres días, salvo que el gato manifieste algún síntoma extraño (vómitos, diarrea, tos, picor, decaimiento, falta de pelo en alguna zona, costras, estornudos frecuentes, mal olor en las heces…), en cuyo caso debéis visitarnos lo antes posible. No es extraño que un gato recogido de la calle, de un albergue o de algún lugar en donde se hacinen muchos gatos, presente ácaros en los oídos u hongos en su piel que necesitan un tratamiento precoz. Si notáis que se rasca los oídos o le veis alguna calvita en su pelo, llevarle a la clínica. Estos «problemillas» tienen fácil remedio pero no interesa demorarse demasiado en ponerles el tratamiento adecuado. Ya en el veterinario, procederemos a un examen físico exhaustivo y pondremos en marcha un programa de desparasitaciones y vacunaciones. Atenderemos además todas las dudas que tengáis, en especial si éste es el primer gato que entra en vuestro hogar.

Su lugar de descanso debe ser ubicado en un sitio tranquilo, calentito, blando y preferiblemente en alto. Lo cierto es que, con el tiempo, será él quien decida el lugar que más le gusta. Si ha elegido un espacio que os incomoda debéis hacérselo entender lo antes posible. Un lugar habitual serán los armarios, especialmente si es algo tímido o si en vuestro domicilio se da con frecuencia lo que yo llamo «tráfico excesivo de personas». Os recomiendo que no le dejéis acceder a ellos. Conozco casos de familias desesperadas que buscaron a su gato durante tres días y resultó que se había quedado encerrado en el armario.

Los sofás y las camas serán sus sitios predilectos, y vosotros debéis decidir si le consentís dormir sobre ellos o no. Un grito, un ruido fuerte o un leve «chorrito» de agua serán suficientes para hacerles desistir, aunque os aviso que tendréis que ser bastante repetitivos.

La bandeja de eliminación debe ser lo suficientemente grande para permitirle darse la vuelta en su interior. Existen varios tipos. Las que más me gustan son las tapadas, con las que se evita que el gato al ocultar sus excrementos os llene la cocina del sustrato que hayáis elegido. Son muy útiles y casi todos los gatos las aceptan con agrado. Tan sólo en caso de tener la mala suerte de poseer un gato asmático deberéis prescindir de ellas. Actualmente se están imponiendo la bentonita y el gel de sílice como sustratos, al ser más higiénicos y facilitar la limpieza. El problema es que son más caros que la sepiolita.

El gato es una animal muy limpio con respecto a su higiene personal, así que si un día vierais que ha defecado fuera de ella, supondrá que su wc no está todo lo limpio que él desea. Cuando lo limpiéis observad que ha orinado y ha defecado.
¡Cuidado con las bandejas limpias de orina! Vuestro gato estará padeciendo una patología relativamente frecuente que conocemos como «fluttd», y que suele producirse por una inflamación o una obstrucción del tracto urinario inferior que imposibilita la eliminación de la orina presente en la vejiga. Cuando padecen este problema suelen avisar, encontraréis gotitas de orina en lugares inusuales o le veréis ir y venir a
la bandeja con excesiva frecuencia. Los gatos pasan la tercera parte de su tiempo lavándose. Tienen para ello una lengua muy áspera y una extraordinaria flexibilidad que les permite llegar con ella a toda su superficie corporal.

Cuando el gato alcance la pubertad comenzará a dar la «lata» con el celo. Las hembras suelen manifestarlo antes que los machos. En las primeras aparecerá entre los 6 y los 10 meses, según la estación del año en que nos encontremos, ya que esta manifestación de deseo sexual está muy influida por el foto periodo — horas de luz—. El celo es más frecuente en otoño y en invierno —días más cortos—.

La raza más precoz en este aspecto es la siamesa, y la más tardía, la persa. El macho presentará su primer celo con 9-12 meses, manifestándolo de manera «perpetua ». Podéis pensar que las gatas tienen el celo cada cierto tiempo, pero lo cierto es que hay muchas que, un mes sí y otro también, manifiestan su deseo de encontrar un chico guapo que las consuele. Esto es debido a la formación de quistes en sus
ovarios, ya que la gata sólo ovulará si es copulada por un gato. El macho os demostrará su celo orinando donde le venga en gana y su orina estará impregnada de un fuerte olor. Es lo que llamamos marcaje.

La hembra maullará hasta quedarse afónica sin importarle vuestro sueño o el del vecino, adoptará posturas similares a las que utiliza para atraer al macho y se frotará contra vuestras piernas constantemente.

Algunas orinarán sobre objetos impregnados del olor de sus dueños. En estos periodos ingieren menos cantidad de alimento y las voces masculinas les atraerán especialmente.

Los gatos deben ser castrados. La técnica quirúrgica es sencilla. En nuestra clínica utilizamos una tranquilización profunda a la que añadimos anestesia local. El resultado es excelente y os entregaremos a vuestro gato igual de animoso que cuando le dejasteis. A partir de este momento realizaremos un cambio de alimentación, ya que tendrá una ligera propensión a comer más y, en consecuencia, a ganar peso.

Olvidaros de la falacia de que tras la castración el gato pierde capacidad y ganas de jugar.
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