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¿Tienen derechos los animales?

¿Tienen derechos los animales?

Texto: Susana Alfageme y Elena Cuervo (abogadas) www.cuervoalfageme.com

Parece una pregunta sencilla, sin embargo esconde tras ella una gran discusión filosófica que ha vuelto a ponerse de actualidad tras la intervención del diputado por UPyD en el Congreso en el debate sobre la declaración de los toros como bien de interés cultural. ¿Se puede decir tan categóricamente que los animales no tienen derechos? ¿Que no tienen siquiera el derecho a la vida? ¿Que depende única y exclusivamente del hombre el hecho de dotarles de un mínimo nivel de respeto y bienestar?
Estamos ante un tema complejo porque afecta a múltiples aspectos y, aunque se ha debatido desde hace siglos, hoy la respuesta es aún más complicada si tomamos en consideración la proliferación de normas que tienen a otorgar un alto nivel de protección a los animales.

EL PUNTO DE VISTA LEGISLATIVO E INTERNACIONAL
La ONU y la UNESCO aprobaron en el año 1978 la Declaración Universal de los Derechos de los Animales. Son catorce artículos que comienzan con esta frase: “considerando que todo animal posee derechos…”. A partir de esta afirmación general se van desgranando diferentes derechos que van desde el derecho a la vida hasta las limitaciones que se imponen a los animales de trabajo pasando por temas relacionados con la experimentación, el abandono, el maltrato…
Pero no es esta la única norma que regula en el ámbito internacional los derechos de los animales. Existen convenios internacionales y normas comunitarias que se preocupan de la protección de la naturaleza y del medio ambiente, de los niveles mínimos de bienestar de los animales de granja, de los que se utilizan en laboratorios, de la protección de los animales de compañía…
Al margen de estas normas existen muchos países con leyes relacionadas, desde los más diversos puntos de vista, con la protección de animales domésticos, salvajes, especies protegidas, de granja y explotación…

EL PUNTO DE VISTA DE NUESTRA LEGISLACIÓN
Si nos situamos en España, además de resultarnos de aplicación algunas de esas normas internacionales de las que formamos parte y desde luego las comunitarias, también existe normativa que se preocupa de los animales y a la que hemos hecho referencia en numerosas ocasiones. Desde el código penal hasta las leyes de protección de animales domésticos de las comunidades autónomas y ordenanzas municipales, en el mismo sentido el abanico de derechos con que cuentan los animales es bastante amplio, aunque ciertamente mejorable.

Pero, ¿cómo se define a los animales en nuestro derecho? En principio nuestro código civil los califica como bienes semovientes, es decir, como cosas. Sin embargo, desde la redacción de nuestro código hemos avanzado mucho, y en muchos aspectos con lo que estudiando otras muchas normas, tal vez pudiera ponerse ya en duda una afirmación tan categórica. Algunas de nuestras leyes autonómicas de protección, como por ejemplo la catalana, toman ya en consideración el dato de que los animales son seres sensibles, y así lo dicen expresamente, y en otros casos se deduce claramente del propio contenido de la norma. Si nos fijamos en nuestro código penal, cuando castiga como delito o falta el maltrato hacia los animales el bien jurídico protegido son directamente los animales.

Además, al margen de lo previsto en las normas, la propia sociedad avanza en el sentido de dar cada vez mayor valor al trato adecuado hacia los animales y a la consecución del bienestar de estos. En relación con el caso concreto de los animales domésticos, un ejemplo sencillo de esta evolución es su consideración cada vez en más supuestos en los casos de divorcio o ruptura de la pareja propietaria.

DESDE UN PUNTO DE VISTA GENERAL
Si nos fijamos tan sólo en las normas que acabamos de mencionar, parece que la respuesta a nuestra pregunta es positiva. Sí tienen derechos los animales, aunque sea partiendo de esa declaración universal de la ONU. Pero además hay múltiples normas en las que se les reconocen múltiples derechos a todo tipo de animales y, especialmente, a los domésticos.

No obstante, la cuestión es mucho más profunda que el mero análisis de las normas que intentan dar protección al mundo animal. Muchos filósofos y estudiosos de la materia afirman justamente lo contrario: que los animales no tienen derechos. Con esto no están diciendo que no deban existir y aplicarse esas leyes de protección, sino que las entienden de otro modo muy distinto.

Si partimos de la base de las diferencias existentes entre seres humanos y animales, es obvio que nosotros contamos con una capacidad de razonamiento y argumentación con la que no cuentan ellos. Esa capacidad es la que nos hace comprender el propio término “derechos” y la que crea leyes que los protejan. Desde este punto de vista, si los animales cuentan con derechos es porque nosotros les dotamos de ellos a través de nuestras leyes, no porque sea un elemento innato en ellos. En definitiva, siguiendo esta tesis, les podemos dar protección y velar por su bienestar, somos responsables de ello, pero los animales no tienen, como tales, derecho a exigírnoslo.

CONCLUSIÓN
Discusiones y polémicas aparte, la conclusión y la respuesta pueden ser mucho más fáciles desde nuestro punto de vista y puede encontrarse en un punto intermedio. Si bien es cierto que se nos presupone mayor racionalidad, también nos corresponde velar por el bienestar del resto de seres con quien compartimos nuestro planeta, seres que son sensibles, dato que conocemos todos aquéllos que en algún momento hemos compartido nuestra vida con un animal.

Procurar su bienestar y recogerlo en leyes es un deber por nuestra parte, y respetar esas leyes, obviamente, también. El hecho de que se nos presuponga mayor racionalidad no implica necesariamente que siempre la empleemos adecuadamente.


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