Obtener un leopardo doméstico trajo como resultado el Bengalí

El Bengalí en su estado original era un gato muy tímido que vivía en cuevas, bajo las raíces de algunos árboles o encima de ellos y siempre en lugares cercanos al agua.

El Bengalí tiene la apariencia de un leopardo en miniatura. Es un gato de tamaño mediano a grande, de cuerpo largo, fuerte, equilibrado, musculoso y robusto.

Los machos son bastante grandes; pueden crecer mucho más que las hembras. La cabeza es pequeña en relación al resto del cuerpo; el cuello es largo, fuerte y bien silueteado. La cola es larga y puntiaguda y posee unas patas traseras, de una fuerza especial, ligeramente más altas que las delanteras. Es un gato de hocico alargado, orejas triangulares ligeramente redondeadas y enormes ojos almendrados de color amarillo verdoso. Una de las características principales de esta raza es el pelaje, con grandes manchas que recuerdan a los felinos salvajes. Su pelo es corto, grueso y suave, pero a la vez muy delicado.

El color de base puede variar entre marfil, crema, amarillo, dorado y naranja al igual que el color de sus manchas que puede ser negro, chocolate o canela.

Hay una versión «nieve» con un color de base más claro.

Lo que más destaca de su carácter es su hiperactividad y su gran curiosidad, así como sus irrefrenables ganas de jugar y su gran sociabilidad. Forman grandes lazos de amistad y fidelidad con sus dueños y adoran saltar y trepar lo más alto posible. Gozan de la compañía de adultos y niños y, generalmente, se adaptan a otros animales.

Foto: François Nicaise.
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