Parásitos externos e internos

A través del artículo, vamos a hacer un repaso de los parásitos externos e internos que pueden afectarles y las complicaciones, enfermedades y tratamientos que se derivarán de su presencia, sin olvidarnos de su prevención.

Entre los parásitos externos, el “bicho” que con más frecuencia nos podemos encontrar en nuestros gatos es, sin duda, la pulga. Digamos ante todo que muchas veces tan sólo podemos sospechar su presencia ya que el gato, como buen cazador, también lo es de las pulgas que le molestan. El acicalamiento que tienen por costumbre impide que, en muchas ocasiones, seamos capaces de localizarlas sobre su piel. Sabemos que las infestaciones por pulgas en el gato son bastante frecuentes. La pulga que más problemas origina es, sin lugar a dudas, la que suele parasitar a esta especie y que se conoce por el nombre de Ctenocephalides felis felis. Suponen nada más y nada menos que entre el 92 y el 99 por cien de las pulgas encontradas en el gato y en el perro. Debéis saber que la pulga representará un verdadero quebradero de cabeza una vez que entra en vuestros hogares. La razón es sencilla: no solamente vamos a tener que luchar contra las pulgas adultas que curiosamente representan tan sólo el uno por cien, sino contra sus huevos (57 por 100), sus larvas (34 por 100) y sus pupas (8 por 100). ¿Os imagináis un hogar con un gato con pulgas?

También suelen ser varios los parásitos internos que pueden afectar a nuestros gatos. Además del Dipylidium caninum, del que he escrito en el apartado sobre las pulgas, me referiré al Toxascaris leonina, al Toxacara cati, a los Ancylostomas y a las Dirofilarias.

Foto Alberto Nevado – El Mundo del Gato

El parasitismo es bastante común en los gatos y, dependiendo del parásito, puede presentarse con independencia de la edad, raza o sexo. Si bien los animales que viven en el exterior tienen mayor probabilidad de ser parasitados que los caseros, éstos pueden ser expuestos a ciertos parásitos por huéspedes intermedios como roedores, moscas y cucarachas. La mayoría de estos parásitos suelen desencadenar vómitos y diarreas. Una gran parasitación puede acabar con la vida del gato ya que son capaces de provocar gastroenteritis hemorrágicas e, incluso, obstrucción intestinal. Podemos decir que el Toxascaris leonina y el Toxacara cati son los parásitos que con más frecuencia nos podemos encontrar en los gatos, especialmente en cachorros y ejemplares jóvenes. Se trata de parásitos redondos que tienen ciclos diferentes según se trate del leonina o del cati. El cati, tras la ingestión de sus larvas o de sus huevos, pasa del estómago al intestino desde donde se dirige, a través de la sangre, al hígado. De allí pasa a los pulmones, luego a los bronquios y a la traquea para llegar a la laringe y ser deglutido de nuevo, volviendo al estómago y de ahí al intestino delgado, donde se produce su maduración.

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