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Un recuerdo para siempre: cementerios de animales

Un recuerdo para siempre: cementerios de animales

Texto: Susana Alfageme y Elena Cuervo (abogadas)

Los psicólogos dicen que los sentimientos ante la muerte de un animal doméstico son muy similares a los que se aprecian cuando fallece un ser querido. Somos especialmente sensibles cuando se trata de la pérdida de un animal porque este permanece muchos años a nuestro lado, es un ser que nos hace compañía en todos los momentos de nuestra vida, con el que compartimos instantes que consideramos positivos como juegos, salidas…, que nos ofrece su cariño de forma libre y totalmente desinteresada y, sobre todo, quien nos acompaña siempre sin juzgarnos nunca.

Por todos estos motivos es normal que el propietario se vea sumido en un proceso de duelo que puede durar varios meses de forma similar a lo que ocurre cuando desaparece un familiar o un amigo. Sin embargo, hay una diferencia en el caso de los animales que puede generar una sensación de tristeza diferente en el momento de la muerte. Cuando muere una persona hacemos una despedida formal y pública, realizamos determinados actos sociales y religiosos que marcan el final y que sirven para sentirse arropado por las personas que conocieron y quisieron al fallecido pero, sobre todo, nos sirven mentalmente para dar unos pasos determinados, es decir, sabemos qué debemos hacer en los primeros instantes tras la pérdida. Cuando muere un animal surge la gran incógnita. ¿Cómo enfrentamos su final? ¿Qué podemos hacer?

En primer lugar, es posible que nos hayamos tenido que enfrentar a la decisión de ponerle fin a una situación de sufrimiento o enfermedad. Son muchos los casos en los que la muerte del animal se produce tras la aplicación de la eutanasia cuando ya no hay otras opciones. En este caso, desde el punto legislativo, las normas son claras: bajo supervisión y consejo veterinario siempre.

Una vez tomada esta decisión o cuando la muerte sobreviene de forma natural, hay que decidir qué hacer a continuación. Las opciones también están afectadas por normas legales. Las ordenanzas municipales suelen prohibir las incineraciones y las inhumaciones en terrenos públicos pero alguna incluso lo prohíbe en terrenos privados. Si nuestra idea es enterrar a nuestro animal en algún sitio, antes que nada tenemos que revisar la normativa al respecto. En cualquier caso, no resulta aconsejable por diversos motivos entre los que se encuentran los medioambientales.

Si el animal fallece en una clínica veterinaria, el propio veterinario puede encargarse de gestionar el asunto. El cadáver será recogido por los servicios municipales y se realizará una incineración común. Este mismo servicio municipal funciona con recogida en el propio domicilio, en algunas ciudades previo pago de una tasa.

Aunque estas son soluciones prácticas, pueden no ser soluciones que satisfagan a un propietario que ha tenido una relación especial con su animal doméstico. Hay casos en los que se busca darles un reconocimiento o buscar la fórmula de mantener su recuerdo para siempre, de igual modo a cómo lo hacemos con un ser querido.

En estos supuestos, hay que acudir a empresas privadas que ofrecen diversos servicios al respecto en muchas de nuestras ciudades. A través de estas empresas podemos contratar la incineración privada, que las cenizas se traten de una manera determinada, que nos las devuelvan en una urna o que se proceda a su colocación en uno de los llamados cementerios de animales. En este punto, las ofertas son varias dependiendo de la empresa. Entre esas ofertas se encuentra la de dejar los restos o cenizas de nuestro animal en una tumba común o contratar una tumba individual. Estas últimas suponen un mayor coste económico y se renueven cada cierto tiempo, normalmente de forma anual. Incluso algunas de ellas cuentan con un servicio de tanatorio para que pueda darse de una manera mucho más completa el último adiós al animal.

Aunque resulte difícil pensar en estas cuestiones cuando el animal aún vive, es importante, si consideramos esta posibilidad para nuestra mascota, tener analizadas las empresas que ofertan estas opciones, por qué posibilidad nos decantamos y conocer cómo funciona y cuánto es el presupuesto aproximado de lo que deseamos hacer. De esta forma en el momento en el que ocurra el hecho de la muerte resulta más fácil su localización y contratación.

También existen ahora los denominados «cementerios virtuales». Son páginas web en las que, con diferente formato, se puede dar de alta una especie de recordatorio de mascotas fallecidas, con la posibilidad de escribir un epitafio, subir fotos e incluso algunas más desarrolladas cuentan con capilla virtual. Estas páginas sirven como recordatorios pero no se ocupan del cuerpo del animal. Algunas son gratuitas y otras de pago.

Por último, hay que tener en cuenta que muchas compañías de seguros ofertan en la actualidad la contratación de seguros para animales domésticos que incluyen diversas coberturas y, entre ellas, algunos añaden los trámites relacionados con la muerte del animal. Si ya tenemos contratado un seguro en materia de animales es interesante revisar la póliza para comprobar si tenemos ese aspecto incluido o, en caso de no tenerlo e interesarnos incluirlo, comentarlo con la compañía para ver a cuánto asciende el coste de añadirlo. También es importante conocer bien qué incluye y cómo funciona para dar los pasos adecuados tras la muerte del animal.

Dejar pensadas y previstas todas estas cuestiones, no alivia el sufrimiento de la pérdida pero al menos suaviza el dolor de tener que enfrentarse a los trámites que necesariamente hay que seguir.

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